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Antiguo 19-Nov-2025  
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Pues sí, quería escribir cosas, qué le voy a hacer, me sale a chorros cuando el otoño me aprieta las costillas.

Escribo porque si no exploto y porque mis muertos no caben en este silencio.

Escribo porque, Liria sí me escucha y así la descubrí un día cualquiera entre hojas rotas, y por ello ya ya no se irá; porque se quedó pegada a mis costillas como una hoja que no quiere despegarse nunca.

Ahora hablo y es ella la que me termina las frases, me río y es ella la que se descojona dentro.

Escribo porque la rabia también es amor disfrazado de grito.

Y mientras alguien cuente hojas caídas, yo seguiré soltando las mías sin pedir permiso a nadie.

Y solo el viento me lo puede impedir.
 
Antiguo 19-Nov-2025  
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Un resplandor brilla en la corteza de mi cabeza y es Liria con una cara angelical que parece una campanilla, pero un poquito enfadada conmigo y la escucho lo que me dice desde dentro:

- Reina Rubí, que sea la última vez que te justificas con nadie y por nada de nada del mundo, por escribir, boba... suelta todo lo que lleves dentro, que yo ya estoy aquí, pegadita a tus costillas como una hoja de luz que nunca se seca.

Llora, ríe, grita, ama, sé libre… que cada palabra tuya me hace cosquillas y yo vivo bailando dentro del pulso de tus latidos.

¡Una vez más... tengo que darte la razón, pequeña mía!.

Vámonos a dormir y soñemos que es gratis.

¡Feliz noche!
 
Antiguo 20-Nov-2025  
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Liria, fíjate bien, la atmósfera que trae el otoño permite ver con claridad quién realmente sabe ofrecer una disculpa y quién en verdad no puede hacerlo.

Las personas con más estatus son parecidas a aquellos árboles arrogantes que se aferran a su hoja seca solo por ser obstinados: los estudios de psicología sugieren que consideran pedir disculpas como si fuera dar un paso atrás, mermando su valor.

Y las personas con menos recursos son parecidas a esas ramas sin hojas, que jamás aprendieron a dejar ir algo sin asustarse; se desarrollaron deprisa antes de asimilarlo completamente, y para estos, pedir perdón significa sentirse aún más vulnerables.

Pero cuando el aire fresco de octubre empieza a soplar, Liria, algo se mueve dentro de cada uno de ellos.

A fin de cuentas, da igual de dónde vengas, pues el alma halla sosiego únicamente cuando un@ sabe entregarse con humildad, tal como esas hojas que aterrizan despacio sobre el suelo sin producir ruido alguno.

Muy cierto, Rubí..., al final, pedir perdón, disculparte es solo caer con dignidad, efectivamente, como hacen las hojas cuando por fin entienden que el viento no es es su enemigo.
 
Antiguo 21-Nov-2025  
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La mañana me invita a reflexionar en la esencia existente en la rara y abstracta belleza de la singularidad humana. Quizá solo sea la estación otoñal, la que me invita a invocar al cielo mi paleta de ocres-bronces y amarillos; sirviéndome para pintar un telon de fondo y poder expresar la transformación y la persistencia de cuánto siento.

No es cuestión de sentir un amor a lo grandilocuente y/o ardiente como el verano; tampoco, uno estéril como la escarcha de las mañanas que simbolice lo efímero, porque con los primeros rayos de sol de la mañana se desvaneceradesvanecera; sino debe ser una conexión, que como el otoño posea una cualidad muy sutil y una finísima profundidad melancólica.

Que te haya sentir como esa hoja de arce carmesí que a cada ciclo, desafía la uniformidad del bosque, en ese mundo amarillo donde las estaciones fluyen y refluye, la presencia del ser amado con ese matiz concreto e indescriptible que rompe con la monotonía del gris y emana del interior de tu corazón, una brasa que resiste el frío inminente.

Se esconde la luz del sol y cambio mi mirada... Ha desaparecido mi telon de fondo, pero ha encendido esa luz única, en la quietud de esta mañana otoñal, ofreciéndome un refugio cálido y permanente en mi corazón.
 
