29-Nov-2025
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Usuario Experto
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Y entonces, pegada a él como una lapilla que no desea pero tampoco logra despegarse, comenzamos a ascender por la ruta hacia el Puerto de la Cruz Verde.
El ambiente frío se filtraba por la ventilación del casco, con aroma a la frescura de un amanecer con pinos helados, y cada giro de curva, servía de pretexto para acercarme más, si bien yo, por orgullo o quizás por pudor, me apartaba un poco cada tanto, fingiendo, como si quisiera mantener un pequeño espacio de compostura entre mi torso y su espalda.
Era inútil.
Sentía su calor a través del cuero de mi chaqueta y pensaba: caray, qué vergüenza, qué placer y qué temor todo junto.
Arribamos al punto más alto de la sierra, el sol nos daba directo, pero era un sol engañoso de diciembre que ciega y no brinda calor alguno. Él se orilló a la derecha y detuvo la motocicleta. Yo descendí y me asomé sobre aquel muro, observando un paisaje impresionante (no es el primero que veo, pero sí junto a él), me trajo a la memoria el final de la película cinematográfica Nebraska.
El puerto estaba prácticamente desierto, solo el aire moviendo las copas de los pinos enormes y alguna ave chillando como si estuviera enfadada con el frío invernal.
Se dispuso a hacerme una foto: click, click... y como si no pudiera respirar más, se levantó y se dirigió a mí, rodeándome por la cintura con sus brazos y así...,sin pedir permiso, sin miradas previas y sin tontadas...., me besó. Recuerdo aquel beso que me supo a mi segundo café de primera hora de la mañana; calentito y a ya está, ya no hay marcha vuelta atrás.
El sol seguía sin calentar, pero ya no hacia falta.
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29-Nov-2025
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Usuario Experto
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Y ahí estábamos, como tontos, certificando que besar era mejor que hablar.
Me abrazaba por la cintura y yo metía las manos bajo su chaqueta, buscando calor como una gata.
Hacíamos ruiditos, esos que uno hace cuando está a gusto y no quiere parar.
A veces pasaban ciervazos grandes en los lomos de su moto, con barbas y chaquetas llenas de parches y nos gritaban cosas como ¡EEEEyyy, tortolitos! .
Pero nosotros estábamos en nuestro mundo.
Mi nariz se helaba, pero mis labios estaba ardientes. Cada vez que intentaba separarse un poco, lo volvía a besar como diciendo: ni se te ocurra parar.
Él entendía la indirecta, sonreía y seguía besándome.
No sé cuánto tiempo estuvimos así, al menos diez o quince minutos, seguro.
Nos volvimos a subir a la moto y ya le abracé por la cintura, de forma distinta, sin dejar hueco para que se filtrase el aire entre nuestros dos cuerpos; como que ya me podía tomar esa licencia.
Al poco, volvió a parar en la choza de los ciervos moteros, donde es obligada la parada para tomar un buen caldito de cocido.
Bajamos con los labios colorados y algo hinchados y con una mirada y risa de oreja a oreja, que no se nos quitaba ni con agua caliente.
Tomamos aquel caldo, super sabroso, pero vamos, que yo se lo mejoro, si yo le hecho: los garbanzos pedrosillano, morcillo, hueso de jamón, hueso de caña, tocino entreverao, lacón, pollo de corral, repollo rehogao, zanahoria, puerro, nabo y toa la mondonga de morcilla de cebolla, chorizo fresco, y costilla adobá, te dejo yo el alma calentita y la boca pidiendo repetir.
Pero sí, engaaa, que aquella taza de caldito de cocido me supo de maravilla, sobre todo cuando vienes con la boca recién besada.
Hubo más besos robados...
Volvimos a subirnos a la moto y rumbo a la ciudad de Santa Teresa.
Cuando llegamos a la gran muralla que casi parece que toca el cielo con sus piedras, el sol empezaba a esconderse detrás y entre los dientes de la muralla, tiñendo las piedras y cielo de ese naranja que quema por dentro.
Aún nos quedaba algo de tarde y lo que la noche pudiera deparar.
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30-Nov-2025
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¡Y, ya llegó el momento de regresar al bosque!. Cada uno a su escondite... o eso creíamos.
Mi coche estaba estacionado en el mismo parking que él tenía la moto, por eso era ¡imposible evitar ese trocito juntos.
¿El plan inicial?, para nada de nada, era perdernos en ese entorno de ensueño; queríamos rodar hasta esa joya amurallada que huele a incienso e historia, donde las cigüeñas hacen nidos en las torres y el frío se vuelve tinta para una poesía.
A la vuelta, la noche ya reinaba en todo el valle; de esas noches de invierno que te corta la piel y te pincha hasta los huesos.
Había zonas en la cuneta de la carretera, las que estaban al cobijo de las rocas, que yacían heladas.
Yo iba un poco congelada ya, y eso que su espalda me servía de corta aires. Además veía una situación de peligro innecesaria. Yo le comentaba, ¿paramos y pernoctamos por la zona?; pero él dijo estábamos a escasos 20 minutos de la guarida, y yo con tal de no soltar a aquel venado de ojos verdes oscuros...
Total que proseguimos la marcha de regreso.
