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Liria me miró con cara cómplice y sabia, y noté que ella sí sabía quién era la Oyente del Bosque, como si llevara siglos escuchando secretos de las hojas y del murmullo del arroyo del Norte. Sus ojos brillaban con la paciencia de quien sabe que algunas respuestas solo llegan cuando uno está listo para verlas. verlas.

- Mira, Rubí, igual la muerte no es un sitio al que se llega, sino un cambio de claro en el bosque.

A veces dejamos un sendero cerrado y otro entreabierto, y la cultura decide cuál llamamos FINAL. Pero la naturaleza, ya lo ves, no entiende de finales, solo de transformaciones.

- Rubí, no le tengas miedo, pero tampoco le entregues el mando a nadie.

Plántale cara al destino cuando haga falta y no dejes que nadie te gire el timón sin tu permiso. Decir que no también es avanzar: a veces se gana, a veces se pierde, pero ayer es pasado, mañana es un misterio, y hoy es un regalo.
 
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Mire a Liria y guarde silencio, cuando tengo esta actitud es que no estoy de bromas y ella tampoco, así que es ese término medio en el que sé que tenía razón desde el principio.

Me quedé pensativa mirándola con mi dedo anular e índice sujetándome y masajeándome el labio inferior, pensativa...También sentí al sabio arroyo del Norte carraspear suavemente; es señal de que quiere meterse en la conversación sin pedir turno.

Le dije: ahógate un poquito y no respires. No me apetecía escucharle en ese momento;; que por favor quería hablar a solas con Liria, que se fuera a buscar a la Oyente del Bosque, que empezaba a atardecer y las temperaturas bajarían. No sé la Oyente del Bosque qué estación climatológica la puede afectar a su sensibilidad de espectro, y eso que más que nada por prevenir heladas.

¡Liriaaaa!, vamos a tomar un chocolate con churros y vente frente a la hoguera, que el invierno sigue manteniendo el bosque en pause.

Y le conté leyendas que a mi me contaron y ella no sabía, porque tardé tiempo en descubrirla dentro de mi cabeza:

Aquí en el bosque antes que nosotras, vinieron otros pueblos, cristianos y moros, sobre todo en la época Al-Ándalus,, este valle y su río Kas, no lo levantó el hombre, lo cavó el tiempo.

Esos pueblos solo llegaron después de vivir aquí y lo fueron llamando como a cada uno le iba venía bien.

Mira allá, Liria. Ves aquella zona alta, pues esa es Vallecas de Suso y la de aquí abajo donde estamos nosotras es Vallecas de Yuso.

Pues del Valle de Suso, en ocasiones bajaba a cantar flamenco a la zona de Yuso, y entre canción y canción, nos contaba que en el pueblo gitano, no se produce la muerte cuando el cerebro se apaga; es decir que ellos no creen que todo lo que vive aquí arriba en nuestra pedazo cabeza, y al cesar la razón, cesara la persona.

Claro, por eso decías que el final de la muerte, depende de la cultura. En Occidente llega el final con la muerte cerebral, pero hay culturas que se mira a sí misma como pensamiento antes que como cuerpo.

Pero jolines, se me va la mente... pensando en las donaciones de órganos, en la inseminación artificial o natural. Un trasplante de corazón, es un músculo que está vivo, a pesar que se haya frito por completo su cerebro y puede vivir en otro cuerpo; o bien cuando estás asistido por máquinas para sustituir en momentos puntuales a tu corazón, a tus pulmones... Unos gametos que son separados y se incorporan a otro ser vivo y sin embargo seguirán viviendo tras la muerte del primero.

¿Entonces, dónde radica el final ?.
 
Antiguo 14-Dec-2025  
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Liria dejó su churro sobre el plato de arco iris, sacó pequeñita lengua y se lamió los labios. ¡Riquísimo, Rubí!.No habrá nadie que me cuide como tú.

AAAyyy, me has recordado un pasaje de sepia y es cuando yo le decía yo a mi madre Queen of Hearts: ¿Cuánto me quieres, mother ?, y ella me decía: "Nunca sabrás como y cuánto te quiero hasta que tú no seas madre". Jopetas que me sube un repelús por las patillas y los brazos que no veas.

Qué grande, qué grande la Corona Corazones. Ufff subidón, tengo. Entre esto y el villancico de Navidad, versión Heavy Metal que estoy escuchando, puedo ir a escalar el monte Everest.

Vale, Liria. Que era solo un matiz, engaaa sigue qué me querías decir.

Liria revoloteo por encima de la hoguera, sin quemarse, solo lo hacía por calentarse un poco las nalgas, que dice que las tenía algo frías y dirigió su vuelo al alféizar y después de veinte segundos mágicos en silencio, me hace así con el dedo índice y con mirada pícara, pish, pish, pish, ven, fíjate bien por el cristal en aquel Viejo Haya, que parece que te quiere responder….

Yo miré atentamente y vi que su copa estaba inmóvil, pero bajo tierra las raíces seguerían activas, comunicándose, intercambiando nutrientes, preparando la primavera.

¿Estaba muerto el árbol porque había perdido su follaje ?, ¿o solo había cambiado de órgano visible ?.

Empecé a entender más a la Madre Tierra y pensé en esos otros claros del bosque, y pensé que el latido se mide de otra manera; en otras culturas: unas miran al corazón, como si la vida residiera en el pulso; otras como en Japón, bajan la mirada al vientre, donde se cuece el coraje y el alma. Aquí, en cambio, el Tejón Gris duerme todo el invierno con el estómago vacío y nadie diría que ha dejado de ser él

Igual ocurre cuando un árbol en época otoñal, o por fuertes vientos, lluvias, tempestades, cae; el bosque no lo declara FIN. Ese tronco sigue vivo para los sombrerillos y otros como las Hormilunas, Tunelescas, Ciempi…

Sus partes se reparten sin que nadie hable de convertir en sobra nada de nada. Simplemente, se convierte en madera que abriga, savia que alimenta, huecos que dan cobijo. Digamos que el árbol ya no es árbol con las raíces bien plantás en el suelo, pero sigue siendo bosque.

Y así entendí que eso que llamamos "muerte oficial" se parece mucho a cuando decidimos, por calendario, que ha empezado el invierno. Hay órganos que se detienen, otros que continúan, otros que pasan a otro ciclo.

La vida no se va de golpe; se redistribuye.

El arroyo seguía corriendo, aunque no fuera el mismo agua.

Y pensé que quizá no somos tan distintos: cuando una parte se apaga, otras siguen, y lo que queda ya no se nombra persona, sino herencia, semilla, calor para otros. No porque deje de importar, sino porque ha cambiado de forma.

Liria levantó la vista y asintió despacio.

