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No sentí rabia. Simplemente, bajé la mirada y me dispuse recoger mi mochila y mi bastón, indispensable para apartar las malas hierbas o a guardar la estabilidad al bajar las pendientes; al derivar mi mente en un mirar al horizonte; en lugar de prestar atención a que sigo aquí y viva.

Por las caracolas de mis oídos entra la brisa húmeda y perfumada del arroyo de Majavilán, cargadísima a olor a musgo, helechos y hojas mojadas. Unos ojos muy grandes me iluminan interiormente y su cabello me sirve de gasas para curar mis heridas. Esas a las que nadie importa.

Ella es Liria (diciéndome):

- Respira hondo mi pequeña, Reina Rubí. No busques el sol, él te encontrara a ti. Cielo, del presente no se huye, sigue caminando…, que incluso esta luz que ahora te duele, también despierta.

Y fue ahí cuando el viento pronunció mi nombre.
 
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Mi abuela fue la Ilustrísima Reina de Corazones, mujer de carácter ácido, perteneciente al gran y noble linaje de los Corazones rotos y con gran vocación en la disolución de las grandes tropas de infieles que osaran asaltar su castillo. Gran señora, risueña, aunque no encontraba placer entre los aplausos y multitudes, y por eso murió condenada en la soledad de su torre de aislamiento.

Posteriormente se marcho una larga temporada (según fuentes oficiales) al refugio de la residencia familiar de Sandringham, en Norfolk (Inglaterra). Donde fue muy bien recibida y acogida.

Un buen día, asomada a su torre, una paloma mensajera se le acercó con un trocito de papel en su pico blanco y un mensaje: "Piénsatelo un poco más".

La yaya decidió volver a su trono de soledad, no sin antes haberlo meditado, caminando durante siete y un último suspiro de noches, entre las espesas nieblas y los jardines privados llenos de hojas deshojadas, de la ciudad inglesa. Por cierto, allí descubrió la delicada hoja de Camellia sinensis (té), que tanto disfrutó en aquellas interminables tardes de biblioteca, rodeada del olor a madera y del misterio que desprendían sus libros.

Aun así, no se adaptó. Oficialmente pidió su ejecución y yace en el sacro sepulcro de la familia real.

Antes de marcharse, dejó una semilla que germinó con mi mamá, Queen Hearts. No sé si fue el azar o por capricho del destino; no lo recuerdo con claridad. Todo esto ocurrió hace más de un lustros. Dicen que mi mamá heredó la habilidad centenaria del reino: barajar el mazo, repartir y arrastrar cartas.

Las dos Reinas eran como dos gotas de agua, o eso dicen. Vete tú a saber. Anda que no hay vende humos en todo reinado.

La profecía volvió a cumplirse. Mi mamá, Queen Hearts, tampoco se adaptó al sillón ni se sintió cómoda con su nombre inglés. El entorno no la envolvía y siguió los pasos de la abuela, la Reina de Corazones. No soportaba más su corona y pidió su ejecución. Ambas descansan juntas (no muy lejos de este hilo) en el sacro sepulcro de la familia real.

Antes de marcharse, Queen Hearts dejó otra semilla. Esta vez, según cuentan, rezó un salmo 20:4-5 para que su heredera se llamase, Reina Rubí, y llevase en su sangre la fuerza de quienes nunca se rinden, la resiliencia de mi mamá y la sensibilidad de mi abuela, la Reina de Corazones.

También heredé las Cuevas Reina Rubí, donde cuidamos la uva como un tesoro y elaboramos el mejor Chardonnay, que guarda en cada sorbo la historia de quienes vinieron antes.

¿Habrá as guardado bajo la manga?.


D.E.P
 
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El firmamento tomó un aspecto tétrico, hostil y de engañosa realidad.

Un cuervo de cuerpo lustroso, con plumas negras azabache, un fuerte pico curvado, como el gancho de una percha, rompe y atraviesa la paz del cielo; dejando con su vuelo en el aire un rastro de graznidos, que hasta la luna llena se arrepintió de salir aquella noche. Su vuelo en forma de elipse descendían lentamente y cada vez más; observando con ojos de color carbón encendido de los que emanaban pequeños canutos de humo, haciendo toser al propio firmamento. Revoloteó sobre las estatuas de mármol de mis antepasados, donde reposan las historias y hazañas más nobles de este Reino. Detuvo su vuelo al llegar al sepulcro, posó sus enormes garras sobre el frío mármol y río con sorna, como si entendiera más de lo que los vivos estuvieran dispuestos a admitir. Alzó el cuello y dejó escapar un graznido que hizo tintinear las piedras que contenía la Fuente de los Deseos: Crack-crack-craaaá, "poca resiliencia tendría, las damas del linaje" (o algo así me pareció escuchar), si ambas pidieron ser ejecutadas entre estos muros.

