|
Había una vez una chica joven, de 16 años, que iba a empezar el primer día de su primer trabajo. No era un trabajo grato ni bien pagado, pero al menos ella sentía que hacía algo útil durante las largas vacaciones de verano. Su padre pretendía colocarla en una oficina haciendo de secretaria, pero ella acabó en una gasolinera... Como veis, las cosas no siempre salen como uno quiere.
Y llegó el gran día. ¡Nervios, nervios, nervios! ¿Que tipo de gente se encontraría allí? ¿Sería capaz de hacer bien el trabajo? ¡Cuantas dudas! Aunque a las 5:30 de la mañana, las dudas no son más que un leve murmullo en la parte de atrás de la cabeza.
Ataviada con la ropa de currante, fea hasta el vómito, con la camiseta 3 tallas más grande, llegó a la gasolinera. Y entró.
Allí dentro, con caras de profunda indiferencia (o eso le pareció) habían dos hombres de entre 30 y 40 años, a los que llamaremos Pablo y Javi.
La chica apenas atinó a presentarse dada su timidez, y entre los dos hombres le explicaron el funcionamiento de la estación de servicio. Creyendo haber entendido todo más o menos, empezó a trabajar atendiendo a los clientes bajo la atenta mirada de Javi.
-------------------
¿Qué tal? Pensaba contar mi historia por "fasciculos" jejeje... pero no se si os resultará interesante. Si no recibo respuestas, la dejaré así y ya está.
|