De verdad, que hubo un instante para volverse a detener y contemplar el pasar del tiempo; pero hoy sí puedo escribirlo y pintar aquel cielo:
La luna llena, parecía estar colgando sobre los pinos oscuros, la niebla moviéndose como fantasmas, y las luces lejanas de los pueblos... parpadeando como brasas que no quieren apagarse.
Cruzábamos esos pueblos serranos, con rocas sombrías y tejados bajos e inclinados.
Calles vacías, farolas que derramaban un anaranjado afectuoso sobre la piedra fría. Navacerrada, con chimeneas humeantes, Cercedilla, callada, Guadarrama, soñadora.
Me deslicé sobre su espalda; el casco, apoyado entre sus hombros; mis brazos abrazando su pecho con cariño, sin apretar, como quien sujeta un pájaro, para que no se asustara, ni emprendiera vuelo.
Y yo, pensativa: que el universo se congele, ¡pero que nunca me arrebaten este calor cerval! .
Por fin llegamos a la guarida... nos quitamos el casco y nos comimos a besos.
No había que hacer la pregunta, ¿no ?. Creo que la ruta motera no podía terminar ahí...
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30-Nov-2025
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Entramos en su choza y ni tiempo le dio de enseñarme nada, ¿para qué, si ya estábamos los dos temblando de frío y de otra cosa?.
Los dos troncos ya estaban puestos en la chimenea, echó la pastilla aceleradora …, soplo un poquito y aquello prendió en llama.
Yo me encontraba con las manos que parecían dos garfios de hielo, ¡ ozú chiquillos!, las maniobras que intentaba hacer para bajarme la cremallera de la cazadora de cuero.
Él se dirigió a mi y me ayudó, qué fría tenía las manos, pero pronto se le calentaron al rodearme con sus brazos y….aquello ya no había bombero que lo apagase, ardió toda la leña que llevábamos aguantando desde la primera curva de la sierra.
Nos dejamos caer en aquel sofá de rinconera, que crujió más que el turrón de almendras de Alicante; entre las chispas de la lumbre y los suspiros que anticipaba que la noche sería larga.
Explotamos despacito, no sé ya si calentaba más el fuego de la chimenea o el que nosotros llevábamos dentro…, volvíamos a prender más lento, más hondo...sentíamos cómo la leña se partía de puro gusto, como nosotros.
Terminamos, reposamos y en ascuas.
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02-Dec-2025
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...y esos momentos lo revivimos una y otra vez, como si el bosque, llamara con fuerza al frío invierno para que nos uniéramos frente a la chimenea cada atardecer.
El fuego gemía al tener que tragarse los troncos húmedos, que se rendían al calor como nosotros nos rendíamos a nuestros abrazos.
Alguien más presenciaba desde el exterior nuestro instante robado… y era el cuervo, silencioso testigo de nuestro fuego y nuestros suspiros, suspendido entre las ramas del viejo abedul, como un guardián de nuestra pasión.
Sé muy bien dónde y cómo se oculta… y efectivamente, allí estaba el pajarraco, quieto, enfadado y con el ego herido, sus ojos negros como la noche que se dejaba desprender del cielo; parecían conocerlo todo. Inclinó la cabeza y le miró fijamente a él y a la parte espesa del bosque, entre las hojas y el follaje... como si buscara a alguien suyo, marcado por el tiempo y por su experiencia.
¿Intentaba identificar algo o a alguien para seguir su rastro?.
Yo estaba entregada en los brazos cálidos de mi ciervo, aún con el calor del último fuego, pensé: nos viste disfrutando, pájaro hechicero y tal vez por eso aleteaste lento ¡whoos, whoos, whoos!, como si supieras que nuestro fuego volvería a encenderse.
Voló entre las ramas y se fue, dejándonos envueltos en el sonido de la leña y el calor que irradiábamos, como si su vigilancia invisible siguiera atenta a cada chispa de nuestro fuego oculto.
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04-Dec-2025
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…y el invierno empezó a apretarle y pesar de verdad sobre su esbelto cuerpo, como esa nieblilla espesa que sube del río y se pega a los troncos como un velo de novia muerta.
Los abetos que por por la choza discurrían crujían bajo la espesura de la escarcha, y el viento del norte silbaba, ¡Flissshhhh…. Flissssshhh....flisssshhh, entre las ramas desnudas, como un lobo que huele a chica y sangre lejana.
Le debería oler a carne de ciervo, fresca y libre, que jadeaba con su presa.
Revoloteaba cada vez más cerca de la choza, buscando el rastro y la humarada de pasión que se desbordaba a la salida de la chimenea.
Se podía observar que fuera existían sobre la tierra húmeda y olor a setas, las huellas profundas de sus patas. Las cuales al día siguiente desaparecían por otra nueva capa de agua que terminaba convirtiéndose en escarcha.
Todo ello, como parte de una fábula del bosque que enfadado quiere borrar todo rastro de su vida, entre su arena.
El cuervo seguía ahí, más flaco, más negro, más solo y más torpe, que también...todo hay que decirlo.
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04-Dec-2025
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Aquella mañana madrugué más de la cuenta. Hacía un frío del carajo, de esos que te cortan el aliento y te sale el vaporcito ese para hacer oes de fumadora (aunque yo no fumo); total que me apetecía ver la luna todavía pálida, colgada como podía entre las nubes bajas de la noche.
Y entonces le vi…
Allí estaba, jugándoselo todo a una sola carta.
Se lanzó al aire desde el abedul seco, y sobrevoló mi pequeño castillo haciendo tres piruetas lentas: whoosh, whoosh, whoosh.