En el bosque, nadie es solo una cosa. Nadie muere del todo. Solo aprende a existir de otra manera.
 
Antiguo 15-Dec-2025  
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¿Aún estás así, Liria ?. Date un manotazo de agua fresquita en la cara, te quitas las legañas y bate las alas para entrar en calor..

Yo mientras me voy a tomar mi café con leche, bien largo de café de las plantas de mi yaya, La Reina de Corazones. Cada sorbo es una fantasía nueva, chiqui.

Mientras te voy contando la historia completa de ayer por la zona de Vallecas del Yuso, ¿vale?. Uff, aún me tiemblan los jarretes de las piernas del susto, jolines.

Bien, pues entré por la Atalaya de Bronce, ¿esa mole de roca de musgo verde oscuro que parece barba de viejo , como dirían los mexicanos?; pues según narra la fábula más mágica resulta que al morir el rey Uther sin un heredero claro, el mago Merlín clavó mágica y misteriosamente su espada en esta roca y la inscripción dorada que aparece si bordeas la mole de piedra dice:

"quien saque esta espada será el verdadero rey de Inglaterra".


Muchos de los nobles con cuerpos de armarios empotrados y con la testosterona hasta las cejas, tiraron con toda su fuerza, pero me cachis en la mar serena, ni un milímetro se movió. Lo que no sabían ellos es que por mucho postureo de levanta y corta troncos, la espada no se movería para nadie que no fuera el destinado.

Así que un día un muchacho llamado Arturo, escudero de su hermano Kay, la vio, agarro la espada por la empuñadura y "Raaaaa-caa-caa-ca", la extrajo sin apenas esfuerzo, como quien chora una uvita de la parra del árbol.

Todos fliparon, claro aquella era la señal del destino, porque solo el corazón puro y legítimo podría liberarla.

Buach, hadita mía, la espada era preciosa, con una hoja que brillaba como cincuenta y pocos más o menos antorchas, empuñadura dorada rica, rica, rica, símbolo de poder justo; muchos la llamaban Excalibur, aunque en esta versión que cuento es la de la piedra de la Atalaya de Bronce.

Pues eso es lo que cuenta la leyenda, pero esa espada sigue clavada en la roca, y yo me subí a ella, rozando la empuñadura fría (solo un toquecito, que la Oyente me vigilaba), y bajé por las galerías subterráneas secretas de tuberías oxidadas, oscuras y húmedas como las venas ramificadas y profundas del bosque.

Y ahí, en lo más profundo, ¿ a que no sabes con quién me encontré?. Mme salió al paso la inspectora Bzz, esa insecto grandote con antenas largas y ojos que brillan como linternas.

Empezó a revolotear tácticamente, acercándose demasiado, blí, blííiíi, blíii sin parar, poniéndome el flash en toda la cara como en un interrogatorio policial. Yo sin abogado, como la cigarra en la fábula de la Hormiga y la Cigarra, que la hormiga la acribilla a preguntas sin piedad.

Y la pregunta que no paraba de zumbármela, sn bajar un milímetro el haz de luz de su lintera era: bliiiií, bliiiií, bliiiiiiiiiíiiií:

- Crees que la gente es feliz? Bliiiií bliiiíiiii… ¿La gente es feliz? Bliiiiíii bliiiíi bliiiiíi… ¡Contesta, contesta!.

Yo flipando, Liria, porque sigo sin entender por qué quiere charlar conmigo si ya nos dijimos todo lo que teníamos que decirnos. Porque de ella me fastidia que no me contesta a mis preguntas, y un diálogo es de dos, ya ves cómo no me gusta a mí hablar, ¿eh?. Pues nada oye, que yo la dije que no, que la gente no es feliz constantemente, y que creo que hay muy poca gente feliz, pero que una vez que se maquillan, se ponen la iluminación y salen al escenario parece que todo fluye, hasta que se cierra el telón, la luz se apaga y entre bambalinas empieza la realidad. Total que la dije, que fuera a preguntar a otro diablillo del bosque, que estoy enfadada con ella.

Ya hubo una pausa, y con un solo blí, blí, blí me dijo que entendido. Y es que no te puedes acercar a mí para que cante por soleares todo lo que que opino sobre la felicidad humana.

UUUy, qué voy a ir a echare un poco más café, que aún no he terminado Liria de parlar contigo.
 
Antiguo 15-Dec-2025  
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¡Me olía la tostá total!.

Al final me escapé por un tubo lateral, subí a la superficie bufando, me mojé con la lluvia fina que paró de golpe y porrazo y ¡boooom!, la Oyente del Bosque debió pintar un arcoíris enorme sobre Vallecas de Yuso.

Arrepeché la pendiente y por fin llegué al castillo.

Esa fue toda la aventura, Liria.

Y sí quiero contestarla por este canal del bosque, porque sé que en la noche, las estrellas le entregarán este mensaje, y entenderá mi postura.

Si en el fondo hasta me cae bien; si es lo que tenemos nosotras, Liria: ¿ a quién no le vamos a caer bien, si somos unos soletes?.

Me hubiera gustado entablar conversación con la inspectora Bzz, porque yo no siento que la gente sea tan feliz como profesa a los cuatro benditos vientos.

La felicidad no es una cuestión que se extraiga con fuerza bruta como nobles orgullosos con la espada; la saca el corazón humilde cuanto menos lo espera, como Arturo.

- Luego me sigues contando, Reinita..., quiero estirar las alas y ver al Tejón Gris (tengo algo que decirle...)y a las Tunelescas, cómo comparten alegres sus miguitas de pan

-Oooyeee, Liria, que no he terminado. Cada día te pareces más a la Bzz.

- Yo, sí, Rubí. A la noche te veo..., haz fuego y seguimos frente a la candela.

Byeeee, te quiero un montonazo, Reina Rubí. ¡Tuyita forever! .
 
Antiguo 16-Dec-2025  
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- ¡ Qué zalamera estás hecha!. (dije riéndome)

Como lo prometido es deuda, Liria, llegó puntual a casa, y yo cumplí mi parte: la candela ya prendía suave; le corté yo un poco la entrada de oxigeno, porque también quería que escuchará la conversación; sino empieza a subir la llama con fuerza, con ganas y puede oír pero no ESCUCHA.

Liria se acercó al mueble de raíz de la corteza de la memoria, donde cuelgan cajones llenos de historias que sostiene nuestro hogar y abrió el primer cajón, donde guardamos la cubertería y se dispuso a colocar los platos en la mesa.

- ¿No me ayudas a poner la mesa hoy, Rubí ?. (me dijo a cuchillo afilao)

- Ay Liria, que hoy estoy muy currada (la dije)

- Vaaale, cariño mío (me dijo, Liria). No te preocupes, las siguientes dos cenas sirves tú la cena y yo me los pego tocándome las alas a dos manos.