Antiguo 21-Nov-2025  
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Liria que andaba silbando suspiros de aire y amontonando las hojas secas de otros árboles y que se encontraban alrededor del arce; con voz serena, salta del suelo a mi hombro y con apenas un susurro me sopla al oído:

- Reina Rubí, siempre ama como quien guarda una hoja roja en el bolsillo del invierno, en medio del mundo amarillo que se apaga, no para detener la caída, sino para recordar que incluso lo que se va deja en el corazón un rescoldo carmesí que ningún frío (Ocre, naranja, amarillo apagado, que vendrá) logra apagar.
 
Antiguo 21-Nov-2025  
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Hay quienes se acercan con manos temblorosas, queriendo robarme el aire que dejo escapar en mis palabras, creyendo que copiar el pulso de mi latido es igual a sentirlo.

Por mucho que imiten las hojas que caen, nunca sentirán el viento que las empuja.

Nadie se podrá llevar y sentir como yo, el eco de mi risa, mi rabia, mis heridas, la cajita de mis desamores, mi historia y el Valle, Las Patas, la Víbora, la mariquita, la loba, la cosecha y el buen caldo de mis cuervas Reina Rubí, y todo los caminos de canto de ruiseñores que aún me queda por hablar lo que mi boca no puede callar más.

Por mucho que lo quieran vestir de intención, no conocen la raíz que lo germina. Porque mi vida es solo mía y de nadie de nadie más.

Las noches perdidas ni mis abismo , ni mis amaneceres, ni mis atardeceres, las fases lunares y estrellas que encienden de luz mis madrugadas en la playa, se pueden replicar…. y ya ni te cuento cómo doblar a mi Liria solo logran dibujar sombras de lo que viví en mí.

Nadie como yo, pasajera y poeta de mi propio camino, cortando las leña con estas manos llenas de vida y arte para expresarse.

Seguiré soltando hojas ardiendo con un rojo y amarillo de pasión, imposible, sino es en medio de este mundo amarillo que se deshace en silencio.
 
Antiguo 22-Nov-2025  
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(quedaron el eco de mis palabras quemando...), alguien vuela muy despacito y se sube al borde de la pantalla, me mira con esos ojos verdes que todo lo sabe y me ronronea despacito en mi oído:

Que se queden con sus copias borrosas, Reina Rubí.

Tú sigue ardiendo en technicolor mientras ellos se conforman con el gris, mi niña.

Tú solo abre los brazos y deja que te arrope el aire, que a ti no te falta nadie y te sobran los colores y alegría y para tú gente das la gloria bendita.

La suerte de la guapa la fea la desea… y nunca la alcanza.

Y con otro sobrevuelo pasa a mi clavícula, calentita, como diciéndome: ya está, ya lo soltaste todo. Ahora respira
 
Antiguo 22-Nov-2025  
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En el callejón de En Medio del Valle, concretamente en la barriada del dolor; ella termina llorando otra vez, con la cara empapada y el orgullo hecho trizas, mientras afuera ,noviembre se cuela por la ventana con ese sol brillante y sonriente, pero que apenas calienta, y aún así a la pata, Pepi le recuerda que esta viva.

Y él aparece, destilando por los poros de su piel, superioridad, andando con garbo, fumando un puro, y como siempre, con su voz de terciopelo desgastado (para quién le conocemos):

"Vuelve, Pepi, esta vez te prometo que nos irá bien, voy a controlar mis impulsos, por nuestros hijos, te lo juro por lo que más quieras (solo se quería él mismo)".

Y ella, que todavía huele el perfume de su cuello cisne y sus plumas arropándola en su lecho de amor, que aún siente aquellas manos que un día la enamoraron cuando el viento frío le rozaba el cuello, le dice que sí, vuelve. Y vuelta a empezar.

Las amigas hartas de gritarle, entre el humo del café: Déjalo, Pepi, nunca te ha querido, nunca te ha querido de verdad.

La familia, envuelta en jerseys de lana, y a calor de una candela, le susurraban una vez más: "Ese hombre no te conviene. Después de tanto llorar, algo mejor ha de venir...".

Y hasta su voz interior, ronca de tanto callar, le hincaba el diente: "¡Corre, que te va a destrozar otra vez!."