El eco humillante del graznido resonó como el murmullo de un pensamiento colectivo que recorrió los pasadizos y corredores más secretos del castillo y fue llevado entre las bocas más envenenadas del pueblo. Sí, de aquellos que opinan sin observar y juzgan desde las sombras.

El negro cuervo, satisfecho de juzgar a las dos antiguas Reinas, alzó nuevamente el vuelo, dejando caer una uña negra que tintineo sobre la placa dorada, que decía: "Aquí descansan las que nunca cedieron, ni siquiera ante sí mismas",que ordenó grabar antes de su ejecución, mi mamá Queen Of Hearts.

Una serpiente vívora de color tierra, se camuflaba, entre aquellas otoñales y tierras húmedas, escupiendo veneno: “yo se quién es tu padre, Reina Rubí”.
 
Antiguo 12-Nov-2025  
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—No te escucho bien, serpiente (respondí exhausta).

La serpiente se lanzó golpeándose con fuerza contra un castaño centenario y se enroscó en una de sus ramas, dando cuatro vueltas sobre su largo y blando cuerpo. Luego volvió a escupir su lengua de fuego:

"Ssshh… Yo ssssé quiééén esss tu padreee, Reinaa Rubííí…"

Reina Rubí quedó perpleja. ¿Cómo podía aquella bicha repugnante y venosa saber más que yo ?.

A ella le contaron que ella era hija de la pluma y tinta compartida al escribir con mamá, Queen of Hearts y que un buen día la pluma se secó por dentro y falleció de tristeza.

La serpiente, aún enroscada en la rama, abrió la boca repleta de dientes afilados y brillantes, y volvió a pronunciar:

“Tuuu padreee… fuee un espíííritu del Cassstillo del Amorr… sssse envenenóóó por los celossss que le devoraban el almaaa… al ver a tu madreee, la bellaaa y poderosa Queen Hearrrts essscriiibir en la ssssala del amooor, ssseee era desssssseaadaa por ssssuuuu atreeeevimieeeentooo al deeeesnudaarssssseeeeee delante de todos…”

Yo rompí a llorar desconsoladamente. Mi madre, Queen of Hearts, me inculcó valores morales y ético, además creía en el amor sin fin, incluso después de la muerte.Como yo

-¡Me engañó! No se lo perdonaré nunca jamás.

A la luz de la luna, una figura comenzó a aullar. Una loba se acercaba a nosotras con paso firme, cauteloso, majestuoso.

"¡Aaaaaauuuuuuuuuuuuuu…!".

—¡Basta de hacer daño, serpiente venenosa! (rugió la loba).
—Reina Rubí, solo yo sé la verdad, bueno y..., amenudo ausente (aulló la loba).

—¡Dímelo ya mismo, loba! . Te agasajare con las mejores cosechas de mis viñas de vino. (exclamé).

—Tranquilízate, Reina Rubí, y te lo contaré (respondió con voz grave).

Nunca supe su nombre, pero comprendí que aquella loba era la más vieja del lugar, la guardiana de las almas que aún tenía voz entre estas salas.

—Yo soy quien más años lleva aquí, y he visto de todo (dijo). Algunos aseguran que tu padre fue un alma errante; otros, que fue el propio espíritu del lugar, la voz que une a todos los que escriben.

Y así fue como te contó tu mamá, Queen, entonces tú, Reina Rubí, eres hija de la palabra, del eco de quienes se negaron a olvidar.

Quedé rendida sobre su lomo negro y seguí soñando hasta hoy, ZZZZZZZzzzzzzzz
 
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...al poco rato, la loba contempló plácidamente el profundo sueño en el que había mutado Reina Rubí, y decidió emprender su huida hacia su refugio, antes del amanecer: su misión estaba cumplida.

