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Creo que muchas personas viven haciendo las cosas de cualquier manera, como les parece, incluso con irresponsabilidad, pero se permiten ese lujo porque al fin y al cabo los perjuicios de no ser "perfectos" (como dirían ellos) no son tantos.
Pero quizás sólo a corto plazo.
Estaba pensando en un matrimonio, ahora mayor, amigos de mis padres. En esta matrimonio la mujer fue siempre muy dejada con el hogar, y con la educación de su hijos. Tenía a gala no andar mucho tiempo en la casa, pero sobre todo no "perdía el tiempo" en ayudar a sus hijos en los estudios, por ejemplo. Chica mona, simpática y dicharachera pero poco amante de la disciplina y las obligaciones. Eso era "aburrido".
Bueno, a día de hoy uno de los hijos, divorciado de hace poco, que trabaja revisando si los dueños de los coches de la "zona azul" han pagado (no, claro, nunca fue buen estudiante, apenas tiene estudios), pues resulta que apenas ve a los padres y sobre todo no lleva a la niña a ver a los abuelos (es lo que más les duele).
La otra hija está sufriendo ahora una depresión. No sé hasta qué punto tiene que ver con que después de una dura enfermedad del padre, con la tensión al final estalló porque nunca se ha llevado bien con la madre, que la trató siempre a su conveniencia desde niña (yo me voy a la calle a mis cosas, ponte tú a hacer la comida). Bueno, decidió que no quería ver a la madre nunca más, y al menos por un tiempo no vio a su padre, que siempre quiso mucho a la hija y sufrió mucho por eso.
El tercer hijo, también con muy pocos estudios, al final ha tomado las riendas de su vida, se ha puesto a estudiar, por fin, idiomas, y trabaja en turismo en otro país.
Me parece que estas cosas deberían hacernos reflexionar. Al menos a mi sí. Las burradas en la vida, la inconsciencia, el "nada importa", la irresponsabilidad, termina pasando factura, aunque sea al final de la vida.
No sé exactamente si esta señora, esa que educó a los hijos con tanta frivolidad, con tanta desgana, con tanta irresponsabilidad, tiene derecho a reclamar que le dejen ver a su nieta. Pero tampoco su marido, que en cierta manera siempre fue cómplice.
Casi me dan ganas de decir: se lo merecen, se lo han buscado. Aunque el impulso es ayudar, porque los conozco, y conozco a sus hijos, en realidad sé que no puedo hacer nada, estas cosas no se arreglan así como así. Así que sí, al final nadie evitará que tengan el castigo que se merecen por haber hecho las cosas así. Nadie se salvará en toda esa familia, quizás sí el tercero de ellos, el que ha abierto los ojos y se he hecho responsable de su propia vida.
Mi madre me cuenta y me habla de ellos, y yo ya le digo "bah, eso es asunto suyo, ya sabemos como ha sido ella toda la vida, no merece que muevas un dedo".
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