Yo la observe con esa cara suya apasionada de quien sabe cosas pero no te las quiere soltar de así de pronto, sino que te quiere hacer entrar en el trance a la reflexión

-Rubí…, la Bzz no te pregunta por fastidiar. Preguntaba porque la felicidad no se deja cazar fácilmente.

La escuché atentamente y pensé en lo que me acababa de decir, mientras estiré mis brazos y acerqué mis manos y miré al fuego.

-Ya… es que la gente cree que la felicidad es suerte o risa continua, y no. Es más bien hacer lo que te toca sin traicionarte, disfrutar sin pasarte, aceptar lo que no puedes mover y elegir bien lo que sí (la dije sin añadir más florituras).

A Liria le destellearon las alas y con voz de campanilla me dijo: ¡ muy bien Reina Rubí!.

-Es pensar, es actuar con virtud, es sentir placer sin miedo, es estar en paz con la madre naturaleza, es perderse en lo que amas, y a veces… es cumplir aunque no apetezca.

No es un premio, Rubí, es una manera de caminar.

El fuego lanzó una chispa, que por poco me hace un agujero en mi camisón de seda rojo pasión.

- Sí eso creo yo también, Liria. No se busca. Se practica.

Y la candela, muy sabia ella, siguió ardiendo sin decir nada.
 
Antiguo 17-Dec-2025  
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Liria revoloteó sobre la candela, dando vueltas como quien anda a ver por qué lado entrarme, buscando dónde encajar su magia sin quemarse.

- Bombón, mi Reina Rubí ( susurró entre chispa y humo)

Tú observa a la loba del bosque, verás que ella sabe que si se acerca demasiado al fuego, se achicharra; pero si das un pasito atrás, lo disfrutas.

Aurora la mariquita se partía la caja del pecho de risa, correteando sobre la hoja (crii-crrrí-críií), recordándonos que el placer empacha. Ella puede tragarse el jugo de las hojas más bonitas de la primavera, durante una tarde, pero cuando lleva ya una semana entera consumiendo lo mismo, el paladar se le cansará, aborrecerá el jugo. Eso no es felicidad, Reina.

Fíjate también en el Tejón Gris, aquel día nublado y de lluvia, que dormitaba bajo la tierra y te guiño un ojo a modo de complicidad contigo, Reina, como diciéndote: bienestar nivel underground, nada que ver con el postureo.

La Bzz apareció blí-blí-blí, saltando de rama en rama, preguntando si éramos felices, y Liria le lanzó un pispas a las alas, con tal mal atino, que la hizo aterrizar en el suelo.

Yo regañé a Liria, nunca se había tenido esa actitud con nadie, ella es super pacífica, tranquila, bella, pero no sé que le pasó en aquel momento; según ella quería que se fuera, porque esto iba de nosotras y con nadie más.

Y para finalizar tienes el ejemplo del Cuervo negro; graznó celos y rabia, y se perdió entre la niebla, y ya ves que las voces exteriores no llegan aquí. Estamos en calma.

- Reina Rubí, (me dijo Liria, acercando su cabeza a la mía).

La felicidad no está fuera; se cuece dentro de nosotras, como el té en la olla del bosque.

Me desplacé velozmente al ventanal de cristaleras, corrí el store de tonos champán y bombón y presencie, cómo una de las puertas trasera de La Cuevas Rubí, se abrió y salió una corriente de aire, ascendiendo a la copa de los árboles y dejaron un eco sobre el fondo del firmamento: todo pasa, nada se queda pegado; y la candela, muy sabia ella, siguió ardiendo, iluminando la verdad sin mover ni una llama.

- Aprende a bailar con el chaparrón, morenita, Rubí (remató Liria) y verás que hasta los grillos del bosque, los blí-blí y los cri-cri-crí, tienen ritmo.

Jolines, Liria....(digo mientras me acerco a la candela, girando de medio lado mi cabeza y dejando que el humo me dibuje una corona imaginaria) pues entonces que vengan los chaparrones, los blíiií-blíiiiii y los criiii-criiiíi-críiii… o los Croac, croac de las ranas verdes de las charcas:

¡que yo ya tengo mi propio ritmo y mis botas para bailarlo todo, a ver quién me sigue!.
 
Antiguo 17-Dec-2025  
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Quise dar por terminado el anterior fragmento de la felicidad, y aprovecho ahora para introducir un poco de Lupus, de quien comenté no hace mucho en este mismo manuscrito, lacrado por la Corona Rubí, que quizá hablaría en primavera; y añadí entonces: mmmmm… quién sabe si volverá a enredarse por las paredes de mi casa.

Ayer volví a ver a Lupus. La primera vez intuí que esperaba que yo floreciera deprisa; pero Lupus es planta trepadora: se agarra, sube y enreda, mientras yo soy más de sentarme a mirar el tiempo, café en mano.

Hay almas que tienen prisa por cubrir la pared, y otras que saben que no todo brota a la vez ni por la fuerza.

Lupus había cerrado sus hojas antes de tiempo, temeroso de la intemperie. Aun así, cuando me crucé con él en el pasillo, me detuvo como quien no quiere perder la primavera: decidió los dos besos, sostuvo mi brazo y esperó (con ojos de cielo encapotado) que yo nombrara la tormenta. No lo hice. Hablé del día, del aire, y me fui primero, dejando el silencio en su maceta.

Ayer volvió a verme: yo, sentada y en buena compañía; él, en pie, dudando entre enredarse o quedarse pared. Se sentó cerca, atento como planta trepadora, y al marcharse me dejó un hasta luego seco, de esos que delatan que la savia corre… pero el miedo poda antes.

Le devolví el hasta luego con la misma amabilidad. Sé que, en estas fechas, recordará ese segundo repaso de actitud y de emociones que le pegué. ¿Le dolió ?, a mi también.

El ego
, a veces, crece más rápido que las raíces; yo no funciono así.

Nunca di por cerrado este capítulo. Cayó de golpe, dejó de enredarse a mi alrededor, pero sus raíces siguen bajo tierra.

Tiempo al tiempo. Y si no, café mediante, que Lupus acaba buscando nuevamente pared.
 
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La mañana se va levantando y abriendo un nuevo claro en este mes que me recuerda, las navidades pasadas...las tengo de todos los colores, brillantes, blancas, negras y siniestras. Las iré relatando, quiero empezar por la más especial de mi vida.

Tal día como hoy subí un peldaño más la escalera de la ilusión; sin dejar de pisar firme.