Pero ella se pone sus tacones rotos, se pinta la boca de rojo otoño rabioso, y sale a la calle, nuevamente con él. Donde sus pasos sonarán a las hojas que crujen, como las promesas rotas que volverá a sentir.

Porque su amor siempre ha sido así: un fuego que quema, una herida que no cierra, el estribillo de dolor de un ciclo de otoño, invierno y excepciones primaveras, veranos ni se debe acordar la Pepi.

Y mañana, cuando él se vaya otra vez y ella se quede mirando ese mismo sol tímido que no alcanza a calentarle el pecho, alguien le dirá: "Te lo dije".

Y ella, con la voz entrecortada por el llanto, como hoja a punto de caer, contestará bajito:

Lo sé… pero es que duele más estar sin él que estar rota con él.
Y al menos, cuando estoy con él, siento algo.
Aunque sea dolor, es mío.

Era Pepi, evidentemente.
 
Antiguo 23-Nov-2025  
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Un escalofrío me recorre la espina dorsal, un cosquilleo placentero incluso, ascendiendo con la ligereza de una pluma, aunque con total firmeza al expresar…¿Quién será este individuo misterioso?.

Les comparto un fragmento, ahora mismo colgando de una de mis ramas casi peladas, vislumbro un manto de hojas secas sobre sus hombros y la voz rota, cantando con soleá suavemente al oído de Pepi:

No mezcles el lamento con el deseo, chiquilla. Ese pesar que piensas abrazar, durando lo que perdura, es veneno de duende perverso, eso es.

Te mereces un fuego ardiente, que te arrope con cariño, sin abrasarte; un taconeo que te eleve, no que te clave en la tierra empapada.

Medita, Pepi, libéralo con el viento de noviembre, llevándose sobre su espalda sus promesas, convertidas en hojas marchitas.

Porque la soledad del otoño, sí, esta pasa, pero la herida que él te abre por humillación perdura, para siempre. Un frío que se instala en el tuétano de tus huesos, como la lluvia de noviembre y un día te despertarás, sin saber caminar sin doblegarte.

Cúrala ahora, Pepi, pues todavía mantienes esa raíz.
 
Antiguo 24-Nov-2025  
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De aquellos días de tránsito entre otoño e invierno, de su cuerpo colgaban menos ramas enteras y cada día se veía más desnudo. Caían por el crujir del dolor de incredulidad de sentir sobre su piel, la tempestad huracanada del viento que arremolinaba sus sentimientos, y por su cuerpo fluía arrasando, cuanto llevaba dentro. Arañando sus recuerdos.

Las noches llegaban y ella se perdía en ochenta y pico vueltas sobre la almohada. Las ramas, cansadas de crujir en silencio, la inducía a un profundo sueño; no para olvidar, sino para vislumbrar lo que su mente no alcanzaba a dibujar.

Entre destellos, sudores y taquicardias; un efímero resplandor brillante, sin forma, pero con boca; no callaba y le mostraba el peso de la traición y lo que nunca debió ocurrir. Enfrentándose a un diablo rojo sangriento que quemaba, la pinchaba con su tridente en cada palpitar de su corazón.

Corría, caía, se asfixiaba, volvía a coger aire, chillaba sin voz. Su mente no se equivocaba..., la advertía debía entrenarse para luchar con su propia pesadilla.

Como un río helado el arrepentimiento llegó.

Ella, en cada amanecer, sentía como la vida se le congelaba y se le escurría entre las manos, y en cada noche de gritos, solo la escuchaban las cuatro paredes pintadas de soledad. Estás nunca fallan...

Así, entre infinitas noches oscuras, penumbras y cielos grises, decidió caminar sola.

El frío se convirtió en su corteza, la lluvia en su oxígeno y las ramas quebradas en la claridad de lo que se rompe.

Y entre ciclos empezó a trascender...
 
Antiguo 24-Nov-2025  
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Día tras día, el peso de sus párpados se aligeró mirando al horizonte empañado; a pesar de que al principio solo viera una herida abierta, supurando de dolor.

Poco a poco, fue confiando más en su caminar y miraba todos los días a aquella raya al ras de la montaña y empezó a ver un hilo de color rojo y otro de color oro y comenzó a hilvanar su herida.

