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Lo del racismo lo ponía como ejemplo de algo parecido. Es decir, uno decide si ir o no a un evento donde sabe a ciencia cierta que por ser como es le juzgarán o se puede sentir incómodo (ya le han puesto en antecedentes de ello, no son elucubraciones), o incluso provocando incomodidad.
Si se lo aguanta y si pasa por el aro, o va contra sus principios, de ocultar su identidad y vivir una mentira para "contentar" a los demás y que "no se ofendan".
Él no tiene ganas de mentir ni de ponerse la careta de quien no es. Debería respetársele. Que luego muchos reproches y sacadas en cara salen por hacer cosas para "contentar" a la pareja, yendo en contra lo de que uno realmente quiere o siente (como esas veces que Javier le dice que le acompaña y seguramente no siempre lo hace a gusto, sino no se lo echaría en cara).
Luego cada pareja y persona es un mundo. Hay quienes hacen concesiones y pasan situaciones infumables a cara de perro con cuñados, suegras y demases. Pues hay gente que no, que son más de "ve tú" y no pasa nada. Cada uno elige sus "batallas". Y más con sólo unos pocos meses de noviazgo.
Eso de la importancia es relativo. Para alguien puede ser también importante la aprobación de sus padres o mismo de su gato o perro. Lo que para uno puede ser una tontería para otro puede ser el mundo. Aquí cada uno es libre para elegir pero si se fuerza (para el lado que sea), la relación se puede fisurar. A la larga se ve la compatibilidad.
Ellos sabrán el peso que les supone en la relación la conclusión de esta situación.
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