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Usuario Novato
Registrado el: 09-November-2016
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Hola gente,
Hice algunos comentarios y publicaciones como usuario no registrado pero decidí registrarme para ver si participo de otra manera ya que me transformé en un visitante regular. Me gusta compartir y leer experiencias de vida así que aquí voy con lo mío:
Lo he leído mucho en este foro, casi a diario, gente que entra en tu vida, sin importar el tipo de relación que sea, amistad, novios, y justo cuando te acostumbras a ella, cual estrella fugaz, desaparece y se esfuma en la nada, llevándose el tiempo invertido, cariño, apego, situaciones, momentos y convirtiendo todo ello en un gran vacío.
¿Será posible darse cuenta que uno está frente un “caso” de lo que llamaría una persona fugaz? Creo que te lo dará la experiencia. Saber leer entre lineas, saber detectar comportamientos y darse cuenta a tiempo, y por supuesto que dependerá mucho de cuánto uno esté necesitado de afecto para poder ver con más claridad. Me ha pasado, lo estoy viviendo hoy, y por ser la primera vez, lo estoy sufriendo tratando de buscar una salida.
Aquí va mi historia: La conocí a principio de este año, entró a mi vida, caló hondo, ese tipo de gente que dices que vale la pena conservar, siempre atenta, dispuesta a ayudar, presente en todo momento. Siendo yo alguien ya de por si desconfiado, supo como llegarme, con su insistencia, con su simpatía, me dije: “Vaya, qué linda persona, quiero que sea parte de mi”. Y así la dejé entrar, le abrí las puertas, fue recíproco, nos contamos todo, nos necesitamos, con el tiempo la amistad fue creciendo, y vinieron cenas, almuerzos, una vez por semana o a lo sumo dos, hasta incluso con familiares, tanto en su casa o como en la mía.
Y llega todo a un momento en que dices que recibiste un regalo, encontraste una persona en quien confiar, con quien ser sincero y te ilusionas creyendo que va a formar parte de tu vida, no como un recuerdo, sino como alguien que va a estar siempre presente. Tales eran nuestras charlas que, según ella, sólo a mi me ha contado y confesado cosas que no podría decírselas ni a la mejor de sus amigas. Cuando hablamos sobre temas personales dejaba ver a alguien que pasaba por un mal momento emocional, triste y agobiada por recuerdos de su ex, que por sus dichos era algo que la atormentaba. Lo que comprendí es que a pesar de que como mujer me atraía, por su pasado, por sus historias, no podía verla como algo más que una amiga, sobre todo por su relación no resuelta con su ex, y me mentalicé para saber bien en dónde estaba parado y hasta dónde llegar, y además, que nunca la vi como alguien que buscaba sólo un amigo con derechos.
Si hubo momentos en que entramos en el histeriqueo, te acaricio un poco la cara, te toco la mano, palabras cariñosas, regalos, miradas cómplices, canciones con dedicaciones, abrazos, mensajes a toda hora, todo el día, y obviamente te acostumbras a eso, lo necesitas, porque se volvió parte de tu vida; sin saber que estás a muy poco de estrellarte contra una pared.
Y de repente, empiezan a pasar las cosas extrañas y sin explicaciones. Llega un día en que me entero; porque lo vi y porque lo terminó confesando ante mis preguntas; que está saliendo con una persona que casi nunca nombraba en nuestras charlas, un amigo insistente que ella tenía, y que según sus propias palabras “lo usaba” para obtener favores, un “remador” de hace unos años, de muy buena posición económica, que buscaba ser su novio y que ya varias veces había rechazado. Fue mi primer golpe: La persona que te contaba todo te oculta algo así, de tanta importancia. Por un lado me planteaba o pintaba una cosa, pero termina actuando de otra, y entro en conflicto, porque a partir de ese momento no sé cual mundo es real, si el de ella con su grupo de amistades y su novio, o el que me venía contando (o pintando), el de su ex y de sus problemas para olvidarlo. Y como hacés para juntar o entender esas dos realidades incompatibles entre si; todo se vuelve ambiguo, poco sustentable y no sabés que creer.
