31-Aug-2011
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Usuario Experto
Registrado el: 12-August-2010
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1ª Parte
Fue un encuentro casual en un bar, amigos de amigos. Cuando nos presentaron, la conexión fue inmediata, saltaban chispas. Tras un rato de cruce de miradas nos acercamos a conversar, ajenos al resto del grupo. Hicimos un aparte y ya no nos separamos el resto de la noche entre risas y complicidades. Cuando nos despedimos ya llevabas mi número de movil, escrito deprisa y corriendo de mala manera, en una sevilleta de papel. Sé que no llamarás, pero tenía que intentarlo.
No había pasado una hora y ya en la cama recibí un "buenas noches". Me habías dado tu número.
Tumbado en la cama, en la más absoluta oscuridad, yo sonreia.
Eso fue cuatro días atras.
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31-Aug-2011
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Usuario Experto
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2ª Parte
Desde entonces no hemos parado de estar en contacto. Las últimas conversaciones telefónicas como continuación a los mensajes, ya empezaban a tener tintes lujuriosos, cuando no pornográficos. Lo que haríamos el uno con el otro, imaginando una y mil situaciones a cual más incendiaria.
Llegó el día.
Esta mañana, a primera hora, entre sorbo y sorbo de mi café, desayunando en el bar junto a la oficina, te mando un mensaje al móvil sugiriéndote una cita a media mañana.
No he dejado el teléfono sobre la mesa cuand recibo tu respuesta:
-Has tardado en decidirte...
Sonrío y me pongo a repasar el casi centenar de mensajes que nos hemos mandado estos días. No me puedo creer que hayamos escrito todo eso y sin apenas conocernos. Me estoy poniendo malo sólo con leerlos. Pago mi consumición y salgo hacia la oficina.
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31-Aug-2011
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Usuario Experto
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3ª Parte
Alrededor de las 11,00 h. y con la escusa de visitar algunos clientes, salgo de la oficina maletín en mano, rumbo a no sé muy bien qué...claro que lo sé.
Voy por la calle con cara de tonto, sonriendo de oreja a oreja. Para encerrarme.
Al llegar al apartamento y con una hora por delante, empiezo a preparar. Voy abriendo todas las ventanas para que entre toda la luz posible, coloco sobre la mesa de entrada la rosa blanca que compré minutos atras. La dejo de forma que se vea desde la puerta. En la nevera bebida fría.
Me quedan unos minutos así que pienso en cómo voy a recibirte. Me planteo un montón de posibilidades, cambio de idea una y otra vez hasta que decido que iré a por todas. Voy a lanzarme aún a riesgo de salir escaldado, como siempre.
Pareces una mujer de ideas claras, sabes lo que quieres, no lo disimulas en las conversaciones que hemos mantenido, pero...
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31-Aug-2011
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Usuario Experto
Registrado el: 27-May-2011
Ubicación: España
Mensajes: 205
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Quiero tu cuerpo en mi
sentir el mio temblar
confundir amor con placer
olvidar que existo
Y GOZARRRR!!!
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31-Aug-2011
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Usuario Experto
Registrado el: 20-February-2011
Ubicación: Indalia
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También considero erótico estar en una playa nudista con una chica que me guste, a ser posible, los dos solos, pues si hay otros bañistas presentes deja de tener sentido erótico, sería una playa normal y corriente, salvo que se bañan sin ropa. Para una situación erótica siempre es necesaria la intimidad de los dos
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31-Aug-2011
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Usuario Experto
Registrado el: 12-August-2010
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4ª Parte
Me tomo mi tiempo duchándome, me gusta el olor del gel de frutas. Con un poco de after shave, pantalón vaquero y camisa semiabrochada, salgo al comedor.
Empiezo a dudar de verdad. Pienso que es una mala idea todo esto, pero ya no hay marcha atras. El ruido del tráfico entra por la ventana. En la calle o pequeños camiones de los transportistas descargan sus mercancías, el camión de la cerveza dejando unos barriles en el bar.
Suena el timbre.
Pego un brinco y corro a abrirte portal, dejo entreabierta la puerta de casa y me siento de nuevo en el sillón, junto a la ventana. No sé cual será tu reacción al verme, quizas me haya pasado y tú traigas otra idea de una primera cita...
Suenan tus pisadas acercándote por el pasillo. Buenos tacones, pisadas fuertes, acompasadas, con decisión. Pasas y la puerta se cierra tras de ti. Te detienes, supongo que mirando la rosa que está sobre la mesa, dudo de todo...
Sigues hasta el salón y te detienes observándolo todo, seria, con arrogancia, muy segura de ti misma, ningún gesto en la cara, pareces otra muy distinta. Yo sin embargo estoy temblando, dudando de tu reacción al verme así vestido, descalzo, ansioso por ver como termina esto.
Llevas el pelo corto, a diferencia del otro día, camisa blanca con los puños vueltos, con un par de botones desabrochados, falda de tubo negra por debajo de las rodillas, medias negras, y zapatos de punta fina con un enorme tacón de aguja. Se vislumbra una bonita lencería bajo ese escote. Muy maquillada, pero con gusto. Casi una Pin up.