Después, dejó caer algo que brillaba, girando despacio antes de hundirse en la nieve frente a mi puerta.
Correcto...era una pluma suya. Larga, perfecta, y con un calorcito suave aún prendido en sus fibras, como si acabara de dejarla escapar solo para mí.
Y entendí su gesto al instante..., con aquella pluma quería decirme que lo intentáramos de nuevo. Que aún estaba arrepentido, clamaba por segunda vez perdón. Estaba dispuesto a entrar nuevamente a nuestro nido.
No sé si algún día habrá entendido, que de un plumazo, nuestro Castillo entero que un día habíamos levantado juntos, piedra a piedra, beso a beso, ilusión con ilusión, entre la hojarasca del otoño, qué tiempos aquellos....
Pero lo que él me hizo a mí, eso no se le hace a nadie. Nuestra fortaleza tan alta y fortificada mano a mano se voló de un solo soplido, no quedo nada...y desde ese instante nunca mais quise saber de él, excepto lo que incumba a mi azucena.
Lo debió intuir y se marchó volando hacia el este, donde el cielo se pone de color plomizo oscuro y el sol lo único que logra es un resplandor sucio, y así desapareció entre la cellisca que ya empezaba a caer.
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05-Dec-2025
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Debe ser que más de una vez, se levantaba por las mañanas con la niebla más densa que otras veces; quizá el mundo que pensó encontrar..., ese mundo de colores..., es el que yo le enseñé a ver y se vivía dentro de nuestro castillo.
Y es que cuando una historia verdadera se esfuma y te das cuenta de ello, no sé por qué perdura ese aroma de pena y a nostalgia a lo real, siempre dentro de ti.
La vida es más antigua que la virginidad de mi abuela, y una vez más y sin teoría de libros; la vida te algún momento de nuestra vida, te enseña la página concreta que necesitas..., lo queremos o no reconocer, te enseña quién estuvo, quién está a tu lado. También te muestra la cubierta y la tapa del libro, y entre ellas sus guardas. Respétalas, aunque duela.
Cuando la madera ha ardido por completo y se ha enfriado, solo quedan las cenizas, cada uno se aferra a ellas de una forma distinta o según le vaya la marcha...a mi se me quedaron adheridas a mi piel, ya no a mi corazón, y es la que me recuerda que esta ceremonia ya me la conocía yo, antes de empezar el rito.
Aún así no se daba por vencido y cuando menos te lo esperabas volvía a posarse en el poyete de mi ventana, llenaba de vaho mi cristal y dibujaba con su patita un tulipán y cuando estaba bien, empañando el cristal lo pintaba de color amarillo, con las hierbas de manzanilla que traía en su pico del lugar de la nostalgia.
Esa era la misma flor que él sabía que siempre me sedujo, la misma que el hielo de aquel invierno la marchitó.
Mire a la flor y la deje ahí…, hasta que el calor interior de mi hogar, la fue disolviendo y se iba resbalando por el cristal como una lágrima.
Yo no salí a recogerla.
Yo ya no te voy a volver querer y no dudo que alguien más pueda hacerlo; pero amarte como yo te amé, nadie más lo va a hacer.
Adiós y este es el final de nuestra historia.
Yo le guardo en mi biblioteca, porque fuiste historia de una parte de vida.
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05-Dec-2025
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Usuario Experto
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A lomos de mi ciervo viví casi un lustro de momentos magistrales.
Nuestro cariño era sincero, fuiste abriendo caminos en mi sueños, en nuestras caras se pintaba una sonrisa a la más mínima, entrando la alegría en nuestros corazones. Me entraste muy lentamente en mi mundo amarillo.
Me encantaba pasear de la mano contigo entre los susurros del otoño e invierno helados.
Recuerdo aquellos instantes imborrables de cuando comenzaba a vivir los cuatro ciclos de la vida; nacimiento, crecimiento, madurez, lo que no contaba era con la despedida.
Tuvimos tantas charlas personales, confesiones dichas sin prisa, yo dejé claro que quería ir muy despacio y me respetó el ritmo.
Qué fantásticos días e instantes pasados en aquel rincón mágico en lo alto de granito en la Silla de Felipe II. Nos perdimos no solo en el bosque, sino entre besos, caricias, miradas penetrante y a algo más….;hasta que el día cedía sitio a la tarde para empezar a teñir los robles y los rebollos con ocres, marrones y amarillos.
El monasterio desde lo lejos nos marcaba el paso del tiempo, lo efímeo y lo eterno...esas vivencias no se olvidan, es como una taranta lenta, profunda y llena de sentido.
Respirábamos juntos aquel bosque con una frescura que te calaba hasta los huesos.
El viento entre los robles me traía susurros de mi quita penas, palabras que flotaban entre las hojas y que ahora no las voy a decir en voz alta… demasiado nuestras.
Con lo que no contábamos fue con el crepúsculo y un adiós que llegó sin avisar, bueeenoo...
En ti dejó un hueco que ya no duele y en mí quedó la paz.
También me dejó un recuerdo que brilla.
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06-Dec-2025
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Aquí ando desayunando tranquilamente, respirando el aroma del café con leche (largo de café) y con tres tostaditas pequeñitas de pan integral; además con la luz de la mañana opaca y sin ganas que se cuela por el estore de mi salón.