Se levanto lenta y delicadamente para no despertar a Rubí, viró su lomo hacia la luz de la luna y se encamino hacia ella, pasando junto al viejo castaño; percibiendo la mirada fría de la bicha, aún enrollada en el árbol. La loba la penetró con su mirada, como finos cuchillos de dientes, preparados para un sangrienta noche de luna llena. ¡ AAAAAuuuuuu…!: "aquí ya sabes quién manda..."

La víbora, frustrada, reptó entre las ramas del árbol con rabia, perdiendo el equilibrio que hizo que cayese al suelo; velozmente se introdujo entre la húmeda tierra.

Liria lo vio todo, mientras Rubí, seguía sumida en su estado REM. Con un gesto de tímido guiño se despidió de la loba.
 
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La lluvia del otoño arrastra las hojas secas y las arremolina formando obstáculos de piedras en el lento flujo del río.

Una se acerca al río con la esperanza de escuchar algo más que su propia voz, pero solo escucha su eco cuando las palabras suenan a corriente sin alma.

Así me siento junto al río, lanzando pequeñas piedras al agua que ya no quiere murmurar, nada de nada. Debe ser que la brisa se lleva su voz y se disuelve entre los juncos, como si nada, mirando solo el el tic-tac del deber.

Y tú que llegas con un corazón abierto, terminas observando cómo el otoño se se sigue deshojando sobre sí mismo, aceptando que hay silencios que ni el río ni las hojas logran descifrar.

El quejío del viento seguirá disecando mis ramas...
 
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El cielo pintaba como con un manchurrón corrido de tonos plomizos e hilos de plata negra. Allí te vi... ahí tirada, al lado de una piedra que era puro musgo verde envejecido, como si acabarás de estrellarte de un roble que todavía era un chaval.

Me agaché, te cogí con el dedo índice y el anular, cuidadosamente te acomodé sobre la palma de mi mano, como dos amigas íntimas y fuéramos a echar un rato hablando de la vida.

Estabas hecha polvo, más tostá que una castaña asada, tiritabas de frío y condesabas puro dolor, carcomida por la lluvia y la humedad, con esa formita tuya de corazón pero como un poco aplastada y con una rajita chiquitica que te abría por la mitad.

Mire a mi alrededor y ninguna otra que se te pareciese. Parecías una hoja rendida, como cuando yo dije: ¡basta!, perdiendo la textura del olor de mi piel, apunto de tirar todas mis ramas y despeñarme por un acantilado. Así te veo, tan pequeñita como yo; sin vida.

Ese corte que te dieron ya no sangra, solo deja entrar la luz... y sentí un pellizco que me retorció las tripas por dentro. Yo no soy hoja ni nada de nada, pero sé lo que es eso duele.

- ¿Quién te jodió la vida, pequeñaja mía?, ¿no dices ni pío?.

Da igual hojita, eres linda; a pesar de estar marchita. Seguro que te jodieron la vida antes de caer: sí, cuando estabas ahí colgada y entera.


Esa fina grieta es la misma que tengo yo, que se clava como espinas en mi corazón.

¿Sabes una cosita?. Realmente no duele caer como hoja de otoño para volver a renacer. Es desolador quedarte sin nadie que te sujete, sin raíces, y que el mundo no entienda, que quieres estar en ese puto sitio que te da la paz.

Y de golpe y porrazo, una frase resonó en mi cabeza, como si me dijeran: la hoja no muere cuando se parte, se muere cuando se cierra.

Era Liria, evidentemente.
 
Antiguo 15-Nov-2025  
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No sé qué me pasa con el otoño, pero siempre me va penetrando con la brisa de sus tinieblas, como cuchillos de sierra que desmenuza hebras de hilo gris mi alma. Me pilla así, sí como del revés. ¡Ojo! que igual soy yo que se me presenta la mañana atravesada.

Aún así sigo adelante, avanzando por aquel sendero entre colinas que estaban más raras que otros días: desvanecido el color de la arena blanca, con la sed de la memoria por gritar la verdad; como cuando te levantas sin café y vas arrastrando las zapatillas por toda la casa, con los parpados de los ojos pegados y te cuesta abrirlos, y no tienes ganitas de hablar con nadie; pues eso igualito mi caminar.

A cada paso siento la huella del crujir de mis pisadas, como si quisieran llevarme a algún pensamiento escondido, pero no quiero mirar atrás; pero de vez en cuando de algún castaño caían castañas, "plof, plof, plof" e inviaban a agrietarse un poquito las ramas de mi mente. Ese sonsonete me abría recuerdos, guardados en esa cajita de madera seca, y claro nuca estuvo bien cerrada y ahí estaban, asomando.

