|
Yo soy bastante vainilla, pero a mi marido le gusta el bdsm.
Hace años fué mi amo y me excitó mucho, pero luego no me sentía capaz de hacer cosas que pedía y la cosa no funcionó.
Hace un tiempo me pidió probar a la inversa y mandar yo. Yo no se mandar, pero el se hizo unas reglas para ambos que, básicamente, implican tratarme como una reina y controlar yo sus orgasmos.
Y ahí viene el tema. El no puede correrse sin mi permiso, y solo puede correrse como y cuando yo quiero. Decidí jugar y, inicialmente, le dije que tendría sólo un orgasmo semanal. Y así nos pasamos 6 meses. Luego lo alargamos a uno cada 15 días.
Yo me he corrido como una loca, casi cada día le pido que me masturbe, que me haga sexo oral o que me penetre. La mayoría de veces que me penetra, en cuanto me corro, le hago sacarla sin terminar y se queda desesperado. Me abraza toda la noche con el pene duro.
Por la mañana se me arrodilla delante y me besa, me viste, y me trata como una reina...
Y donde está el problema? Pues en que me siento fatal. Se que él me lo pidió, pero me parece injusto. Por otro lado estoy enganchada a ello porque me hace todo lo que le pido.
Anoche mismo hicimos el amor y cuando me corrí dos veces se le hice sacar y me ordené ponerme las braguitas e ir a dormir, y me dormí mientras besaba mi espalda, pero me sentí muy mal porque tenía el pene totalmente erecto y era evidente que estaba desesperado.
Él me dice que esta bien, pero a mi me parece muy raro todo y tengo miedo. Como lo veis?
|