Segundo golpe: En este punto miras para atrás, y la historia se vuelve diferente y ves todo con otros ojos, comprendés porqué te resultaba extraño que pase el tiempo y que no se hayan repetido los encuentros, tan frecuentes antes. Que intente hablar como estábamos acostumbrados y que te esquive y evite, y notás que todas las veces en que nos encontramos fue porque ella estaba necesitada de ayuda, pero no la de un amigo, sino porque le era provechoso algo que yo se hacer, y lo utilizó, porque el fin de los encuentros coincide justo cuando esa necesidad en ella acabó y comprendés que el único interés que tenía radicaba en lo que le aportaba en ese momento, porque después de eso nunca más tuvo ganas, ni tiempo, para juntarnos a compartir como el amigo que yo pensaba que era.
Y el tercer y final golpe: No estás seguro del todo porque confías todavía, quizás te haces la historia en tu cabeza, te aferrás a lo que tenías, intentás tranquilizarte y hacés unos intentos, antes comunes y naturales, pero ahora con miedo porque ya intuís lo que va a pasar, pero guardás una esperanza rogando estar equivocado, pero lo confirmás: La invitás a cenar, y lo rechaza con excusas, le decís que vas a pasar a verla un rato, y no tiene tiempo y hasta usa la mentira como excusa.
Y así todo termina de un día para el otro, se esfuma sin ningún tipo de explicación. Mil cosas pasan por tu cabeza, te repreguntás todo: Si realmente le importaste alguna vez, que cosas fueron reales, el porqué de esto o de aquello: ¿Porqué no contarte que estaba saliendo?. ¿Si estaba tan mal por su ex porque termina saliendo con alguien que consideraba su amigo y que encima usaba?. ¿Fue todo parte de una estrategia para poner una barrera para que no avance, pero a su vez para mantenerme cerca?. ¿Hacía falta hacerse “la amiga” y llegar a tal nivel si no le interesaba ser recíproca? No hay respuestas y hasta te ponés a pensar que hiciste mal, si sos culpable en algo porque no entendés nada, te cuesta ver la realidad, y no la aceptás. Sabés que la falta es de la otra persona, por usarte, por manipularte, por su falta de sinceridad, por aprovecharse de alguien a quien notó vulnerable al abrirse por completo; pero mientras dura ese proceso también chocás porque te cuesta creer que sea así.
Para la experiencia, acepto también mi culpa al no ver con claridad las señales de peligro a tiempo, decir que usaba a su actual pareja era ya una señal de alarma, su inestabilidad emocional, su necesidad de tener a todos comiendo de su mano. Pero creo que la señal más importante y que no supe ver como de peligro es que se hacía todo cuando ella quería y disponía, al revés no era posible, creaba y tenía tiempo para cuando el resultado de la acción era provechoso para ella.
Me he llegado a preguntar si también me pasó por saber de una manera consciente con qué clase de persona estaba tratando, lo cual era evidente por sus comentarios y hechos, y creer que con uno va a actuar de manera distinta, que la iba a poder ayudar, cuando la realidad fue que le terminé siendo totalmente funcional a su forma de ser.
No estoy resentido, no guardo rencor, al contrario a pesar de todo, le tengo cariño y afecto, pero si para la próxima voy a ser más precavido, el problema radica en que uno nunca termina de conocer a las personas, y cuando uno cree estar seguro recibe el golpe por la espalda, en mi caso fue en meses, para otros serán semanas, otros quizás años. Creo que vamos a estar siempre rodeados de este tipo de personas en nuestras vidas, esas “personas fugaces”, que aparecen, te encantan y desaparecen sin dar explicaciones cuando ya te encariñaste, lo que nos vuelve más desconfiados y con razón.
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