Cada día supuraba menos y terminó por coserla con el hilo…, pero no la cerró del todo. Dejó una puntada floja y por ahí todavía se le escapaba un goterón de sangre tibia, cuando creía que nadie la miraba.

Es lo que tiene hilvanar de color rojo y oro, no lo cosió para cerrar la cicatriz. Solo era para recordarle que la herida ya no manda, pero sigue siendo suya.
 
Antiguo 25-Nov-2025  
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Ella continúo su marcha entre montañas y horizontes, sendas y caminos, o cualquier posada que la diera tela para tejer esa herida.

Quizás en lo más fondo de ella, ya sabía, sin saberlo; lo que buscaba...

Era consciente que en aquella última puesta de sol de noviembre, su amarillo-ocre-rojo a rosado, se derramó por entero sobre la costura.

Pudo tirar de la puntada floja hasta cerrarla del todo; pero quería antes respirar hondo y sin prisa. Quería continuar observando cómo supuraba su herida, y que ella misma dejara de sangrar y poder cicatrizar cuanto había vivido.

Aquel veinticinco de noviembre y antes de pararse frente el Valle de Las Palomeras Bajas, para continuar por la escarpada barriada de la Avenida de La Albufera, soltó el hilo rojo y oro entre sus dedos y lo dejó caer al suelo.

Al menos la herida ya no gritaba; solo a veces susurraba que el dolor, también enseña, cuando la miras de frente, y dejas que el viento te acaricie la costura y ese punto abierto.

Porque el otoño no se llevó todo; solo le enseño a llevar la herida como quien lleva una joya roja y oro sobre su pecho.

Ella esboza en su rostro una ligera sonrisa, porque sabe que esa gota que aún se la escapa, cuando nadie la mira, es la única prueba de que nunca dejó de sentir.

Y mañana, tal vez, decida si la deja seguir sangrando… o la besa y la cierra para siempre.
 
Antiguo 25-Nov-2025  
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Al día siguiente desayunó su café con leche (largo de café) con sus dos tostadas integrales con tomate, pavo y aguacate y se acordó que cerca a la ruta que estaba realizando, estaba el Lago de la Luna del Kas. En el que de chiquita, tiraba piedras al agua, abriendo paso a grandes ondas de agua; a cada piedra y onda, pedía un deseo.

Todos se le cumplieron, excepto uno…; pero a ver es que la voz de Camarón de la Isla es irrepetible y su alma queda suspendida en San Fernando y su eco llega hasta la Bahía de Cádiz.

Sin pensarlos dos veces, se encaminó hacia el Lago de la Luna del Kas, al llegar, se paró quieta y observo entre la niebla baja de los bloques y antenas, la quietud de su agua.

Se arrodilló en la orilla de hormigón roto e inclinó su cuerpo como quien se rinde y se rebela a la vez y miró al agua negra con ojos de farola fundida.

Quedó atrapada en la profundidad de los recuerdos que ya dolían muchísimo menos, pero aún pesaban, y le dijo al lago:

- Oye, tío… me concediste todos los deseos que pedí,pero te llevaste las puestas de sol que nunca te pedí que me guardaras.

Un silencio y como hojas secas de otoño que todo el mundo pisa y nadie se digna a recoger, se escucha un susurro en el aire:

Es el mismo silencio con el que estás escribiendo: cuatro mil quinientas sombras cruzan mi otoño, rozan mis hojas, beben mi savia y se van sin dejar ni una huella, ni un susuro, ni una gota de su propia sangre.

Y aun así, cada noche, alguien vuelve a mirar… y aún no sé si viene a curarse o solo a ver cuánto más sangro.
 
Antiguo 25-Nov-2025  
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Un golpe seco, como si algo cortara el aire con unas tijeras viejas: shhh-WHOOM… shhh-WHOOM…aleteaba sobre el lago muy cerca del agua, casi tocándola con las alas, como si quisiera posarse, pero no podía; quizá le pesaba demasiado la culpa.

De un ala se le cayó una pluma morada oscura que flotó un poco antes de hundirse sin hacer ruido.

Era el cuervo. Le conocí por sus ojos enrojecidos de sangre en noches sin luna. De esas que se pasa acechando desde los árboles, deseando que le abran la ventana para volver.