Al menos mis pisadas crujían bajo la suela de mis botas y pensé algo absurdo, pero real: si yo crujiera igual, por lo menos me oiría alguien. Pero mi sonsonete es muy mío, mudo, aunque ahoga y presiona ahí dentro, sin peso pero que empuja igual a soltar mi llanto de dolor y soledad.

Un tintineo de ramas siento en mi mente y allí aparece ella, Liria; colgada, haciendo piruetas entre las ramas, así sin pedirme permiso entre mi desorden, como si ella fuera la única que manda en mi cabeza.

No sé cómo explicarlo, porque esta vez no es una voz la que me habla; es más parecido a esa sensación que aparece cuando más la necesitas y te recuerda que en ti hay alguien que te quiere sin más. Ella me inunda con un abrazo, ese que nunca has pedido, pero que igualmente te cae encima.

- Vamos, Reina Rubí, respira mujer. No eres rama rota, sino árbol muy cargado (tal cual me lo suelta).

Me da rabia reconocerlo, pero tiene razón, ¿debería odiarla un poco por tenerla en mí ?. Noooo.

Liria, de verdad, es que hay momentos que parecen hechos aposta para fastidiarte el día y me hacen sentir que no existo para nadie, y es cuando mis temores me paran en marcha, no quiero engañar a nadie por fuera; pero la maldad a veces, se empeña de hurgar los recuerdos y me desgasta por dentro.

Liria se ríe cariñosamente y da un salto a las ramas más altas de mi mente y me dice: muujeeer la maldad real no está fuera, está cuando estás convencida de que ya no puedes más. Este día otoñal no te está atacando, solo está cumpliendo un ciclo.

Y sigo andando, dándole una patada a una hoja, sin querer. Y respiro, un "yo qué sé qué se yo" un poco más hondo. Y pienso que quizá esto no es caerse ni hundirse ni castañas castizas: es cambiar de piel. Como las hojas, que se dejan caer porque toca, no porque quieran dramatizar.
 
Antiguo 15-Nov-2025  
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Se escucha de fondo un susurro áspero, ¡fssshhh…!, como si algo o alguien vivo rozase la tierra húmeda, ¡rrrff…!

Era la víbora, recuperándose del tremendo batacazo que se pegó al caer de aquel árbol, junto a las estatuas de nuestra inolvidable e inigualable y noble estirpe, que este bosque guardará en su memoria para toda la vida. Reptaba desde un pequeño orificio que se abría paso en un minúsculo montículo de arena. No venía sola: estaba grávida.

Alzó la mitad de su cuerpo musculoso y, sacando la lengua, tss-tss, observó el paisaje de diario otoñal que se reflejaba en sus pupilas finas, afiladas como un corte de cuchilla.

Entonces, una bocanada de ventisca se levantó y la víbora, de un taponazo de aire, quedó sepultada de nuevo en su propio orificio de arena. Dejando claro que nadie es solo lo que parece; incluso lo que asusta también guarda vida por dentro.
 
Antiguo 15-Nov-2025  
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Liria tirándome y haciéndome cosquillas en una de mis ramitas mentales, todo ello para llamar mi atención, como si no la conociera yo, o ella a mí.

- ¿Qué quieres, nena? ¿estás aburrida o qué? Tócate tú… no sé, tócate las puntas de las alas esas imaginarias que te sacas cuando te da la gana.

- No, Rubí. El otro día a alguien le dijiste: "te lo juro por mi honor y por mis muertos". Y me quedé sorprendida. ¿Antes de despertarme a mí, también lo decías?.

- Liria, por favor, no me taladres la corteza de la cabeza, que pareces un pájaro carpintero.

- Reina Rubí, quiero saberlo todo de ti.

- Liria, corazón… Tú vas a saber lo que yo quiero que sepas,¿ of course?, como diría la mamá, Queen of Hearts. Estás hoy muy preguntona, ¿no habrás bebido vinito de Chardonnay?, porque parece que te está fermentando y abriendo demasiado la boca.

- No, no bebí nada de nada. No lo necesito, listilla.

- Pues date una vuelta por ahí, por las galerías del subconsciente, a ver con quién te encuentras, guapita de cara. Y ya sabes: cuando yo intervenga, si te he dicho que no, es que no. Y a partir de ahí, las bromas las justas.