Un momento, por favor, que voy a cerrarlos. Prefiero ver la forma de olas que tienen y su color de burbuja de champagne, Dom Pérignon y Krug, sobre marrón oscuro de bombón.
Llevo unos días sin que se me manifieste alguien en mí.
¡Qué calladita está!.
- Oye,Liria… ¿qué haces? .
(pregunté, apoyando el codo sobre la mesa de raíz de roble, y con la taza de café con leche en mi mano y con la mirada de lado a lado, como quién busca a alguien y entre curiosa y divertida).
Bailando sobre una sola pierna al ritmo de una pieza contemporánea… apareció, Liria sobre un rayo de luz del sol que penetraba por mi terraza; con su voz suave pero clara respondió:
-¿Yo..? Pues dormía profundamente… mientras tú, querida mía, bravabas en tus recuerdos, dejando que chispas de deseo y llamas de pasión recorrieran tus venas, como el fuego de la chimenea que crepita en la sala de tu memoria.
Cada instante, cada roce que guardas de aquel bosque, de aquellas curvas de marcha motera, de la frialdad de su refugio, pero que rápido entrasteis en calor o de aquella Silla de Felipe II, que brillaba como brasas encendidas bajo tu piel.
Solté una pequeña carcajada, a la vez que sentía cómo su voz recorría mis pensamientos, rescatando momentos y ecos del pasado...con su ternura, la intensidad, la efervescencia de aquel amor que, aunque efímero, había dejado su rastro luminoso.
-Ah… conqué asín que... (cómo dirían los de cuenca, murmuré) , y yo pensando que estaba sola...
- Nunca lo estás mi alma. (respondió Liria, con un tono que mezclaba complicidad y misterio)
Ni siquiera cuando la noche parecía callar todo.
Además, no olvides nunca que tus recuerdos, tus suspiros y tu deseo… todo eso y más también soy yo.
Por cierto, Rubí, de aquel amor...nada de nada. Tus circunstancias personales y familiares le vinieron grandes; ya criaste a un crío, no ibas a criar a otro…,cuando tuvo que apoyarte, te echaba aún más a leña al fuego con tu familia.
Porque él también exigía tiempo, sin ver que tú ya eras un árbol muy roto… y que lo que quedaba por romperse, se troncho al poco tiempo, Reina.
Lo que viviste fue un amor romántico, no era un amor de verdad, por eso muy acertadamente, cerraste aquella relación, para conseguir tu paz interior y poder afrontar la lava de volcán que empezaba a evaporarse violentamente y debías luchar por la causa.
Ten en cuenta que el amor, el de verdad, es la raíz que ancla la planta al suelo, vive al unisono contigo, se nutren del mismo agua y absorben nutrientes esenciales (no se andan con chiquitas, ni separando...) y crecéis juntos en vuestro plan de desarrollo de vida, almacenando sustancias (experiencias) para vuestro desarrollo.
Sin embargo, el amor romántico, es ese viendo del bosque que llega con fuerza, levanta hojas doradas, te enciende interiormente, pero no tiene llama para guiarse por los caminos...
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07-Dec-2025
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Con este cielo de nubes tumbadas y descansando sobre el horizonte blanco y mientras saboreamos este vino verdejo de sello y de la mejor cosecha de este año, Rubí…, deshojemos a sorbos y con paladar este vino.
-¡Ya ves, Liria…!
Y conste que empecé a quererle y sentir algo más por él.
Le miraba a los ojos y le brillaban de felicidad, como la luz que se refleja en el río helado de diciembre, ni él mismo se podía imaginar que, a veces, "por la boca muere el pez", como diría alguien mientras caminamos entre el musgo húmedo y las ramas cargadas de escarcha, compartiendo opiniones en este bosque encantado, lleno de luces doradas de otoño y verdes persistentes de invierno.
Sinceramente, sé que desde el exterior y cara al escaparate social, muchos animalitos del bosque me decían que era el soltero de oro; lo tenía todo, menos lo que no supieron nunca que no tuvo... y además se fijó y dio paso a aceptar la relación sentimental.
-Grillo, más vino a mi copa por favor. Gracias.
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08-Dec-2025
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Usuario Experto
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Grrriiip-grriiip… sí, sí, Reina Rubí, ya voy con el vinito…
(va volando torpón y hace prrrr-grrrr al aterrizar en el borde de mi copa)
De fondo sigo escuchando cómo el arroyo de Siete Picos, baja cargado de agua y va murmurando entre las piedras: la vida siempre se guarda un secreto que solo descubre quien sabe escuchar.
Pero sí, es cierto que el amor romántico se vive de una forma distinta, y el que va entrando en la antesala del amor real, afronta una vida en común... con conversaciones maduras de pareja, apoyo emocional, y ser empático con el sufrimiento de tu pareja, porque no hay mal que cien años dure ni árbol que resista al viento sin doblarse.
Poco antes de los nueves meses del final, lo iba viendo cada vez más claro que estábamos en diferentes fases y yo no puedo vivir eternamente en esa espera, aguardando una madurez que debería acompañar a quien camina a mi lado y con mi azucena.
Sigo escuchando el fluir del agua por el arroyo, avanzando entre raíces de árboles que viven en su orilla y entre las ramas desnudas, musgos añejos y rocas que guardan la memoria del invierno.
- ¡Griiillloooo!.