Fue mi primer ascenso laboral, sí, como cuando el agua del arroyo aprende a salvar una piedra sin perder su cauce. Uno de esos objetivos que nadie me pudo arrancar a tirones, sino que se alcanzan por constancia, por haber seguido caminando por la senda de la dirección que entonces creí conveniente y me daba igual a quien encontrarme por mi camino...

Ahora mismo siento a la abuela, Reina de Corazones y a mamá Queen of Heart, arañar el suelo donde poso mis pies; reconozco este movimiento y sé que están conmigo y utilizan a la Madre Tierra para decirme: hiciste lo correcto, no corriste ...

Mi cielo nunca cambio, pero es un mes diciembre /enero en el que aprendí especialmente a respirar distinto, con mis circunstancias y con mis vicisitudes.

Y eso, en el bosque, ya es crecer.

Os adelanto uno de mis días de fiestas navideñas, concretamente, la Noche Buena, de hace poco más de un lustro.

Aquel día caminé hasta la Cueva Blanca, donde la raíz más antigua del bosque reposaba conectada a savias ajenas.

Yo sabía, porque la tierra es muy inteligente y si la escuchas, te avisa. Sabía que el hilo invisible que nos unía estaba ya muy fino; como telaraña al amanecer, tensado por el frío.

Mis hermanos no bajaron al valle del Yeso. Seguramente andaban siguiendo migraciones más alegres: preparando semillas brillantes, adornando ramas, celebrando que el calendario decía fiesta. Cada criatura del bosque elige dónde posar las patas cuando el invierno aprieta.

Yo elegí donde mi corazón y mi conciencia me pedían estar, y no era otro que junto a la raíz madre que aún latía.

Y esa Noche Buena, cené sola, sí, pero bien acompañada por el silencio: el grillo marcando el compás (cri, críií, criiííiií, críiií, la luna asentando mi conciencia, el cava burbujeando como si brindara por lo vivido. Fue una cena serena, conmigo misma, y sin echar de menos a los demás...

Al alba regresé. La raíz seguía allí. Yo también.

Los demás seguían marcando sus visitas como quien va a ver un árbol ya talado, no una savia aún caliente.

En el bosque hay quien cree que solo se celebra donde hay brotes, pero hay quien sabe que acompañar una caída también es un acto de vida.

La Madre Tierra no juzga.

Pero recuerda perfectamente quién no necesitó primavera para quedarse.

Queen of Heart, nunca se mereció esa respuesta. Si la situación cansa....ella nunca se cansó y siempre se desvivió, se partió el pecho, el alma, por sus cachorros. Y si levantara la cabeza de su tumba, nada de lo sucedido lo tendría en cuenta, y UNIRIA, quitando hierro al asunto. Eso solo lo puede hacer una MADRE y yo por ella lo respetaría y por sus ojos y verla feliz, no hay reto que se me pudiera resistir. Pero eso ya no va a ocurrir...
 
Antiguo 18-Dec-2025  
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Unos cuantos inviernos antes y por estas fechas fui entendiendo que hay inviernos que no se anuncian con nieve, sino con revelaciones.

En Nochebuena, anterior a la del fragmento anterior, recuerdo que fue la más oscura de todas.

Aquella en la que el Cuervo Negro ya llevaba tiempo graznando a escondidas y yo, con la mosca detrás de la oreja, me negaba a creer sin pruebas fundamentadas en hechos. Él movía las sombras, yo retrasaba el paso del divorcio: no quería saltar al vacío sin suelo firme.

Pero esa noche, pasada ya la cena, cerca de las once y media, el bosque se quedó en silencio.

Encontré en una de las baldas más altas de la estanteria de madera de roble, mensajes en pergaminos diminutos que dejaba escondidos entre las ramas del roble de nuestro reino, susurrando a otra en secreto. Hoy en día podría ser teléfono móvil paralelo y tarjeta prepago. (entiéndase la ironía…)

El engaño estaba allí, claro como el agua de un manantial helado; sin vuelta atrás, sin disculpas, solo la evidencia de que mi reino había sido invadido.

Y lo que sientes en ese instante, ahí no es solo tristeza: es el suelo cediendo, la sangre enfriándose, la certeza clavándose como una estaca en el corazón, tu mente inundándose, desbordada como el Barranco del Poyo de la DANA, Se rompe algo que ya venía agrietado, pero que una aún sostenía con fe y costumbre.

Aquella Nochebuena lo dictaminó todo.

Fue la más triste de mi vida, emocionalmente hablando. Y lo peor vino después: las fechas señaladas. Una Nochevieja con mis antepasados sentados a la mesa, y yo tragando saliva, haciendo tripas corazón para fingir normalidad, para que nadie notara que el bosque por dentro estaba arrasado.

No sé cómo aguanté.

Pero a veces no sabes cuánto puedes resistir hasta que te ves con la soga al cuello y sigues respirando.

Después de aquella cena ya estaba decidido: el Cuervo debía abandonar el nido, estaba amenazado que el Año Nuevo, no podía permanecer en su castillo. La amenaza era real y él lo sabía.

Se fue marchando a trozos, día tras día, recogiendo sus plumas, dejando huecos.

Y ahí empezó el peor invierno de mi vida.

El día de Reyes….después de dar los regalos que a mi azucena le trajeron a mi castillo, sus Majestades los Reyes Magos, la sin razón se apoderó de mí. Mi azucena, virgen como la Inmaculada, con esa carita tan guapa, recibiendo los regalos en el interior de mi motocarro. Siempre estaré agradecida a la vida, que cuando me inundó totalmente la mente, ella ya no vio nada, disfrutaba de sus regalos. Como todo niñ@ debe hacer y yo no vi…, no pude verlo, y recuerdo una explosión de pólvora en la cara , se me nubló la vista, en el interior del habitáculo solo veía polvo, como la harina blanca de trigo, salí por mi propio pie, respiraba a duras penas…, la Patrulla de Hechiceros apareció rápidamente y con sus potingues, leyendas, y magia de movimientos de la varita me arreglaron...; tocaba recuperarse en la cama de la Cueva Blanca.

Pero eso…este fragmento, merece su propio claro.

Mi cielo tampoco cambio, a pesar de todo y ya el siguiente fragmento, será la Navidad de mi infancia.
 
Antiguo 19-Dec-2025  
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La Navidad en mi infancia era esperada con mucho entusiasmo e ilusión, y me parecían tan largas e interminables hasta que llegaba el día de Reyes…

Yo estudié la EGB, soy de aquella época en la que la tele no era infinita, pero lo que echaban se metía en la cabeza como si tuviera raíces. Recuerdo, por ejemplo, el anuncio de la mantequilla Tulipán: un helicóptero que bajaba al prado con barriles brillantes, como si trajera tesoros, y las vacas se quedaban mirando.