- Andaaa ya, Reina, no seas bocazas, si estás deseando contármelo. Y se cruzó de brazos, respoplando (mentalmente, claro).

- Mira, hija, tú te crees muy lista, pero no. Hoy no. Me duelen hasta las raíces de las sienes.

Liria se me acerca despacio, como si caminara por encima de mi respiración.

- Por eso mismo, Reina. Cuando te duele algo es cuando más verdad dices. Venga, Rubí, que te veo el alma inflada, como cuando la olla empieza a silbar.

- A ver…y trague saliva para hacerme la interesante antes de explicarme. Ese "te lo juro por mi honor y por mis muertos" me salió solo, como un Do de pecho. Es de antes, sí. De cuando todavía no tenía nombre para describir lo que me tocaba dentro.

Liria ladea la cabeza, curiosa.

- ¿Y a qué te agarrabas?.

- A los vivos que ya no están (la digo, sin drama, solo con verdad). A lo que se pierde y aun así te sostiene. Pero no era prometer por prometer, ¿eh?. Era decir: Esto va en serio, aunque yo vaya hecha un lío".

Liria se queda quieta un instante, como si oliera algo en el aire.

-MMmmm...pues me gusta, Reina. Suena a verdad de las que pinchan un poco. Como tú.

- Anda, tira, tira... (la digo). Déjame en paz un rato.

- No, de eso nada de nada. (y sonríe con esa sonrisa que no tiene boca pero que se siente). Ahora menos. Que cuando empiezas así, es que todavía te queda algo por soltar.
 
Antiguo 15-Nov-2025  
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- D É J A M E en paz, please!, te lo digo por segunda vez.

Liria me mira con cara pensativa y se va acercando un poco más a mi pensamiento, susurrándome:

- Rubí, te conozco más de lo que tú te piensas. Sé que guardas secretos aquí dentro de estos sesos, como cuando recogías de la montaña, hojas secas y las guardabas entre las páginas de tus libros favoritos.

- Aaaay, qué cansina eres, Liria. Vaaale, pues sí. A veces, no te cierra bien la coraza del pecho y crujen al tocarlas, Liria.

- ¿Y las que te crujen, Reinita, pesan mucho?.

- A veces, sí, pero sirven para seguir caminando y aprender a poner atención en todo aquello que verdaderamente merece la pena.

- ¿Tú no sabías que esas hojas crujientes también te enseñan a decir lo que duele?.

- Sí… y a veces a callarlo, Liria, que también es un arte.

- Mmmm...callar, ¿eh,..?. Suena un poquito aburrido, pero debe ser divertido para quien sabe hacerlo.

- Todo depende… si sabes cuándo abrir la boca, y entonces, hasta el silencio puede gritar verdades.
 
Antiguo 16-Nov-2025  
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Liria vuelve a ladear ligeramente la cabeza hacia el lado izquierdo, prestándome mucha atención y me pregunta en qué momento es cuando el pecho me da ese empujón para hablar; si huelo la tormenta antes de que ésta llegue.
¡Ufff, qué chica! (me salió del alma), porque esta mujer me tantea constantemente y al final consigue colarse por la grieta.

- Liria me hace un tirabuzón con tres de mis ramitas, con una neurona despistada, un axón que siempre llega tarde y un trocito de seso que aún huele a infancia y me dice: los borrachos dicen la verdad… los sobrios la esconden donde solo el corazón sabe encontrarla.

- Pues sí, Liria y hay otras ocasiones en las que mira, pequeña mía; te pillan las prisas del corazón y suelto lo primero que me arde y así voy vaciándome interiormente y respiro. Y luego pues nada, a recoger los pedacitos que dejo tirados.

Liría me echa una de sus sonrisas más bellas y condescendientes que tiene conmigo. Reconozco muy bien cuando ella me sonríe así, es porque acaba de escuchar la respuesta que esperaba y me espeta:

- Aaaay, Rubí… ya sabía yo por donde ibas (con esa risita que no es para consolar).
 
Antiguo 16-Nov-2025  
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Te voy a disculpar, Liria; pero es que a veces preguntas unas cosas, hija. Si es que te estoy dando la respuesta y me vuelves a hacer la pregunta implícita en mi respuesta. ¿ A qué juegas?. ¿Por cierto, te asomado a ver la luz de sol tímida que brilla hoy en esta mañana de otoño ?.

