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Antiguo 26-Jul-2018  
Usuario Experto
Avatar de granhilado
 
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Hola, hoy les quiero compartir una idea que yo mismo - con la ayuda de mi gato - he desarrollado. Puede pecar de ridícula o particular, pero prometo que tiene cierta aplicabilidad a la vida diaria.

Primero que nada, les presento a mi gato, se llama Mordelón.



Quiero hacer una aclaración que a efectos de lo que pretendo explicar es innecesaria, pero por lo que conozco de la gente en general puede llegar a ser conveniente: me gustan los gatos. También me gustan los perros. De hecho me gustan los animales en general, pero lo importante a destacar es que no tengo pensamiento sectario, o sea, que si me gustan los gatos no significa que odie a los perros, que si me gusta el color rojo no significa que odie el azul, etc.

Duermo con mi gato. Sí. Tengo 23 años, soy hombre heterosexual, y duermo con mi gato... en mi cama... al mismo tiempo. Es algo que disfruto bastante, y que yo sé que mi gato también - ¿quién en su sano juicio no quisiera dormir conmigo? - y esto ha desembocado en ciertas reflexiones por mi parte - por parte de mi gato no creo, no tiene cara de ser un gran pensador.

Tengo varias cosas en común con los gatos, por nombrar algunas puedo decir que tengo bigotes, y la principal de todas: soy muy rutinario, y así me gusta (creo que es porque me hace sentir que tengo el control, lo cual evoca en mi cierta sensación de paz que adoro).
Ser tan rutinario hizo que mi gato me quiera mucho, se le nota que le gusto por sobre los demás habitantes de la casa, y siempre me espera para dormir (de hecho mientras escribo esto me está esperando), a veces pareciera que estamos sincronizados: cuando yo voy a comer, el come, cuando yo voy al baño, el va a su baño. Todo quién haya tenido un gato sabe que es muy difícil ganarse la confianza de estos preciosos depredadores, y que por eso se siente bastante bien cuando esto ocurre.

Últimamente he pensado todas mis relaciones desde la perspectiva de la justicia. Me he hecho preguntas como ¿estoy siendo justo con esta persona?, ¿esta persona está siendo justa conmigo?. Esto lo empecé a hacer desde que alguien con quién sostenía cierta relación de amistad me echó en cara que yo nunca aportaba nada (en términos económicos). Ese momento fue tan agrio, me hizo sentir tan, pero tan mal, que me dije a mi mismo que nunca más iba a aceptar beneficios gratuitos de otras personas.

Quiero aclarar tres cosas: la primera es que no soy una mala persona, mi condición de estudiante me obliga a ser el que menos capital económico tiene dentro de mi grupo de amigos, que ya trabajan, todos. La segunda es que yo no era consciente de mi error, no me había dado cuenta hasta que me lo dijeron en la cara. La tercer cosa que quiero aclarar es que ya limpié mi nombre, y ya me siento mucho mejor.

Bueno en fin. Creo que era muy importante explicar el por qué de mis pensamientos para dar luz a los motivos - y el peso de los mismos - por los cuales le he dado relevancia a una frase nueva que me he inventado: Todos son como los gatos.

Por lo explicado anteriormente es que me hice una pregunta: ¿qué es lo que hace mi gato por mi?, ¿qué me da?, yo hago todo por el: le compro comida, lo baño, lo vacuné, lo castré, ¿qué hace el por mi?
Obviamente estas preguntas no tenían ningún motivo de rencor, nada más alejado de la realidad: adoro a mi gato y lo disfruto muchísimo, pero aún así quería responder tales preguntas.

La conclusión a la que llegué es que la relación que tengo con mi gato no es nada justa. Pero, ¿a quién le importa?, yo lo quiero, el me quiere, ¿qué importa la justicia?, ¿al final las cosas no se tratan de sentirse bien?

Podríamos hablar - porque seguro tienen opiniones muy interesantes - sobre el valor de la moral, y el valor de esa frase que que reza que "la moral es un invento humano". Obvio que lo es, ¿pero eso le quita valor?, la computadora desde la que estoy escribiendo también es un invento humano.

Bueno...

Soy alguien muy perfeccionista. Aunque no soy muy de andar criticando abiertamente a las personas, soy alguien a quién le cuesta mucho no ver cuando alguien no hace algo bien, más específicamente algo INJUSTO (por eso es que me hizo sentir tan mal aquello que me dijeron), lo cual debo admitir que me ha convertido, durante mucho tiempo, en una persona bastante infeliz, misántropa, insociable, retraída, arisca, hosca, huraña, introvertida, triste, melancólica... pero también reflexiva.

La frase "Todos son como los gatos" ha sido una cura milagrosa a esta situación - y por eso la comparto con tanta precaución, tal vez pueda servirle al lector humilde que se atreva a leer todo este post - ya que al repetirla en mi cabeza, me hace acordar inmediatamente aquello que comprendí junto a mi gato: la justicia no importa, la moral tampoco, mientras yo me sienta bien, y el otro también.

Bueno, hasta acá el post, me hubiera gustado desarrollarlo un poco más en detalle pero tengo mucho sueño (y mi gatito también). Estoy en época de parciales así que mis apariciones en el foro van a ser esporádicas. ¡Un saludo estimados!

 
 


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