No era que en El Valle del Kas aterrizaran helicópteros todos los días, pero esa imagen se quedó como símbolo de abundancia y fiesta, como si la Navidad fuera ese helicóptero bajando paquetes dorados al barrio, aunque en la realidad las casas fueran de cartón y el oro fuera la sonrisa de casa.

Hacía mucho más frío que ahora, la niebla cubría El Valle como si estuviéramos en Londres, y no faltaba ningún día con lluvia y alguna que otra caída de copos de nieve. Las calles no estaban iluminadas como ahora: solo la calle principal del barrio, Palomeras Altas, lucía sus bombillas formando símbolos navideños y en la entrada de la vía un Feliz Navidad parpadeante que se reflejaba en los charcos, mezclándose con el dorado de los escaparates.

Entre las sombras se adivinaban ventanas decoradas con figuras de espuma en los cristales, iluminadas con pequeños focos de colores que cambiaban de rojo a verde y azul, y algún escaparate con estrellas de papel.

Todo un paisaje mágico que hacía que caminar por las otras calles fuera como internarse en un bosque dormido, iluminado solo por la imaginación.

En cuanto nos daban las vacaciones escolares, ya estábamos los tres hermanos pequeños, incluida yo, decorando primero nuestra habitación. Hacíamos cadenetas de papel de revistas, periódicos, hojas de las páginas amarillas y blancas del año anterior, que iban de esquina a esquina de l ahabitación.

El pegamento que usamos para las cadenetas se acababa pronto, así que lo hacíamos nosotros con harina y agua: a ojo de buen cubero, echábamos, un poco de harina mezclada con un chorrito de agua hasta que quedaba espeso, y listo para pegar papel, como magia casera de Vallekana.

Imaginaros cómo terminábamos con el jersey, con pegotones de amasijo de harina y agua, los dedos con esa plasta que se te queda pegada en la yema de los dedos,jajaja.No molaba tanto como usar el pegamento Imedio, porque el resultado final de las cadenetas no era el mismo, se notaba que estaban como más hinchadas, el papel pesaba más y a veces, pues a los pocos días, tenías que volver a rearmarlas, porque se ahuecaban; pero bueno, a falta de pan buenas son tortas.

Además nos dedicábamos a envolver la lamparita y la lámpara del techo con papel film de colores; a mí me encantaba el amarillo, porque iluminaba cálido y parecía que el sol se quedaba con nosotros dentro de la habitación.

Luego montábamos el árbol de Navidad y el belén: un rincón del salón con hierba, piedras, figuritas traídas con cariño, y casetas y montañitas hechas con cartón y papel de estraza; la imaginación hacía el resto, convirtiendo aquel rincón humilde del Valle en un bosque mágico.

Era la época en la que más jugábamos al juego de la lima. Con el suelo húmedo por la lluvia, rascábamos con la lima la superficie de tierra húmeda y dibujábamos un circuito dividido en casillas: primeras, segundas, terceras y cuartas, y al final el cuadrado de casa. Se lanzaba la lima desde detrás de la línea de partida hacia el primer cuadrado: primeras. Si la lima se quedaba dentro y sin tocar la línea, tocaba avanzar: a pata coja ibas saltando a cada cuadrado, sin pisar el espacio donde estaba la lima ni tocar las líneas. Al llegar al último cuadrado, dabas la vuelta, recogías la lima con cuidado y seguías la secuencia tirándola al siguiente cuadrado.

Éramos incansables, nunca recuerdo tener agujetas, eso es que lo hacíamos todos los días; no como ahora que a la más mínima un chaval te dice tengo agujetas, pues no sé de qué, será de no moverte...Por cierto, creo que ese juego hoy en día estaría prohibido por los riesgos que conlleva. De ahí hemos pasado al navajazo en cualquier rincón y cuando menos te lo esperas. En fin..., Serafín.

Los villancicos sonaban a diario, ya fuera en la radio, el tocadiscos o los cassette. Cantábamos Los peces en el río, Campana sobre campana y Noche de paz hasta quedarnos roncos, y mis hermanos y yo salíamos con la pandilla por las calles del barrio a pedir el aguinaldo. Con la pandereta en mano, golpeábamos el ritmo mientras nuestras voces se mezclaban con el aire frío, resonando entre los muros de ladrillo y las escaleras de Palomeras Altas.

Cada casa que nos abría la puerta nos ofrecía una cinco, veinticinco, cien pesetas, un dulce o una sonrisa, y el eco de nuestros cantos se esparcía como savia cálida entre la gente del barrio.

La verdad sea dicha, que nos cundían las mañanas de aguinaldo, sacábamos una pasta; por eso luego perder parte de este dinero, en los juegos navideños y familiares de Navidad me fastidiaba.

El resto de la Navidad pasaba entre la magia de las películas y especiales navideños, todo un evento familiar, juegos, risas y aventuras dentro del barrio.

Cada gesto, cada risa, cada salto sobre la lima, cada chispazo de luz de las bombillas navideñas reflejado en los charcos, era un aprendizaje de inocencia, ilusión, constancia y alegría compartida, como la savia que corre entre raíces y ramas del bosque que también es nuestro hogar.

Se iba acercaba el día de Noche Buena...
 
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Se acercaba la Nochebuena y aquello, más que un día del calendario, era un aviso del bosque.

Yo vengo de familia numerosa, de las de antes, con ese desfase generacional tan nuestro. Los tres hermanos pequeños por un lado y los mayores por otro, como ramas que crecieron en estaciones distintas pero del mismo tronco.

La norma no escrita era clara. Nochebuena y Navidad se celebraban en la cueva de la mother. Luego, los mayores podían volver a sus nidos, que no vivían lejos… pero qué va. Preferían quedarse a dormir en casa de mamá, Queen of Heart, porque allí el fuego ardía distinto.

Imaginaros el panorama: hermanos mayores, sobrinos chiquitines (algunos casi de mi quinta) y una casa que empezaba a vibrar desde bien temprano.

La mañana de Nochebuena arrancaba después de comer. Poco a poco iban entrando en la guarida familiar cargados como si vinieran de asaltar una verbena: bolsas con regalos, postres, bebida, risas, algún petardo suelto que otro, bombas fétidas que alguien hacía estallar a traición y salidas corriendo entre carcajadas.

El bosque ya estaba avisado: hoy hay jaleo.

Los villancicos llevaban sonando días, sí, pero esa mañana era la traca de la traca. Aquello no era música: era jaleo forestal. Palmas sordas primero (plas… plas…plas, tras, tras Heeeee...), luego palmas abiertas, de esas que cortan el aire (¡plás, plás-plás!), marcando compás como si el suelo fuera tablao y las raíces llevaran siglos esperando ese momento.