En menos de lo que se tarda en cantar un segundo:
(Grrriiip-grriiip… escucho de nuevo a mi pequeño camarero alado revolotear cerca de mi copa)
- ¡Reina Rubí, que te estás pillando un coloque que lo flipas!, me dice con un grrriii-grrriii apremiante, mientras da vueltas, haciéndose el remolón y sin querer rellenarme más del caldo rojo rubí e intenso.
Y yo no puedo evitar reír, pensando que hasta un grillo se hace el duro antes de servir cuando la cosa se está poniendo seria…
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09-Dec-2025
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- Retírate a tus aposentos, Grillo. Entendí tu indirecta y en el fondo te lo agradezco en mi alma. Así me gusta estar rodeada de personas que van de frente y no escondiéndose en el bosque frondoso.
- Te debo una, Grillo.
-Grrriii-grrriii… ea, bien logrado… esta Reina Rubí me tiene loco.
Te voy a demostrar, Grillo, que puedo seguir contando la historia sin el reloj del tiempo del vino y lo voy a parar en aquel momento y no dudo en seguir vistiendo de gala este maravilloso hilo y a todas las almas que caen y vuelven a leernos.
Un sabio ya en su día me lo dijo: la vida es una ruleta que sin parar gira y gira y de nada sirve la envidia, y para irse al otro barrio, nada de esto se necesita ni lo vas a evitar.
A la que iba…. Unos nueve meses antes del final de esta preciosa historia, que pudo seguir existiendo hasta este mismo minuto y segundo de mi vida; lo veía venir… es como cuando en un invierno cae la luz antes de tiempo entre los árboles.
¿ No me digáis que nunca lo habéis notado?.
Pues sí, yo sí iba viendo el final de mi historia…, pero aún así quise apostar por ella, y ella venía acercándose despacito, con ese rumor frío que anuncia los ríos cuando bajas creciditos de agua.
Y yo viendo cómo él aún hablaba de tener un cachorro conmigo, como si la vida siguiera siendo primavera .Y yo… se lo dejé claro, quizá porque aún buscaba calor donde ya solo quedaban ramas de árboles denudas; porque yo no quería más hijos.
Tal vez, si todo hubiera ido diferente, el amor hubiera echado raíces hondas, sí habría adoptado; ese pensamiento siempre lo guardé como quien guarda una semilla en el bolsillo, por si algún día llegaba el momento.
Y de pronto asomó por un pequeño orificio de la tierra, la víbora, serpenteando, decía: Sss… ¿Y el lupus… ?.
- Grrriii-grrriii… eh, eh, ¿viste ese brilli-brilli en el agua ? (se anticipó mi fiel sirviente el grillo)
No esperaba menos de Grilli (para la familia), toda una vida debiéndose en cuerpo y alma a la corona de los Corazones.
Uyyyy... miro por mi cristalera del salón y son las 16:49 h y ya apunta entre algodones de nube, un cielo se está preparando para despedirse de la mañana con sus tonos rosados.
Lo siento lectores, quiero detenerme a mirarlo.... y seguimos más adelante...
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10-Dec-2025
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Usuario Experto
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Fue espectacular el atardecer de ayer, hoy está todo más teñido de colores desteñidos sobre horizontes racheados y blancos.
Si cuando de verdad necesito ese apoyo incondicional, ese sí, el que no es necesario que se pida, ese que solo se entiende con un abrazo que no pides, que simplemente aparece…,¿ entonces qué tienes a tu lado?, ¿qué se empieza a vaciar dentro de mi corazón?.
Si en los momentos más duros, cuando mi alma tiembla como un pollito amarillo, bajo el musgo, y encima él también exige...entonces yo no necesito que me caliente más la cabeza.
Pedía poco, solo un paso adelante, un tranquila, estoy aquí, una mano firme que no me suelta.
Esa madurez de estar a la altura de las circunstancias que en esos momentos demandaba mi moral, mi corazón. Un tú ocúpate de despedirte de lo que mas amas, suspira con templanza, dosifica energía que la vas a necesitar y llora su final sutilmente; mientras la bruma invernal se enreda en los helechos y los líquenes beben el rocío que dejará la madrugada próxima.
Es cuando te das cuenta de para qué seguir, si esto ya lo venía viendo, ¿qué más espero ?. Si esta es la respuesta cuando más necesito de él, ¿qué espero tener el día de mañana ?.
Me di cuenta que mi vida le venía grande.
Una tarde de verano y bajo los párpados de una luz llena, sobre el Mar Mediterráneo: puse punto y final a la relación.
Él no entendía, aunque en el fondo de sus ojos, se escenificaba los últimos meses, que no estuvo ahí, que yo no puedo tener más paciencia con él, que mi tiempo se esfuma como la arena de playa entre mis manos, no puedo esperar a que madure. Él necesitaba vivir una vida a su mismo ritmo, y montar su familia, poquito a poco, y sintiendo lo que duele y lo que arde dentro del corazón.
Nuestra melodía de vida, empezó sonando muy bien, pero cuando comienzas a hacer arreglos musicales, subes los tonos, te das cuenta que no aguanta mi voz por soleá, un fandango, una toná y la vida no solo son momentos bellos, románticos, otoños pintados en cobre y zinc sobre el cielo, ni atarderes que incendian la orilla del río.
En mi corazón hay bosques que él nunca recorrió, secretos que duermen bajo la nieve, y es mi forma de sentir y amar sin fin, hasta incluso después de la muerte.