- Si me tienes aquí con la llave echá, qué voy a ver, solo lo que me deja vislumbrar a través de las rendijas de tu mente.

- ¿Ya me estás echando en cara que te tengo encerrada?. Andaaa inocente, la puerta está cerrada, pero sin llave,¿cómo iba a hacer yo eso?. Engaaaa, asoma las alas y estírtate con un vuelicito por las alturas.

- Reinita, es que me vacilas como quieres, qué bien se te da hacerlo. Valeee, procuraré no acercarme mucho al sol, que él siempre quiere distancia, aunque dé calorcito.

Me gusta eso que me has dicho, Rubí. Que te rompes por dentro, pero lo exteriorizas o lo callas. Y aún así sigues viva, ¡mira tú que milargro, oye!.

Liria esboza esa risita tímida y cómplice conmigo, y a mi parece que me sacude el alma con la pluma de sus alas.

Me aproximo a ella para darle un beso y se me escapa a volar….
 
Antiguo 16-Nov-2025  
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¡ Toma ya qué lista es!. Se las sabe todas… yo sé que lo que quiere es que la persiga un poco, la veo disfrutando entre los rayos del sol, describiendo círculos pequeños por debajo de la corteza de mi cabeza. Y la siento a lo lejos decir:

-Estarás de acuerdo conmigo, Rubí, que a veces un beso tuyo pesa más que un pensamiento y querida, me a miedo caerme dentro de ti.

- Pero qué atrevimiento, ¡oiga usted!. Últimamente, estás muy sueltecita, tú, Liria.

Y tú estarás de acuerdo conmigo, que sentir como yo siento, no es malo, ¿verdad?, y alzo las manos como para alcanzarla: Uyyy cómo te coja, canalla de mis entrañas.

- A ver… Reina que mano no lo es. Pero es que tú tienes la costumbre de abrirte demasiado el pecho cuando quieres decir algo grande...y a veces, no sé si va a colar porque te despeñas o porque tú me llamas.

Se aproxima despacito y suave a a mí rama onírica para no romperme más. Y con ese gesto tan suyo, ladea la cabeza a la izquierda y sigue escuchándome.

- Liria estás muy cerca de mí, demasiado, ¿no crees?. Si yo te dejo estar a estas distancias de mí, es porque cuando te llamo me haces falta, desde que te desperté, sin ti me perdería en mi propia voz.

- Y yo vengo porque tú eres el único sitio donde me reconozco, Reina. Pero eso no significa que no me dejes escapar de vez en cuando, ¿eh?. Que también necesito un poco de aire.

- jajajaja (al estilo de Reina Rubí).

- Y ella también se río más, y con la yema de su dedito índice, dibujó en mi pecho un corazón. Y me susurró:

Anda, Rubí… vayamos a ver esa luz de otoño antes que se pongo tímida otra vez y tenga que volver a las rejillas de tu mente, que aunque me hospedo muy bien, pero fuera siempre se huele a libertad y verdad.
 
Antiguo 17-Nov-2025  
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Engga vámonos.

Te llevaré al Valle de mi barrio, donde pasé una infancia feliz, donde todo era un paraíso que veían mis ojos, pero me engañaban, porque la realidad era otra distinta, Liria. Tú no sé dónde estarías, aunque hoy soy consciente que siempre estuviste conmigo; pero eras una voz que no sabía hablarme (tampoco yo sabía el idioma), por eso lo que te contaré mientras caminamos por estas montañas húmedas, debes guardarlo en secreto; bueno hay alguien más por el subterráneo del bosque que sabe algo, pero solo una miajita de nada de nada.

Sí es que me escape anoche un poco por los suburbios y con una buena taza de chocolate, salió la conversación…, sí, me la encontré por una tuberíade desagüe. La he visto más veces, y lo que te iba diciendo que estábamos en plan guay al vernos, y la quise comentar escenarios vividos, otras veces, compartidos. Sí, fue una sensación de esas como cuando la bruma te sube por los tobillos y haces un parón en el camino para contar viejos secretos.

Es más, yo creo que tú ya la conoces, Liria. Es parecida a ti, tipo un ente. Bueno…, ahora que nadie nos escucha, tú eres la más bella del universo galáctico. El Ente, la verdad, que flipaba con lo que le contaba; aunque a creo que sabía más de la cuenta de estos temas, pero bueno, ella se hacía la "tonta" y yo a pesar de saberlo, me apeteció contarle esas escenas secretas.

