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He estado viendo un documental muy interesante sobre cómo los gobiernos (o más bien quienes están por encima de ellos, los que manejan el poder, dinero, medios de manipulación masiva) pueden modelar valores sociales según sus intereses.
Un ejemplo claro lo encontramos en Suecia.
En 1972, el gobierno lanzó un manifiesto llamado “La familia del futuro” con una idea revolucionaria: reescribir por completo lo que entendemos como familia.
El objetivo era:
Liberar a la mujer del hombre.
Liberar a los mayores de sus hijos.
Liberar a los adolescentes de sus padres.
En resumen: promover la independencia absoluta de cada individuo.
Y funcionó.
Hoy, la mitad de la población en Suecia vive sola y 1 de cada 4 muere sin que nadie lo note. La independencia se convirtió en el valor supremo, pero el precio fue una sociedad más aislada que nunca. Video: 9at6c6O4b9s
¿Qué demuestra esto?
Que si “los de arriba” quieren implantar un modelo social, lo hacen sin problema:
Usan a sus políticos como marionetas.
Bombardean con narrativas en los medios.
Financian movimientos a través de organismos internacionales (ej. USAID).
Refuerzan todo con incentivos económicos y cambios culturales.
En los 70 les interesaba promover la independencia.
Mañana, si les interesa reimplantar “el concepto familia”, usarán la misma maquinaria: medios, música, series, campañas oficiales, subvenciones a ONG, etc.
La paradoja sueca
Ganaron libertad, igualdad y seguridad.
Pero perdieron vínculos afectivos reales.
Ahora incluso la solidaridad tiene que organizarla el Estado (asociaciones, campañas de Cruz Roja, etc.).
Muchas personas sienten que “algo falló en la ingeniería social”.
El documental La teoría sueca del amor lo llama la paradoja del bienestar:
Más libertad, pero también más soledad.
Reflexión final
Lo que pasa en Suecia es un aviso:
La independencia absoluta no garantiza felicidad.
La familia o los vínculos comunitarios no son una imposición retrógrada, sino una necesidad humana.
Y si los de arriba mañana necesitan mano de obra, natalidad o cohesión social, volverán a bombardearnos con el discurso de la “familia”.
Ni independencia total ni dependencia ciega: lo sano es la interdependencia, vínculos genuinos que no se rompen ni se imponen por ingeniería social.
¿Qué opináis? ¿Estamos en un punto medio (como España) o nos dirigimos también hacia el modelo sueco?
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