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Antiguo 14-May-2015  
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Mi historia no es ejemplo para nadie, pero que al menos sirva a las jóvenes de este foro para sopesar bien las cosas y distingan cuando la maternidad se convierte en una necesidad angustiosa y no en una opción más de la vida en pareja, que se puede dar o no.
Estuve 10 años con una pareja. En el momento de conocernos él era culto, con un trabajo reconocido, y yo no tenía claro para nada qué sería de mi vida, vivía el momento, no trabajaba y en los estudios era un desastre, tenía 23 años y el bachiller eran mis máximos estudios.

Pero con él de pareja, se me fue encauzando la vida, primero me apoyó para sacar unas oposiciones de funcionaria, las que saqué, lo que me hizo ser independiente económicamente y pude ayudar a mi familia. Los viajes, sus ganas de conocer y saber se me contagiaron, y me hicieron ver el mundo de otra manera y conocer gente de lo más variado. Me animó a no conformarme con el trabajo que tenía, a superarme, para promocionarme tenía que tener una carrera universitaria, y con su ayuda la conseguí, soy la primera de mi familia con título universitario. En problemas familiares él era quien estaba, mis hermanas y cuñados vivían su vida, pero con quien podían contar mis padres para todo era con mi pareja. Y lo más importante, nos queríamos muchísimo, y nos complementábamos en todo, nos dábamos una tranquilidad y paz que jamás he vuelto a sentir.

Éramos unos buenos compañeros de viaje por la vida, pero en un momento dado sentí la llamada de la maternidad, veía a mis sobrinos, a amigas con hijos y ser madre me fue obsesionando. En el momento de máxima ansiedad por ser madre llegué a pensar que no era feliz, me lo creí, para ser feliz necesitaba ser madre. Amigas con hijos alimentaron aún más mi creencia.

Se lo planteé a mi pareja como el todo o nada, ni siquiera reflexioné la situación que estaba pasando, había perdido su trabajo y estaba intentado encontrar una salida a su situación, anímicamente estaba destrozado, aunque intentaba disimularlo para no preocuparme a mi. Yo ni lo pensé, o pensé solo en mi deseo de tener hijos. Él me respondió que no era posible, eran muchas las razones, pero a mi me daban igual, así que ante su negativa lo dejamos, él hundido y yo con mi objetivo de ser madre metido en la cabeza.

Mis amigas con hijos me apoyaron en la decisión, que si mi pareja era un egoísta, que los hijos lo suplen todo y lo llenan todo. Solo una persona me aconsejó reflexionar bien las cosas, mi padre me dijo que los hijos no son el TODO. Solo escuché a mi naturaleza. Así que inicié mi nueva vida y como el tiempo me apremiaba busqué y encontré una pareja que me dió 2 hijos maravillosos.

Mi vida con mi marido ha estado bien, distinta, viví los embarazos con muchas ganas, era feliz por conseguir mi objetivo, aunque siempre que miraba a los niños me acordaba de mi anterior pareja, pero pensando en un "mira lo que te has perdido", casi con rabia. Paseaba con mis hijos y mi marido por la calle, con mis hermanas y mis sobrinos, parecía una estampa perfecta, lo que siempre había querido, y todo el mundo parecía feliz de verme así. Pero la verdad es que nunca volví a sentirme tan viva como persona como aquellos 10 años con mi anterior pareja.
Hoy los chicos viven su vida fuera de casa, yo y mi marido estamos solos, comidas y cenas con amigos, conversaciones intrascendentes, cotilleos, el mismo trabajo que me aburre, porque nunca promocioné, viajes de sol, playa y hotel, sin conocer nada más allá de la comida típica. Ya cuando los chicos cumplieron 10 años y se me fue apagando la obsesión maternal, es cuando me di cuenta que los hijos son una cosa más en la vida, que no son objetos de tu propiedad o tienen la función de llenarte como persona, que no son tus compañeros de viaje, porque ellos han de tener su propio camino, que no es el tuyo. Yo soy su madre, sí, pero también soy persona, una persona distinta a mis hijos.

De mi anterior pareja sé que no volvió a estar con nadie, sé que yo no estuve cuando más me necesitaba, no sé como salió adelante, en el momento me importó un carajo, lo veía como un egoísta que no me quiso dar lo que yo más quería.

Esta es mi historia, a las que la lean, que cuando les llegue la llamada de tener niños lo mediten y reflexionen, porque es tan fuerte esa llamada que te obsesiona hasta la depresión, y si no lo consigues te hace verlo todo con angustia y ansiedad, que lo dejas todo. Mi experiencia es que el amor es la persona que comparte tu camino por la vida, haya hijos o no haya hijos.
 
 


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