|
No sé cómo ha podido pasar esto, pero me siento fatal.
Mi novio y yo llevamos juntos 12 años. No ha sido un camino de rosas: familias en contra, distancia, celos... Pero entre nosotros todo marchaba bien, conseguíamos superar todo porque nos amamos.
Hace algo más de un año mi novio me dejó, al parecer estaba deprimido y necesitaba tiempo para él, para encontrarse y saber qué hacer con su vida. Pero esa "depresión" tenía nombre y apellidos (no era la primera vez que se cruzaban terceras personas por su parte, pero jamás llegó a la infidelidad ni a dejarme).
Me rompió el corazón en mil pedazos, era el fin de nuestra relación. Saqué fuerzas y apliqué el contacto 0 (cosa que él me facilitó bastante ya que hasta ese momento, tardaba días en responder mis mensajes).
Pasaron los meses y creí que lo tenía superado, hasta que coincidimos en una fiesta. Cuando le vi se me encogió el corazón. Él se acercó a saludarme, estaba cambiado. No se separó de mí en toda la noche, hizo que me olvidase se todo lo malo (aclaro que no pasó nada entre nosotros).
A partir de ahí retomamos el contacto. Él estaba soltero, me echaba de menos... Y entre unas cosas y otras, volvimos. Empezamos con mucha ilusión pero rápido se me desinfló la burbuja: él ya no era tan atento, ni tan cariñoso (lo único que seguía funcionando bien era el sexo). Le reclamé en varias ocasiones porque me hacía sentir mal, pero él me culpaba a mí: "se comportaba así porque era yo quien estaba fría".
He intentado poner de mi parte, tener paciencia, intentar conocer esta nueva versión de él... Pero no me lo pone nada fácil. Ya no me apetece ni tener relaciones con él (no me atrae el sexo sin sentimiento), y eso ha provocado un mayor alejamiento. Apenas me presta atención y me siento devastada.
A raíz de todo esto decidí hacer algo por distraerme y estar tan pendiende de lo que hace o deja de hacer, así que me apunté al gimnasio. Allí conocí a una chica muy simpática, me ayudaba con el funcionamiento de las máquinas y me aconsejaba rutinas. Poco a poco fuimos forjando una amistad (he de decir que durante la ruptura me sentí bastante sola porque todos mis amigos, eran amigos que teníamos en común).
Llegó la cuarentena y esta chica y yo pasábamos horas y horas hablando. Me sentía realmente bien con ella. Después fueron abriendo los comercios y ella me invitaba a tomar café. Siempre lo posponía, hasta que hace poco acepté (por algún motivo, le oculté esta salida a mi novio). Y fue entonces cuando yo, una chica heterosexual de toda la vida, sentí esas "mariposas" al verla.
Actué como si nada, pero al llegar a casa decidí escribirla para despedirme. Tenía mil dudas y mucho miedo. Pero antes de poder hacerlo (no sé si ella se olía algo), me confensó que sentía algo por mí. Para ella no era nuevo, resulta que es lesbiana (hasta ese momento no lo sabía. Ella me había hablado de su ex, pero la palabra "ex" es muy genérica, asumí que se trataba de un chico).
Sé que en ese momento tenía que haber seguido con mi idea de despedirme, pero no pude. No hemos vuelto a quedar desde entonces, pero siento que estoy llevando una doble vida: ella es mi luz, llena mi vacío sentimental, nos tratamos y sentimos "casi" como pareja... Pero yo tengo novio (ella lo sabe) y creo que en el fondo tengo la esperanza que todo con él vuelva a ser como antes.
¿Qué hago? No quiero seguir con esta situación más, me siento una persona horrible.
|