> Foros sobre otros temas > Off-Topic - Otros temas
 
 
 
Prev Mensaje Previo   Próximo Mensaje Next
Antiguo 27-Nov-2021  
Usuario Experto
Avatar de Danteojos
 
Registrado el: 11-September-2014
Mensajes: 5.103
Agradecimientos recibidos: 2353
A todo el mundo nos gusta hacer las cosas bien, sobre todo cuando éstas de algún modo han de tener repercusión sobre nuestro propio interés. Es por ello por lo que de ordinario tiende uno a esmerarse en aquello que hace, tanto por el bienestar que provoca la laudable aspiración a obtener un buen resultado, lo que generalmente se conoce como la satisfacción por el trabajo bien hecho, como por el placer que éste pueda depararnos una vez en su caso conseguido. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, en ocasiones puede suceder que este afán por hacer las cosas bien termine convertido en un problema, en cuanto a que nos ofusquemos de tal modo en la consecución del resultado que no disfrutemos del proceso que hasta él nos conduzca, lo que a su vez nos haga volvernos cada vez más intemperantes, tanto con nosotros mismos como con los demás, no consintiendo a la sazón ni errores propios ni, mucho menos, ajenos, cuando tales errores supongan el más mínimo menoscabo en el objetivo final, todo lo cual podría a la postre llevarnos a traspasar la línea que separa lo que sería una natural tendencia al perfeccionismo de lo que no vendría a ser sino una peligrosa obsesión.

Ejemplos los hay a patadas: hombres y mujeres que acuden al gimnasio con la loable intención de mantenerse en buena forma, pero que terminan, sin embargo, obsesionados con su físico hasta el punto de ponerse histéricos al menor asomo de un michelín entre sus carnes; o quienes se proponen dominar una determinada actividad o materia, pero una vez enfrascados en ella, son incapaces de tolerar que exista alguien más avezado en la misma y se desesperan por no alcanzar el vértice superior de la pirámide; o quienes se empeñan a toda costa en hacerse ricos para gozar de una vida acomodada, pero una vez logrado su objetivo, en lugar de disfrutar del dinero obtenido, su única preocupación consiste en seguir amontonando más y más, con lo cual dejan de gozar para pasar a padecer.... Lo dicho: ejemplos a patadas.

Personalmente, considero que el perfeccionismo, en cuanto empeño por superarse y hacer las cosas lo mejor posible, no supone nada malo en sí mismo, sino más bien todo lo contrario. Ahora bien, cuando se transforma en una obsesión, esto es, cuando la persona perfeccionista no alcanza nunca el necesario grado de satisfacción ante su empeño, de tal modo que se empecina más y más en éste hasta convertir el objetivo final en una utopía inalcanzable, entonces sí que sería peligroso, puesto que sin lugar a dudas conducirá a la frustración y el desencanto.

En otro orden de cosas, existe a menudo más encanto en la imperfección que en lo que podríamos calificar como perfección absoluta. De hecho, esta última llega hasta a dar cierta grima, como esas piezas de porcelana que de tan valiosas que son, da incluso pánico tocarlas, no vayan a romperse. En cambio, en la imperfección suele haber donaire, picardía, risa... ¿Habéis leído La Divina Comedia, de mi tocayo Dante? En ella, por citar un ejemplo paladino, se describen la perfección del Cielo y las imperfecciones del Infierno y el Purgatorio. Pues bien, a mis ojos gozan de muchísimo más atractivo estos últimos que ese empíreo Cielo descrito por Dante, que de tan perfecto que resulta, lo que acaba pareciendo es un perfecto truño.

Quizá es por todo ello por lo que me gusta lo imperfecto. Ser imperfecto es, además, el único modo de poder seguir perfeccionándose
 
 


-