Mi madre… ay mi madre. Queen of Heart era la alegría de la cueva. Con la candela chisporroteando detrás, mandaba más que nadie sin levantar la voz. Le bastaba una mirada y un ¡ea! bien dicho. Se arrancaba a cantar, a bailar, a mover los brazos de abajo arriba y bajaban interiormente, con esas muñecas retorcidas al compás de las notas flamencas y dedos movimiento de dedos con arte, salero, como quien mueve el viento, y el resto íbamos cayendo uno a uno a bailar, sin remedio.

Salíamos e íbamos invitando al resto de la familia a salir a bailar (cuñadas), pero no antes de salir primeramente los hermanos, , luego los sobrinos pequeños dando zapatazos torcidos pero con arte, brazos en alto, vueltas imposibles, riéndose de sí mismos. Flamenco doméstico, del bueno: sin escenario, sin focos, con calcetines resbalando por el suelo y el corazón desatado.

Aquello no era una casa.

Era un claro del bosque en plena fiesta.

Y mi madre, en el centro, era fuego, raíz y compás.
 
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Aquella Nochebuena no era solo de baile, ¿eh? no, no...

También era de juegos, de risas cruzadas, de cartas que volaban sobre la mesa, de dados que sonaban como piedras rodando por el arroyo.

Alguna copa caía de más (una copita inocente primero, para ir entonando el ambiente, otra porque es fiesta, y ya se sabe… y siempre había algún hermano que se enchispaba un pelín más de la cuenta, sin mala fe, pero con la lengua más suelta que las manos.

Y claro… a veces salía algún trapo sucio. Nada grave, pero lo justo para que el aire se tensara un segundo, como cuando el viento cambia antes de llover.

Alguna frase mal interpretada, mal expresada, alguna mirada atravesada. Las cuñadas… telita, telita con ellas. Yo siempre supe distinguir qué palabras nacían del pecho de mis hermanos y cuáles venían ya condimentadas de casa ajena.

Eso se huele, como se huele la humedad antes de la helada.

Pero ahí estaba la mother. Siempre.

Como buena guardiana del claro, salía al quite antes de que la cosa prendiera. Una palabra aquí, una broma allá, un eeea, eeenga, que es Nochebuena dicho en el momento justo. Mano izquierda, paso corto, corazón templado y memoria larga.

Y es que the mother....mamá era otra liga.

Queen of Heart no apagaba fuegos: los transformaba.

Tenía ese don antiguo de canalizar energías como quien redirige un río crecido. Donde había tensión, metía compás; donde asomaba el reproche, soltaba una risa; donde el ambiente se espesaba, sacaba una canción o llamaba a alguien a bailar. Y asunto arreglado.

Ella sabía (porque lo sabía) que en las familias grandes la vida no siempre entra ordenada, pero sí se puede hacer que no se haga daño. Y así, entre juegos, copas, alguna chispa suelta y mucho amor bien administrado, la Nochebuena seguía su curso.

El bosque respiraba tranquilo.

Y nosotros también.
 
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El día de Navidad ya amanecía distinto.

El Valle del Kas seguía siendo Vallekas, humilde, peleona, con las persianas medio torcidas y las mesas largas como trincheras de cariño.

Éramos pobres, sí, pero ricos en jaleo.

La comida se repartía sin ceremonia ni niño muerto... Lo que había, bien puesto, bien compartido.

El puchero sabía mejor cuando cabíamos todos alrededor. Juegos otra vez, más cartas, jugar al bingo, risas que rebotaban en las paredes, y ya sin tensiones: lo del día anterior había quedado enterrado bajo la tierra sabia del bosque.

Y luego, poco a poco, cada uno recogía su petate, su abrigo y tiraba para su nido. Navidad seguía, pero ya no coincidíamos todos a la vez como norma.

La Nochevieja era distinta.

Ya no era aquel amontonarse de antes, aquel todos juntitos celebrando que nuestro apellido seguía vivo, que el Reino resistía.

Era más repartida, más silenciosa, como cuando el bosque entra en pausa y cada animal busca su refugio.

El jaleo seguía, pero ya no era coral.

Y por fin ya se acercaban ellos…....

Sus Majestades los Reyes Magos.

Para mí, los Reyes Magos siempre fueron magia pura, aunque los zapatos tuvieran suela fina.

Éramos niños de pedir poco, porque sabíamos que cualquier cosa caída del cielo era un milagro. Y The Mother (mi mamita querida) siempre conseguía que, al menos, uno de los regalos que habíamos pedido en la carta de los Reyes, apareciera junto al árbol. Uno. Y bastaba.

Desde prácticamente la cuna nos lo dejó claro: que la alegría, hija, es despertarse juntos, ver amanecer, cantar y bailar en familia.

Nos decía que a quienes más regalos les llevaban los Reyes era a los niños sin familia, a los que pasaban las noches en salas de luz blanca y pasos suaves, luchando por ponerse buenos. Y nosotros preguntábamos, con los ojos abiertos:

-Mamá, ¿hay gente más pobre que nosotros?.
Y ella asentía despacio:
- Uy, sí, sí, hija. Siempre hay quien tiene menos… y quien tiene más soledad.

Yo siempre fui la hija que se quedaba un segundo más mirando a los ojos de mi madre.

Mientras los demás ya estaban pensando en otra cosa, yo me quedaba ahí, con la mirada suspendida, rumiando lo que acababa de decir, aunque entonces aún no supiera ponerle nombre.

Ella hablaba sencillo, pero dejaba fondo.

Y algo en mí entendía (sin entender del todo) que había pobres que, precisamente esos días, eran los más ricos. Que la abundancia no siempre venía envuelta en papel brillante.
Por eso, sin saberlo, fui aprendiendo a preferir tener menos regalos y seguir siendo rica en lo otro.

En presencia.
En familia.
En conciencia.
Y esa elección, con los años, me salió sola.

Nunca nos faltó una cabalgata.

paraguas abiertos, caramelos volando, manos estiradas, ojos como platos. Y esa noche nos íbamos a la cama antes que nunca (y eso ya es decir, siendo lo trastos que éramos). Veníamos cenados de chocolate caliente y porras de la calle, y nos metíamos bajo las mantas con la urgencia de quien quiere que amanezca ya. Madrugadores de nacimiento, aquella noche éramos relojes.

Nunca pillamos a nuestros padres poniendo los regalos. Nunca.
Pero siempre estaba la bolsa de chucherías, tipo canuto, bien doblada. Para nosotros eso era oro puro. Durante el año no se gastaba dinero en esas cosas. Hoy las tienen a diario, a cualquier hora, en cualquier esquina. Ni mejor ni peor. Distinto. Nosotros aprendimos a esperar, a saborear, a agradecer.

Y así crecimos.
Pobres, sí.
Pero con ilusión intacta.