Parece que te gusta lo que ves y creo no haberme equivocado en mis suposiciones. Dominas la situación, los tiempos.
Recorres lo pocos pasos que nos separan, lentamente, sin hablar. Fijas la mirada en lo que sucede en la calle, me desconciertas. Te asomas a la ventana, mirando al exterior. Parece que todo el vecindario se ha puesto de acuerdo para salir en ese preciso momento, el ruido es ensordecedor. Parece que estemos dentro del mercado de la esquina.
Con medio cuerpo fuera me lanzas una mirada, desafiante, sugerente, invitándome...
Mi primera sonrisa...
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01-Sep-2011
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Guest
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papagueno sigue así, me gusta lo que leo.Te pasó alguna vez?
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01-Sep-2011
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Banned
Usuario Experto
Registrado el: 13-August-2011
Ubicación: Granollers
Mensajes: 773
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Saludos. Les voi a decir algo erótico a las mujeres para que se exciten:
-Un pene (_)_)IIIIIID
-O dos (_)_)IIIIIID (_)_)IIIIIIID
Espero que esten sumamente excitadas.
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01-Sep-2011
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Guest
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la idea es explotar la imaginación y no ser tan obvio
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01-Sep-2011
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Usuario Experto
Registrado el: 29-January-2007
Ubicación: ninguna
Mensajes: 65.804
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Cita:
Iniciado por Ratoncito
Aquella noche estaba especialmente inquietante. Era la misma princesita dulce de siempre, pero había algo diferente en su mirada. Sus ojos, antes todo dulzura, encerraban ahora el fuego incontenible de los acontecimientos que estaba a punto de vivir, el anhelo irrefrenable de dar rienda suelta, por fin, a la pasión que durante tantos y tantos años había sofocado por la estricta educación de sus padres y por el ferviente deseo de entregarse por primera vez al hombre con el que había soñado noche tras noche desde que no era más que una niña.
La equilibrada mezcla de miedo y deseo que se dibujaba en su rostro no hacía sino acentuar el voraz apetito de aquel afortunado, que yacía expectante y con el torso desnudo sobre la blanca sábana de seda. Protegida por la luz de las velas, se sentía la Cleopatra de aquel Marco Antonio que ardía en deseos de poseerla, de devorarla, de hacerla sentir mujer... era una sensación que recorría todo su cuerpo y la inundaba de placer aún antes siquiera de producirse el contacto entre sus cuerpos.
Tímida y temblorosa se acercó al mullido lecho preparado especialmente para la ocasión y apoyó con sumo cuidado una de sus delicadas manos en el tobillo de él. El abrasador contacto de sus gélidos dedos atravesó en un instante cada palmo de su cuerpo. Sin esperarlo, un escalofrío avanzó desde su pierna hasta el centro de su placer y aún más arriba. Él ya lo había vivido, ya tenía que saber lo que era eso, ya lo conocía… Pero aquella noche era especial: ya muchas bocas se habían deleitado desde la zona que ahora ella acariciaba para acabar fundiéndose con el asta de su poder, pero aquella vez era distinto: aquella vez era la primera también para él, la primera que se entregaba por amor.
Movido por un deseo aún más fuerte que el instinto, se incorporó sujetándola suavemente por la muñeca con una de sus manos, mientras introducía la otra entre sus juguetones cabellos como queriendo acariciar sus pensamientos. Su respiración era cada vez más profunda y en su abdomen curvado se marcaba el fruto de tantas y tantas horas de trabajo. Los sentimientos y la excitación se habían apoderado de ambos y no podían dejar de penetrarse con aquellas miradas que comunicaban más que cualquier discurso.
Con un gesto rápido y experto él la sentó sobre su regazo sin dejar de mirarla ni un instante. La mano que antes sujetaba aquella frágil muñeca ahora la atraía hacia sí mismo desde la parte más baja de la espalda. Podía sentir cómo se mezclaba su aliento con el de ella y cómo sus corazones luchaban por encontrarse en el diminuto espacio que dejaban sus cuerpos: aquellos ojos radiantes de felicidad, aquel inocente ser inmaculado, la delicadeza de sus curvas, la suavidad con la que ella posaba sus diminutas extremidades en los fornidos hombros de él pidiéndole en mudos gritos que, por favor, la amara para siempre.
Mientras sus lenguas se divertían danzando al son que marcaban sus latidos y la temperatura empezaba a alcanzar grados obscenos, una repentina brizna de aire entró por la ventana. Él apoyó ambas manos en la parte alta de su espalda: “Te quiero, amor mío… te quiero y siempre será así” -susurró a su oído-. En ese preciso instante, justo en ese instante, con la burlona sonrisa de la luna como invitada, el compás de sus azoradas respiraciones dio pasó al más melodioso musical de placer. Ya no eran ella y él, ni él y ella; ahora eran un único cuerpo, un único ser, fundido en su centro y, más aún, en su alma.
“Te quiero…” -dijo ella, mientras una lágrima de felicidad brotaba de sus mejillas para posarse en su ardiente sexo- “Te quiero…”.
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Bravo, bravo!!! 
Me en-can-to!!!
Los detalles presentes, eres meticuloso, me perdí oww
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