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Usuario Experto
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Seamos claros: que alguien mire el teléfono móvil de su pareja sin permiso es ilegal en España, y eso no se discute. El CP lo considera revelación de secretos, y está protegido el derecho a la privacidad, a la intimidad y al honor. Pero en este hilo se habla del daño emocional, no de lo legal. Y desde ahí, quiero matizar algo que se dice mucho: que el espiado (inocente o no) sufre un supuesto daño irreparable, simplemente por haber sido cuestionado y revisado. ¿De verdad es para tanto?.
Hablo de una situación puntual, no de un control obsesivo ni de invadir el teléfono como norma constante de pareja. Eso no es sano, y ahí sí hay toxicidad. Pero no me refiero a eso. Me refiero a que, en una relación, si una persona tiene una sospecha fundada, bien por actitudes nuevas, contradicciones, cambios en rutinas o en el trato..… y decide mirar el móvil (incluso después de haber pedido ver algo en concreto y no haber quedado conforme), no estamos hablando de celos infundados ni de envidia, sino de una alerta emocional justificada.
Y si después de mirar el móvil no se encuentra nada, ¿qué daño emocional recibe realmente la persona espiada?
¿Se siente invadida? Probablemente sí.
¿Se molesta porque su privacidad se ha visto vulnerada? También
es comprensible.
Pero ¿es un daño emocional comparable al de una persona que descubre una infidelidad oculta, con toda su trazabilidad, con pruebas, con mentiras que han durado semanas o meses, con la pérdida de confianza, con la traición emocional y física? Rotundamente no.
No estamos hablando del mismo nivel de afectación emocional.
El que no tenía nada que ocultar puede dolerse de la desconfianza, pero incluso puede entender que su pareja estuviera alterada o desconfiada por algo. Y si esa dinámica se repite (dos, tres veces), esa persona tiene todo el derecho a poner límites, hablarlo, y si ve que la relación está basada solo en sospechas, dejar esa relación de pareja. Pero se va desde su propia decisión y con la dignidad intacta. Puede que le moleste, pero no ha sido traicionado ni emocional ni sexualmente.
Ahora bien, cuando sí hay algo (cuando se descubre que la sospecha era cierta), el dolor es de otro calibre. Se remueve la autoestima, la confianza, el proyecto de vida. Aparecen mentiras encadenadas, quizás incluso varias infidelidades, una doble vida… Y aunque todo eso no sea delito, tiene un coste emocional altísimo para quien lo sufre.
Y aquí entra otro punto clave: el infiel no sufre el daño por el hecho de ser infiel, sino por el escarnio público que podría vivir si se airean esas pruebas. Por eso la ley protege el derecho al honor y a la intimidad, incluso de la persona que ha sido infiel. Porque vivimos en una sociedad donde aún hay familias, hijos, empresas, grupos sociales donde una infidelidad puede arruinar la imagen y la vida de alguien. La ley lo que intenta es evitar un daño público innecesario, sobre todo fruto de un calentón o de la rabia del cornud@ que, herido, puede querer exponer a la otra persona.
Y sí, eso es un delito: publicar, compartir, difundir mensajes o imágenes íntimas de alguien, aunque esa persona haya sido infiel. Pero lo que no es delito (ni se recoge como tal) es mentir en una relación, mantener una doble vida, traicionar a alguien que te quiere, y jugar con sus emociones.
Entonces, no se puede equiparar el supuesto daño de que tu pareja te mire el móvil por una sospecha puntual (que si no hay nada, ahí se queda) con el daño de quien descubre que ha sido engañado profundamente. Uno se resuelve con una conversación, con poner límites, con decidir si seguir o no en la relación. El otro arrasa con la confianza, la autoestima, la vida emocional y, muchas veces, hasta la salud mental.
Por eso no, no es lo mismo.
Y ojo: si tú no tienes nada que ocultar, y tu pareja te pide ver algo específico en tu móvil, una, dos, tres veces… puedes decidir mostrarlo con tranquilidad. Pero si esa situación se vuelve constante, si te sientes juzgad@ cada semana, mes, año, ahí sí tienes derecho a irte, a no tolerar una dinámica tóxica. Pero no se puede equiparar eso a una traición descubierta. Porque el que no ha sido infiel puede irse con la cabeza alta. El que sí lo ha sido… normalmente no puede decir lo mismo.
Con la ley en la mano no hay que espiar el teléfono móvil de tu pareja, salvo si lo pides y te lo muestra...si hay sospechas fundadas, van a aparecer anteso después por otra vía... Hay un refrán que dice que el cornud@ es el ultim@ que se entera; por tanto te enterarás. Tenemos que tener en cuenta cuál es el aspecto de integridad, honorabilidad, y vulnerabilidad al que se somete al infiel y si no es delito serlo... ? porque tener acceso a pruebas contundentes para despellejarl@ ?.
La venganza no se la puede tomar uno por su cuenta. La ley nos está haciendo hasta un favor, aunque descubrir una infidelidad, sea un poquito más lenta.
No, no, es necesario la pataleta de mostrar frente su morros, las posibles o no pruebas. Sino pensad !, que cuando un hombre o una mujer con dos dedos de frente te dice: "tenemos que hablar", no está dudando, ya tiene todas las piezas del puzle, no hay que hacer escenas, gritar, y ahí es cuando comienza tu verdadero problema. Si no hay nada en ese teléfono móvil....lo sabrá igual, porque también sabe escuchar, no es una trampa, es una medida de claridad y si todo está Ok! solo te quedan dos cosas, "hablar de lo que no quiero más", de "dejar la relación" o simplemente confirmás que estás con una mujer/hombre que piensa. De cualquier forma a partir de este punto de circunstancias solo queda un camino...contigo o sin ti.
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