Mi madre fue mi pasión, mi raíz, mi primer hogar; el cordón que nos une late todavía, aunque el invierno pase por encima.
Él tristemente, solo dijo: que lo sentía…, pero y ¿los sentimientos ?.
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10-Dec-2025
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Usuario Experto
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Cielo, ¿me preguntas por los sentimientos ?.
Realmente, ¿lo has sentido alguna vez?, mírame a los ojos, por favor. Yo no soy un medio para tus fines, yo soy un fin para una persona. Yo no soy una inversión para conseguir tus sueños. Mi vida y lo que llevo adosado a mis costillas, vamos en el mismo pack.
No puedes pedirle a una azucena que se comporte como otra flor; cada una crece a su ritmo, con su fragancia y su fuerza propia, y así debemos respetarla
Creo que ni lo entendió...,
- Sabes que es ese temblor que no se explica, como esa primera helada que agrieta la tierra y aún así la protege?, (le dije con todo el dolor de mi corazón, pero muy en paz interiormente).
Cuando más lo he necesitado... he sentido que la nieve no caída suave sobre lo que me duele, y también me he impregnado del viento huracanado que arrastra lo que ya no puede quedarse
Los sentimientos son raíces que laten incluso bajo el hielo, sí cielo; invisibles, obstinadas, tercas en su verdad.
Porque amar de verdad es seguir ardiendo incluso cuando el invierno se cierne sobre el alma.
Él asintió con la cabeza, y nos dijimos: te deseo lo mejor.
Curiosamente, mi azucena, seguía permaneciendo al margen…
… y sí quedé bastante vacía, pero en ese hueco recién abierto, sonaba el crujir del invierno que iba anunciando, en silencio, que algo nuevo está a punto de nacer.
Al fondo de mi horizonte estoy viendo almas pesadas, alumbradas y acicaladas por las luces de la Navidad.
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11-Dec-2025
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Noto que se estremece la tierra y se ve salir la cabeza de la víbora, Ssschhhh-sssschhh, Ssshhh-tttsss!, Ssshhh-tttsss!
- ¿Y el lupus?.
Le clavo la mirada en el agujero y le digo:
-Has tenido suerte, víbora… Si estuviera viva la abuela, la Reina de Corazones, te pelaría a finas tiras te salaría la piel durante dos días y te convertiría en bacon para la sartén, y lo sabes.
La víbora hace un zigzag con la cabeza y astuta, como quien no quiere la cosa, empieza a sisear para que yo complete el silencio.
Esperando. Buscando…. Queriendo que yo pronuncie ese nombre que no pienso darle, y que empiece a largar...
- No empieces, o te metes para el agujero de arena o te meto....
El lupus será para otro momento, quién sabe para la primavera...
La víbora se deslizaba entre el polvo que iba levantando con un soniquete áspero Sssshhhrss moviendo la cabeza hacia atrás y hacia adelante..., Me ha pillado, la Rubí Ssshhh-tttsss…
Oye, que siempre habrá alguien que aproveche la coyuntura para aparecer, en el momento que empiezas a remover la tierra con los recuerdos que lo le importan a nadie…, o que no deberían importarle.
-¡Largo, víbora! .Y metete el veneno por donde te quepa.
Antes de poner piel en polvorosa me sacó la lengua dos veces, lenta y provocadoramente, como si quisiera cazar palabras en el aire.
-Andaaaa, vuelve a tu agujero. (le advertí)
La víbora parpadea tres veces, o lo que sea que hagan esos ojos llenos de frialdad y se retira despacio, arrastrando el polvo con un último Ssshhhh…, decepcionada quizá.
Yo me quedo mirando el agujero un instante, y murmuro:
- ¿ Reaparecerá lupus, enredándose por el exterior de las paredes de mi castillo?.
MMMMMmmmmmm-.......
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12-Dec-2025
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(Lupus quedará para más adelante, o ya veré cómo va todo...)
Hacía tiempo que no circulaba por las galerías subterráneas del bosque y me decidí a levantar la puerta secreta bajo la alfombra de musgo verde con más años que la virginidad de mi abuela, que está junto a la roca, llamada : Atalaya de Bronce, aunque, a ver…, que no tiene nada de metal ni de brillo; es una mole gris, antigua como un juramento olvidado, y dice la leyenda que late por dentro cuando alguien pasa.
Puedo confirmar que cierto es, que puedes penetrar en el submundo, y encontrarte con figuras de animales, insectos, reptiles y todo eso y más, depende de tu capacidad de imaginación en el mundo.
Así que nada que le di un manotazo (poco más y la paso de tuerca...) al pedrusco y ésta automáticamente, dio un giro sobre su mismo eje, tembló (sin descuajeringarse) una vez y media levemente, como si estuviera identificándome o recordando mi sombra después de tanto tiempo.
En la primera planta del sótano, donde están las galerías y tuberías que riegan y controlan la humedad del bosque me encontré con un insecto, a la que ya en tiempos de mis antecesores de la Corona de Corazones, la bautizaron con el nombre de Celaje.
¿ Por qué este nombre?.
No lo sé, pero es una leyenda que corre por los pasillos y hasta las paredes del Castillo Rubí, ha presenciado que cuando este insecto vuela, hay nubes tenues y matices varios...