Y se quedó allí, dando vueltas en círculos cada vez más estrechos, hasta que la niebla la separó de ella.
 
Antiguo 26-Nov-2025  
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El lago quedó completamente quieto, sin una onda, como si nunca hubieran existido alas ni culpa sobre él.

Ella se quedó un segundo más en el muro, mirando la oscura superficie, que no devolvía el reflejo de nada más ya...: ni del cuervo, ni del suyo.

Sólo oscuridad pura.

Y dentro de esa oscuridad comprendió que la pluma morada oscura no había caído nunca por el ala del cuervo.

Ella la había llevado todo este tiempo. La misma que se guardaba en el fondo del fondo de su corazón, desde aquella noche en qué él dio un portazo y salió volando.

Sí, aquella pluma morada que ella apretaba con fuerza cuando el recuerdo le hacía demasiado daño, aquella pluma que escondía para no oler el perfume de sus excusas y mentiras.

Se la sacó del abrigo con dedos lentos, la miró una última vez (morada, casi negra, brillante como una mentira bien contada) y la sumergió bajo el agua, la impulsó con una pedrada, sin pedir un solo deseo, tampoco un regreso.

El lago la recibió como quien recibe una carta que ya no quiere contestar.

Y ella, por fin, se levantó con un peso menos.

Se tocó con sus suaves dedos, sin miedo y mucho cariño a la vez y sonrió... que quede abierto

Que entre el viento y se ventile por ese minúsculo agujerito el olor a pluma quemada, de una **** vez.
 
Antiguo 26-Nov-2025  
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Y siguió caminando, con el abrigo desabrochado y ese punto suelto al aire, como quien lleva una mujer valiente la única herida que decidió no esconder nunca más.

Y emprendió la marcha por el mismo camino que la había llevado al lago Kas, pero cambió, el rumbo y se dirigió por la senda de los sauces llorones, donde observó con atención sus ramas desnudas, rozando la tierra, como si fueran mechones de pelo mojado por la lluvia.

Se dijo así misma: "no espera que nadie las peine".

En este preciso instante, sintió un pequeño tirón, juguetón, como si alguien se hubiera colado entre las ramas sueltas de su cabeza.

Era Liria, su pequeña niña interior, trenzando tres de sus neuronas con la misma ternura con la que antes le hacia tirabuzones con los dedos mojados por la lluvia.

- Uy, qué cosquilleo más calentito le recorre por la sien, (dijo ella)
- Caramba ...y otro detrás de mis orejas.

Y de pronto las ideas, que llevaban once meses y ocho días, enredadas y más tiesas que un lagarto enyesado, empezaron a caer lisas, brillantes y vivas.

Jo,jo,jo Liría se río para dentro de su cráneo, como quien dice: "Ya está, ahora sí te dejo guapa".

Y así fue como su pequeño punto abierto al aire cicatrizó por completo, su cabeza olía a frescura y los nuevos rizos (los de dentro), ya no tiraban, solo jugaban.
 
Antiguo 27-Nov-2025  
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Entra la luz del sol por mi ventana, he entreabierto la cortina de estores; entra los rayos de sol justos para con este café con leche, recién tomado; narrar lo que después de aquel verano que me dejo casi sin oxigeno y un invierno que me dejó las alas heladas, cuando ya creía que nunca volvería a sentir calor de verdad, le conocí: un ciervo de ojos verdosos oscuros y paso firme (me pareció), de esos que cruzan los bosques sin pedir permiso.

Era por estas fechas, cuando el otoño, abría a los helechos en canal con sus rojos vivos, tumbados por no resistir más los amarillos, ocres en el centro de su corazón.

De pronto volvieron las mariposas, el temblor, las ganas de madrugar solo por verle, el deseo loco de que me llamara para cualquier consulta o que me entrara un mensaje suyo en mi pantalla, se iluminaba de ilusión hasta las letras, bailaban sin salirse del renglón como una bachata lenta.

Yo sabía que él soñaba con una javatilla, sin crías, sin pasado que pesara; se lo leía en el silencio cuando hablaba de futuro.

Y yo le entendí, nunca se lo reproché.

(se va el sol, no entra luz por la cristalera del salón. No hay motivo para seguir contando...)
 