Se lo adorné con el otoño, que es la mejor forma de recordar mi infancia y la adentré a la historia con una fina lluvia resbalando por las rocas, igual que aquellos silencios hablados que escuchaba de niña, cuando las mujeres del valle, llegaban a cosa con los ojos más tristes que las tardes de niebla.

Sus gritos de amargura, dolor y resignación, se ahogaban en su pecho e inundaban de culpa su mente; pero la niebla sí que lo sabia todo de todo: aquellas manos que en antaño las enamoraron, aquel día las habían apretado de más, las palabras que las herían a porrazo limpio por dentro, marcaba el compás de las palabras que se veían en sus pieles.

Mamá, Queen Hearts, las recibía como quien recoge hojas caídas para que no sigan rodando cuesta abajo; y yo, pequeña, solo entendía que había inviernos que empezaban antes de tiempo.

Liria caminaba a mi lado, rozándome la conciencia:

- Rubí… qué triste y lamentable lo que me cuentas, pero no es malo recordarlas. Mira quella montaña que magnitud tiene y sin embargo, también tiene grietas, pero sigue en pie.

Lo sé Liria. Aún hoy te lo cuento y se me arruga el corazón al recordarlas. De pronto un soplido de viento, abrió un claro en la bruma, y por unos pocos segundos creí escuchar las voces de aquellas mujeres mezcladas con el rumor del río, en las gotas de agua que chocaban contra las rocas y la vegetación. Como si por fin alguien las estuviera acariciando desde el tiempo.
 
Antiguo 18-Nov-2025  
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Me encanta pasear por aquí, aunque he de reconocer que me entra una pena envuelta de alegría y risas. Cuando recorro el Valle, con sus caminitos, sus veredas, sus arroyuelos… La verdad, que el bosque me susurra nombres que ya nadie recuerda.

- ¿Ves esa laguna entre los árboles viejos, Liria?.

- Siiiií (soltó fascinada, Liria)

Ahí, toditas las tardes, Las Patas, las señoras del Valle, después de comer, se iban del charco y se sentaban ahí a rumiar pipas para espantar la tristeza.

Lo siento todo como si siguiesen ahí. Sentadas en la madera húmeda, con sus pañuelos y vestimentas que olían a lluvia, tirando las cáscaras de pipas que luego el viento arrastaba al charco, como si fueran barquitos sin rumbo.

Ahora vamos a pasar por este camino de la calle Baja, y te mostraré dónde vivía la mujer Tarzana. Este mote se lo pusimos la pandilla, porque chillaba mucho al asomarse por la ventana para llamar a sus hijos.

Allí está su casa, Liria. Todas las ventanas de madera dan a una misma cara del edificio, por lo que no se originaba ventilación de aire ninguna. Los pobres se cocían de calor.

Así se saltaban los hijos las siesta en pleno verano y venían a mi ventana a tirar piedrecitas sobre la persiana; que era la señal de que ell@s ya estaban en la calle. Pero a mis hermanos y a mí no nos dejaban salir a esas horas. Teníamos obligatoriamente que dormir la siesta, excepto el mayor, que podía ver pelis.

Otro día te contaré, cómo nos escapábamos de las siestas jajaja y dejábamos al Rey sobando en su lecho.

La madre Tarzana, salía por normalmente por ese ventanuco de la cocina y con un vozarrón de camionero que se escuchaba entre todos los árboles habidos y por haber, gritaba (como si lo oyera ahora mismo)

- ¡Maaaariaaaano! ¡Maaaariaaaano, tu paaadreeee se ha vuelto a caer en la carretera!. Ay, Mariano, ¡pobrecito!, Liria, ¡parecía un cervatillo asustado! .Sus ojos brillaban con una luz apagada, como los de un niño que ha visto demasiado a temprana edad.

Soltaba las canicas, los cromos, al juego al que estuviesemos jugando; ya no tenía amigos, ¡ni ganas de reírse!. Y salía corriendo por el camino, con vergüenza y tristeza, para ver a su padre tirado, en coma etílico, borracho o a media vela. Lo levantaba como si fuera un tronco empapado, y lo arrastraba despacio, cuesta abajo, mientras la tarde olía a tierra mojada y a resignación.

Liria, ¡siete hermanos tenía!, ¿te acuerdas?. Claro que no te acordarás. Aún no te llamé, aunque residieras en mí. Pues eso: siete, ni uno más, ni uno menos.