Uy, ¿pero a quién tengo posada frente a mi retina ? . Era Liria, diciéndome:

Y eso, Rubí, no lo compra ningún reino.

Voló a mi frente, dándome un beso suave en la frente, de esos que no haen ruido pero que dejan marca y antes de pirarse a tomar el sol, que está saliendo ahora mismo y debe aprovechar me susurró:

-Guárdalo bien… es de lo poco que no se pierde ni con los inviernos.

Y se fue.

Como solo sabe irse la conciencia cuando ha hablado claro.
 
Antiguo 20-Dec-2025  
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Y ahora quiero enviar un guiño a todas las almas que pasan y vuelven a leer en este cofre mágico.

Ese cofre que no es de madera común, sino de raíces entrelazadas, hierba suave y polvo de estrellas; donde cada palabra que dejo se convierte en hoja que cae y se queda entre el bosque, esperando volver a florecer cuando alguien la recoja.

¡Feliz Navidad!. Disfrutad de estos días de distinta manera, llena de luces e ilusión; porque la verdadera fiesta y alegría la llevamos en nuestro interior durante todo el año. Todo lo de afuera es solo una batuta para acompañarnos a todos.
Que sepan que aquí no hay prisa, ni calendario que valga: se puede celebrar o no estas fiestas, cada cual a su manera…

Pero lo que sí les quiero decir es esto: celebren lo que les hace latir el corazón, aunque sea un pequeño gesto, un recuerdo, una risa, un abrazo imaginado, o simplemente nada… que la verdadera luz no viene de las bombillas ni de los villancicos, sino de todo lo que se guarda dentro y sigue ardiendo aunque el invierno apriete.
 
Antiguo 21-Dec-2025  
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Engaaaa mi gente, vamos a crear un escenario imaginario. Of course?. Ok.

Mikel va al centro, guitarra y sonrisa
El público que nos lee alrededor, palmas y voces.

La moderadora (Ginebra): al frente, ligeramente elevada, como directora de orquesta . Marca los cambios de compás: ¡Ahora palmas todos!. Señala cuándo entrar con los coros o el eco tin‑tin‑TIN.
Da los gritos de ánimo:¡Oléeeeé!, ¡Oléeeé! si alguien se queda tímidill@
Todos juntos creamos la fiesta flamenca-navideña interactiva. Oleeé
Vamos hacer una demo, ok ?. Allá vamos
ta‑TUM‑ta ... ta‑TUM‑ta
pa‑TUM‑pa .... pa‑TUM‑pa

TUM es un bajo/patada de compás.
ta/pa es rasgueo de guitarra o palmas.
Público a palmadas suaves al unísono con el ta/pa.
ta‑RA‑ta ta‑RA‑ta ... ta‑RA‑ta‑ta‑RA‑ta
tin‑tin‑TIN tin‑TIN‑tin
Mikel marca la melodía principal
Público va a repetir los tin‑tin‑TIN como eco o aplauso.
PA‑pa‑PA ////PA‑pa‑PA
clap‑clap‑CLAP ///// clap‑clap‑CLAP
Mikel guía la entrada
Público hace palmas en los contratiempos y acompaña los acentos.
Mini instrucciones que dará, Ginebra para el público del post:
Palmas suaves en los ta/pa.
Eco de tin‑tin‑TIN en la parte del corito.
Gritos de ánimo tipo ¡Ole! ¡Oléeeeé! al final de cada verso.
Opcional... golpecitos con mesa o vaso para marcar el compás


 
Antiguo 21-Dec-2025  
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Agua, canela y alegría, con el permiso concedido el Web Master del foro

Este villancico me lo marco yo. oleeeéeeeée !.

No baja de Triana ni de un escenario ...sale de Palomeras Bajas, de su bosque urbano, de sus bancos fríos, de su gente que no hace ruido pero sostiene. Aquí no cantamos para tapar nada; cantamos para soltar.

Empiezo yo, Reina Rubí, marcando el compás a mi manera:
la guitarra entra despacio, cha-ca… cha-ca…,
como pasos firmes por el barrio, sin prisa y sin pose.
El compás no empuja, acompaña.
Fueeeraaa las penicaaas,
porque aquí las penas no se gritan: se dejan ir.

Mikel se suma después, casi sin darse cuenta.
No entra para lucirse, entra porque el cuerpo ya va solo.

Hace un aaaaaayyyy largo, sostenido, de esos que no piden nada, de esos que alivian más que explican.

El compás le arropa y le baja los hombros.

Liria, mi conciencia, no canta... palmea (plas, plas, plas... Pach, pach, Pacchhh).
Marca el tiempo en el , clá… cla…clá...cla,
y me susurra: No corras, Rubí. Este cante no se escapa.
Y entonces el estribillo vuelve solo, como vuelve lo que es verdad.

El barrio escucha.
Palomeras Bajas sabe de qué va esto.
Aquí el compás suena a dignidad cotidiana, a gente que ha aprendido a seguir sin endurecerse.

Yo lo escribo.
Y ahora ellos lo cantan conmigo.

Vamos barrio que esta ya es la demostración buena, ok ??.

Palmas suaves: cla… cla… cla…

Guitarra rasguea: ta-ta-ta… ta-ta-ta…

Voz en susurro (Reina Rubí): Fuera… las… penas…

Estribillo (todos juntos):

Palmas firmes: clá-clá… clá-clá… clá- cláaaá

Mikel: Ay… ay… (sostenido)

Reina Rubí, canta la letra principal, siguiendo la guitarra: ta-ta-ta… ta-ta-ta…

Liria: marca el pulso con palmas: clá… cla… cla…, sin cantar, solo tiempo.


Guitarra baja un poco, rasgueo más íntimo: ta… ta… ta… ta…

Reina Rubí: cuenta la historia del barrio y del bosque (Palomeras Bajas).

Mikel: susurra ¡ooohhh! o aaaay… en momentos emocionales.

Y Liria, sigue palmeando suave, cla… cla…cla, cla, marcando la respiración del barrio.

Y terminamos con el eEstribillo final:

Palmas más fuertes: clá-clá-clá… clá-clá-clá…

Todos cantan juntos: Reina Rubí, Mikel, y mi barrio y ese público virtual: FUEEERAA LAAAAS PEEENAAAAS.

Y vamos cerrando, OK?? viva el Web Master guitarra rasguea descendiendo, ta-ta-ta… taa-taaa-taaaa--…, dejando el silencio del barrio y de la fábula.

Y ahora, lo dejo sonar.


 
Antiguo 22-Dec-2025  
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Vamos a marcarnos otro villancico corto, que me ha pegao ya otro mongo,jajaja.

Por intentarlo no va a quedar, por mi santa Corona, que esto sale como debe salir.

