Superk, a veces me pasa que no me gusta lo que hace una amiga mía, o me tiene ya un poco harta con un tema, o simplemente sé que está de malas por algo y no tengo ganas de que lo pague conmigo. Y para mí es normal que ocurra.
¿Sabes qué sucede luego? Que quedo con ese amigo o amiga, un poco a regañadientes, y mientras charlamos algo hace click en mi cabeza:
una mirada cómplice que surge natural, el hecho de sentir un triunfo ajeno como propio, un chiste interno, carcajadas sinceras, una verdadera preocupación por su bienestar o las ganas de brindar simplemente por el hecho de estar juntos, de contarle cosas que no le contarías a otro, un poco de sentimiento de culpabilidad por haber pensado mal de esa persona.
Te das cuenta de que con ella no estás como con los demás porque puedes ser tú mismo. Y tienes ganas de cuidar a la otra persona, de respetarla y de tener paciencia porque merece la pena.
En ese momento te das cuenta de que el que tiene un amigo tiene un tesoro de valor incalculable.