Y aun así compraban fiado en las tiendas, lo pagaban como buenamente pudieran, pero sí pagaban. Y encima era más caro que en el la galería del mercado, fíjate tú, qué cosas.

En fin pobres y encima sin la cabeza bien amueblada. Yo es que hay cosas que no entenderé nunca...pero hija así era el Valle, un lugar donde la pobreza se escondía entre hojas doradas y la dignidad andaba descalza y sin hacer ruido.

Rubí, aunque los recuerdos duelan, ¡siempre serán luz para ti si los miras sin soltarlos! .

Andaaaa, acércate y dame un abrazo de hada. Contigo al fin del mundo, lo que haga falta se saca de dónde sea.
 
Antiguo 18-Nov-2025  
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Así es Liria. Aunque lamentemos el camino, hay que caminar y vivir. Personalmente, siempre me he quedado con mis pasos.

El dolor, cuando se integra en una misma, se vuelve sabiduría.

Liria, deshizo ese abrazo y de un salto alegre se me posó sobre mi hombro, apartándome una sombra antigua.

- Tranquila, Liria. Estoy bien. Ya sabes que no dejaré de recordar mis raíces y aquel tiempo en las que muchas voces ya no están e iban descalzos. Es sencillo, solo traigo conmigo, a quienes NUNCA tuvieron voz.
 
Antiguo 19-Nov-2025  
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En el otoño veo aún más claro que las cosas más bonitas están siempre en las más pequeñitas, en esas que casi nadie mira… pero que a mí me dan la vida. El crujido testarudo de una hoja bajo el zapato, el viento moviendo las ramas como si estuviese barriendo penas antiguas, unas nubes con barriga azul oscuro que prometen agua, el sorbito tímido de un té caliente, la risa tonta y sin pedir permiso, que se te escapa cuando menos te lo esperas.

A mí que no me vengan con grandes discursos, que la vida se sostiene en detalles mínimos que te rescatan sin hacer ruido, como si fuesen duendecillos del alma. Y es curioso, porque cuanto más se enfría el aire, más calentito se pone el pecho cuando te fijas en lo simple. Será que una también muda, como los árboles y se queda solo con lo que importa.

Y ahí, entre colores apagados, luces bajitas y ese olor a tierra mojada que parece susurrarte cosas, una descubre que la felicidad no estaba lejos... estaba justo ahí, esperándola en lo pequeño.

No es parar el tiempo ni volver a aquellas orillas donde te acurrucabas con tu juventud; es seguir andando, con las arruguitas bien puestas y el corazón más despierto que nunca. Porque del tiempo sí que algún día te separarás… pero mientras llega ese momento, hija, que te pille viviendo.

Y el viento se lleva lo que pesa..., pero deja lo que ilumina.
 
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Otro otoño más y otra vez, yo con la misma rabia de siempre. No quiero que nadie venga a cogerme del bracito para llevarme a ningún sitio, ¿sabes?. Yo ya sé dónde estoy, corcholis y me gusta estar aquí aunque huela a podrido y a frío.

Mi norte no es de los que se mueven porque alguien sople fuerte, está ahí clavado con todas las mierdas y las cosas buenas que me han pasado.

Liria y yo somos dos hojas que ya estamos para el arrastre pero nos seguimos mirando con cara de tontas cuando viene el aire y me vacía la cabeza me da hasta gustito que se lleve lo que no sirve, que huela a barro y a lumbre apagada del día anterior.

Si ella se suelta yo me suelto detrás sin pensarlo, nos vamos al suelo dando vueltas como borrachas y nos reímos porque ya nos da igual todo.

Me pierdo constantemente, olvido hasta cómo me llamo algunos días, pero siempre termino oliéndote entre la humedad, ahí tirada entre mil hojas secas como si nada y de repente lo pillo: el otoño no es una putada, es mi vida entera respirándome por la nariz.

Mi pasado no lo arrastro, lo fumo, lo trago, me sale por la boca cuando hablo y cuando callo.

Así que nada, que no me vengan con brújulas ni con caminos de mierda... yo ya respiro sola desde hace rato.

Un mensaje lleva escrito el viento a mi nombre: sin pasado no hay presente que se tenga en pie y sin presente no hay futuro que valga una mierda.
 
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Pues sí que querías escribir cosas...
 
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