Nació bajo el símbolo de los voladores y su horóscopo es la Sombra del Mediodía. Bajo este elemento del aire, se cobijan estos insectos, con características muy peculiares, son de doble rostro: uno luminososo, inquieto y sociable; y otro silencioso, afilado, capaz de entrar en cualquier rendija para observar sin ser vista.
Tienen un talento natural para el acercarse a ti… empiezan a revolotear como quien no quiere la cosa, con actitud aparente de inocencia, posándose brevemente, dejando que el otro se relaje… y, cuando cree que la otra persona tiene la guardia baja, capturan lo que les interesa; bien sea un gesto invisible, una palabra, una grieta.
Son maestros del disimulo, aunque un poco impresentables… hablan poco, escuchan menos, y hacen preguntas como quien comenta el clima.
A veces dices, por los clavos de la Cruz de Cristo, ¿pero esta pregunta a qué viene?.
Pero yo lo percibo eso y mucho más. Se enmascara en el vuelo, pero se le pilla rápido la órbita por la que va planeando, porque cada pregunta es una aguja: fina, ligera, y siempre dirigida al sitio exacto.
Su dualidad nace de su propio ciclo vital:
Son frágiles, pero resistentes; pequeñas, pero omnipresentes; insignificantes, pero estratégicas.
(Voy a desayunar... to be continued)
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12-Dec-2025
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Se podía escuchar cómo caía sobre el bosque lluvia fina, debía estar el firmamento bastante gris oscuro; sin embargo en las galerías introspectivas del bosque, nunca entra el sol, pero la sombra tampoco es mala, cuando es real y sincera; el problema es la actitud de Celaje, que no diferencia a quien está vaciando una bolsa de polvo sobre los ojos.
La Corona de Corazones, no puede morderla nadie.
Los mensajes invisibles cada vez caían más a pedazos, gruesos y muy pesados. Hasta para abrir ciertas cerraduras, tienes que dar luz, para que te dejen un buen día la llave que la abre, colgada en una tubería de la galería.
Puedes parchear tuberías de cobre con un tacto mate, pero claro como el estaño. Nunca puedes parchear las tuberías de plomo, porque ya de por sí son de metal y son tóxicas.
No me cabe la menor duda que Celaje, siempre pensó que yo era una tubería de plomo y por eso ella veía fugas y deseaba a ver por dónde empezar a parchar, pero se equivocó.
Creo que nunca se dio cuenta de este detalle.
No me equivoqué en mi primera intuición: Celaje fue bruma, perdón siempre fue bruma.
Ella pensará que de la alta, de la sutil, de la que tiene un brillo tenue y te hace que creas que descenderá para rodearte.
Pero jamás subirá.
Se mantiene allí abajo, flotando, mojando tu piel sin empaparla y claro, al final, allí abajo sin sol y sin saber por dónde está la fuga de humedad, o tan si quiera, si es que alguna vez la hubo, pues termina más fría que antes.
- ¡Buenos días, Rubí !.
-¿Quién me llama, uy si mírala posada sobre la manilla de la pueta...que informal vas hoy, Liria. ¿En pijama, hija?.
- ¿ Y tú mi Soberana, de nuevo con tus ideas raras?. (con voz más dulce que la miel)
- ¿ La dejastes sin juego, Rubí?.
- Digamos que la permití marchar, la ajusté… no son reflejos idénticos, Liria.
—Engaaaa, atranca esa entrada del pasadizo secreto, señora del castillo. Y vamos a respierar el aire frío que está entrando.
- Sí, cerré. Deseándole una Feliz Navidad y próspero Año Nuevo 2026.
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13-Dec-2025
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Desde mi sorbo de café, mientras la mañana se despereza con una luz gris y húmeda, invoco a Mamen. Afuera, el bosque respira lento, con nubes bajas enganchadas a las copas, como si el día también cargara un peso antiguo. Mamen era una mujer divorciada.
Cuando se casó, su marido decidió y deseó marcharse a vivir con la mujer de turno que eligió. Y cuando Mamen pensó que por fin quedaba liberada, como una hoja arrancada del árbol por el viento (a cualquier lugar, menos junto a su verdugo), fue entonces cuando comenzó otro invierno, más hondo, más congelado.
El bloque de hielo que se formó en su mente no se disolvía con ninguna estación. Para ella, el invierno podía echarle corteza al cuerpo, pero nunca llegaba a cubrirla del todo.
¿Cómo protegerte mental y psicológicamente cuando tus propias crías quieren echarte de la casa para obtener liquidez y repartírsela?.
Porque así se lo prometió el padre, como quien reparte monedas al borde de un camino embarrado.
Todos querían dinero. Mamen quería paz. Su verdugo (capaz de insinuar y meter a otra mujer en su cama sin importarle que las paredes del alma de Mamen lo vieran todo) también prefería repartir monedas con sus hijos y a cambio, llevarse otra bolsita de oro.
El bosque sabe reconocer ese trueque sucio.
Mamen observaba la mala dirección de sus hijos, su egoísmo y sus valores de mal vivir. Una de ellas, hereditaria; no sé si por sangre, pero desde luego, sí por lo que habían respirado en el ambiente....
El pequeño parecía sostener aún algo de equilibrio, como un árbol joven que resiste mejor el viento.
Cuando creyó que el sosiego llegaría, entró en el peor tifón mental. Uno de esos que exteriormente no hacen ruido, pero arrasan por dentro.