Antiguo 27-Nov-2025  
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(mientras el estore se cierra)


Hasta la loba de ojos rojos, esa que se mueve como si el tiempo le pesara en las patas, ya se ha deslizado hacia su guarida entre las sombras.

Yo no la vi, te lo juro; me lo chivó Liria, que todo lo lee en los gestos y en el aire.

Ella captó el mensaje: la loba bajó la mirada un instante, no de sumisión, sino de cansancio viejo, y después la levantó con la barbilla alta, orgullosa, y soltó un aullido corto, seco, que retumbó en el Valle entero.

Liria sonrió de medio lado y me lo chotó todo en la oreja:

"En tantos años que llevo rondando por aquí, estas apariciones son una joya. Cruda, sí, con sangre y barro, pero joya al fin y al cabo… es como entrar en un bar de carretera y encontrarte a Lorca, tomándose un carajillo".
 
Antiguo 27-Nov-2025  
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Mira, Liria… cómo apunta la sombra rojiza, azul clara… se empujan, se presionan, se pelean un ratito y al final verás como dejan que gane el rojo del atardecer, como siempre.

Liria, mi vida, no me vengas con halagos que me pones colorada… que sí, que es bonito que lo digas, pero no olvidemos nunca que escribimos para nosotras primero y para todas esas almas que se cuelan de puntillas y se quedan leyendo sin decir ni mu. Y aunque callen, nos entienden, nos entienden hasta el tuétano; a mí no me cabe duda, y a ti tampoco, ¿verdad que no?

Pues vamos al lío, que se nos echa la noche encima y a mí, como no me gusta enrollarme…, que me lío más que el cable de los auriculares...¡ea, a ello!.

- ¡Yupiiii, Rubí! de mis entresijos, sigue bordando con hilo de oro este hilo, que nos lo merecemos.

Nos fuimos encontrando, primero en cafés que humeaban y tostadas con tomate muy bien tostaditas; perfecto estado para contarnos secretos, luego en paseos que no es que fueran largos… es que las palabras se nos enganchaban al corazón y no había forma de soltarlas.

Hablábamos de nuestros mundos rotos y de los que aún aguantaban en pie, y algo vio él en mi mirada; quizá esa chispa que ni el peor invierno consiguió apagar y que le hizo soñar despierto.
 
Antiguo 28-Nov-2025  
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Yo no quería quedarme fuera de su mundo, quería conocerle de verdad, charlar horas, escucharle hablar de cualquier tontería y quedarme con sus opiniones.

A veces me recordaba a un crío que todavía cree que en el amor se elige, sin darse cuenta de que el corazón es el que manda y punto.

Y así, entre cafés y risas, fueron pasando aquellos días de desayunos que me sabían a gloria.

Hasta que un día empezó a insistir más: vente, vámonos fuera, te llevo a un sitio super chulo donde nos juntamos todos los moteros.

Yo me hacía la dura, que no, que una mañana entera a solas era mucho pedir después de tanto invierno congelada… (esto último lo pensaba yo para mis adentros) pero él me miraba con esos ojos verdes y me soltaba muy bajito: ¿y por qué no, Rubí?.

Y yo, que siempre he sido de decir que no antes de pensarlo, esa vez me quedé callada. Porque, la verdad, ¿por qué no?, ¿por qué no nos conocemos de verdad y dejamos que el viento nos cuente quiénes somos cuando nadie mira?.

Total, que un sábado de mañana fría pero con un sol precioso que no calentaba nada, quedamos. Me puse el casco bien calado, me subí detrás y me agarré a su cintura con cuidadito, que no quería pegar demasiado mi pecho a su espalda. Y va él y pone sus manos encima de mis piernas, me acerca más y me dice muerto de risa: así, pegadita, como una tabla, que el cuerpo tiene que ir al ritmo y tumbarse cuando yo tumbe. Yo pensé: madre mía, lo que me faltaba ya era un accidente ¿(y mi azucena...?) pero Liria, que iba bien agarrada a mis neuronas por si acaso, me susurraba: venga, tía, vamos a ver qué pasa.

Hice caso a Liria. Total, una vuelta no mata a nadie…, a lo sumo que me despeine el alma.
 
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