¿Escuchan ustedes ?. ¿noooo?, pero por favor, a ver ahora... Va enrando el sonite, muy bajito, sí, pero va entrando:

Ras, raaas, raaas, lentito, con su tran, trán, tran, trán, la guitarra no corre, solo escucha, o k?. Como quien sabe que aquí hay palabra que aún no salen

Me voy ajustando el mantón, sin prisa para qué llevar prisas, si estamos en Navidad, y esto lo vamos a bailar y ronronear aquí
Paaaan, paaaan, paaaaáaan (porque lo que se calla, pesa)

Taaac, taaac, taaccc...
Chof-chof (palmadas de mesa
Sí de esas que no quieren romper nada. (esto si me lo pillas, es que eres fino, amig@)

Y qué sería este tablao foril sin el fondo de su foro.
Va entrando Foro Amor con su voz grave, serena, de quien ha leído muuucho.
Taaaa, taaaa, taaac, pan pan pan.....
Aquí se viene a preguntar lo que no se sabe decir.
A buscar orientación cuando la cabeza no ordena.
a desahogarse sin tener que fingir fortaleza.
a leer respuesta que a veces te arreglan, te acompañan, plas, plas, plas, oleeeé, otras consuela, la, la, laaaa,
Pliiiím, pliiiiiín, pliiiiiiín, vamos para alla, nainaaaaá naninaaaá, nainaaaaá, tan, tan tan que es la Navidad esa nota suelta, y honesta encontrarás en Foro Amor.

Que vayan pasando los lectores con la bota maría, que se van a emborrachar de felicidad.

Esa lectora silenciosa que dice: Yo nunca escribí...., pero en cada hilo reconocí algo mío

Ese lector cansado: No siempre encontré respuestas, pero encontré palabras que me sostuvieron, tan, tan tan que ha nació en el pesebre con una mantá na más, pan, pan, paaan,

Chas, chas, chaaaas, chaaaf, chaaaffff y empiezan a cuadrar el compás... oleeeeé porque tú eres fuerte y cantando y bailando todo se va a pasar, y vamos a recordar a nuestros queridosm sin mas, parapán, parapán, parapán, para que lo bailen ellos allá donde estén.

Y por ahí van entrando desde la sombra los NR y cantan que ellos escriben sin nombre, porque así pueden decirlo todo.
Ese otro NR a puro AAAAaaayyyy nos canta que aquí me atreví a hablar cuando fuera no podíaaaa aaaaayyy y ahora le toca soñar, reír, y palante como los de Alicante.

Aaaay, aaaay, aaaay, ese aaaaay que no pide solución solo ser leíd@. pach, pach, pach

Y leeeeé, leeeeé, leeeeé, que este mongo se me va pasando y tengo que tomar el centro e ir haciendo el café:

Yo no doy consejos. Hago observaciones y a veces, que alguien nombre lo que te pasa es más alivio que cualquier respuesta.

Raaaas, raaaas–RÁAAÁANNNN (a tope)
la guitarra sube,
no para imponerse,
sino para sostener.

Foro, lectores, NR, registrados (a media voz):
Esto es aquello que quisiera escribir… lo que desde hace un iempo
mi boca se calla…

Traas, traaaas, traaas,
Taca, taca, taca (tacón seco, sin alarde):
FORO AMOR un lugar donde se pregunta, se escucha y se queda.
Por eso estoy yo aquí.
Y por algo será...que sigo aquí.

Tráaaán, traaaáánnn, traaaánáaaannnn
Y la cuerda se me va terminando jajaja

.....silencio compartido.
Del que acompaña.


tirititrán tran tran.....tirititrán tran tran....tirititrán tran tran

 
Antiguo 25-Dec-2025  
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Un nuevo atardecer frente a mis ojos, pintando con nubes esponjosas que flotan sobre sombras gratifeadas de rosa y rojo, componiéndose lentamente para dar entrada a un anochecer que nada tiene que ver con el de ayer.

Y mientras la luz se desvanece en el atardecer, recuerdo algo de lo que hoy hablé… En este momento de silencio y paz en el bosque, quiero rememorar lo que la Oyente del Bosque un día me enseñó a ver en lo profundo de su bosque: que el amor no aparece porque haya una pareja, ni desaparece cuando deja de haberla.

Es al revés. Primero está la capacidad de amar, sí esa disposición íntima del ser humano a abrirse, a vincularse, a compartir, a cuidar… como la tierra que durante el invierno parece dura y yerta, pero que guarda bajo su superficie la semilla, la humedad; es decir la vida que solo espera tiempo y forma para realizar su siguiente ciclo.

Podemos amar incluso sin rostro, sin nombre, sin historia compartida. Y a veces, tenemos a alguien porque esa capacidad sigue viva en nosotros, como el brote que surge cuando la tierra decide despertar.

El atardecer se pliega, y aparece la oscuridad… y mañana, quizás, el bosque vuelva a susurrarme secretos...
 
Antiguo 26-Dec-2025  
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… y mientras va despegando la luz del día, sigo vislumbrando entre las ramas despojadas de sus hojas por la sensibilidad del invierno, a la Oyente del Bosque; la que me sigue abriendo mentalmente en canal y me hace reflexionar que sobre el amor: hay mucho y nada escrito (no hay manual universal escrito); porque cada persona es un mundo, pero es muy conveniente observar el terreno sobre el que pisas, y a veces el amor se convierte en pareja estable, otras veces en memoria, otras se impone la distancia, y otras simplemente se apaga.

¿ Es o no es amor?.

Pues creo que no todo amor esta hecho para que dure, ni todo lo que dura es amor.

Lo que sí puede persistir, como la tierra fértil bajo la nieve, es la capacidad de amar con conciencia, no el objeto ni la forma concreta.

Confundir permanencia con eternidad es un error frecuente.

La ciencia puede explicar qué mecanismos y efectos (química, cerebro y conducta), involucrados en el amor, pero no determina cómo sentimos o elegimos amar de manera consciente.

Por eso me gusta colocar a la ciencia en su sitio, nunca la negaré, pero creo que solo cumple su función en los animales del bosque, porque si solo sirviera el amor para criar crías, no dolería tanto cuando se rompe.

La ciencia no determina qué espera el ser humano al amar, cuando eligen cuidar, sostener y volver incluso cuando la euforia se ha ido.

Lo que se agota no es el amor, sino la disposición a compartirlo y habitarlo.

El enamoramiento no tiene fecha de caducidad: tiene condiciones...

Por fin viene Liria de cantar villancicos con su amiga la mariquita Aurora, se va a enterar lo que vale un peine ésta. Que me tiene toda la noche sin dormir y aparece ella, más feliz que unas castañuelas. ¿Habrá ligado revoloteando por el bosque?.
 
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