Y quienes no lo entienden nunca estuvieron en la piel de Mamen, ni bajo esa tormenta que no se ve en los mapas.
Allí siguió, año tras año, desgastándose. Liberaba algo de energía contando su invierno a quien la escuchaba. Era feliz trabajando, encontrando calor humano lejos de casa. Levantó sus alas, pesadas de nieve acumulada; volaba a trompicones, pero yo creí que algún día dibujaría un horizonte con luz.
Con los años, la distancia con sus hijos se volvió desprecio. Las palabras se endurecián cada día más. La casa dejó de ser refugio y se convirtió en trinchera. El respeto se evaporó como la niebla al amanecer.
El golpe más brutal llegó del mayor. Un día, después de una de las miles de discursiones de Mamen con sus hijos; el mayor la sacó literalmente a la puerta del Valle, junto al Río Henarés y la dejó allí, diciéndole:
-Vete de esta casa, que también es de mi padre.
Así. Como si nunca hubiera sido nada.
Mamen se quedó sola. Sola de verdad. Con casa, con hijos, pero sin suelo. El peso terminó por aplastarla, como una nevada tardía sobre una rama cansada.
Decidió quitarse la vida asfixiándose con una bolsa de plástico. No fue un arrebato. Fue el silencio de alguien a quien le habían ido quitando todo, poco a poco.
Mamen desapareció. La casa se vendió. El dinero se repartió. El bosque siguió creciendo. Y nadie volvió a nombrarla, como si nunca hubiera existido.
Hoy este relato va por ti, Mamen y que sepas que en el café del viernes, te nombré y los que compartimos ese ratito de calor y compañerismo te echamos de menos.
D.E.P
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14-Dec-2025
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Liria, eeengaaaa, levántate ya de las ramas de mis neuronas, ventila bien la corteza y bájate aquí conmigo a desayunar.
Liria, perezosa, quitándose las pelusas de las alas y con su media sonrisa, me planta un beso en la mejilla y me dice:
- Buenos días, Reina Rubí. Estás guapísima. Qué buen día se vislumbra hoy, ¿verdad?.
- Pues sí, desde aquí, frente a la hoguera, se ve el cielo encapotado con los bordes de su vestido rosa palo.
- ¿Qué quieres desayunar, Liria?.
- Un colacao bien batido con estrellitas de las que hacen pompas, Rubí.
- Marchando, colacao con estrellitas para mi princesa.
- Liria… ¿la muerte existe o no?.
- Ainsss, Reinita, no por favor, otra vez tú y tus ideas…
- Liria, chiquilla, que tú eres la voz de mi conciencia. ¿Con quién voy a charlar si aquí en este bosque los habitantes parecen mudos, o me tienen miedo?. No sé ya qué pensar, pero me da igual. Cuando me pongo a pensar no quiero hacer trampas, y contigo me siento libre.
¿Sabes una cosa, Liria?. Que tú, con lo lista que te crees, aún no lo has pillado. Te lo digo yo: ¿sabes quién es la Oyente del Bosque?
- ¿La Oyente del Bosque, Reina de mis entretetas… perdón, entretelas?
- Sí, sí, Liria. Anoche estuve hablando con ella, debajo de aquella parra de uvas (por cierto, he chorao unas uvitas para que nos salgan por la face y podamos despedir el año viejo y que entre el Nuevo Año 2026).
-Le pedirías permiso antes a la parra, ¿no? (me dice Liria, mosqueda).
- Que sí, cansina, que sí. Se las desprendí con suma delicadeza, incluso la parra, me invitaba a que cogiera unas pocas más, qué inteligente es.., yo creo que lo que quería es que siguiera haciéndola cosquillas en las ramas, sentía cómo recibía placer al elegir coger sus dulces uvas.
Bueno, a lo que iba, Liria…
La Oyente del Bosque dice que la muerte puede existir o no, depende del concepto y de la cultura de los habitantes del bosque.
Yo flipaba y ponía la misma cara que tú ahora, Liria, con las cejas encogidas y los ojos achinados de incredulidad.
Pero verás, dice la Oyente que en la naturaleza nada se apaga de golpe y porrazo. Un árbol que cae en otoño sigue alimentando el suelo, a los insectos y al resto de plantas con sus raíces. En invierno parece que todo muere, pero en realidad está en pausa, redistribuyéndose.
Y claro, me dejó que yo sola me contestara a la pregunta. Sacó su varita (con empuñadura de piedras de la roca donde el Rey Arturo clavó su espada), removió el aire y me escenificó lo que pasa con el cuerpo humano: unas partes se paran, otras siguen, otras pasan a otro ecosistema. Y que es la cultura la que decide cuándo decimos que ya es invierno del todo, aunque biológicamente haya muchos entretiempos.
Me dibujó una raya gruesa en el árbol de la vida que teníamos al lado, para que yo explicara lo que veía. Y lo consiguió, Liria. No tuve que preguntarle nada, porque ella no habla. Es así de curiosa: todo lo escenifica o te lo hace sentir a través de la naturaleza.
Y así fue como vi que no hay una frontera clara entre otoño e invierno, igual que no la hay entre la vida y la muerte. Lo que cambia es la forma, no el proceso.
Y en ese diálogo interno empiezo a ver que quizá la pregunta no es si la muerte existe, sino cómo la nombramos para poder vivir con ella.
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