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Antiguo 10-May-2017, 02:25  
Usuario Experto
Avatar de nastydeplasty
 
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Hola amor...
Llevo días queriendo hablar contigo, pero no lo he hecho hasta ahora porque no he querido confundirte con mis vaivenes habituales, y porque necesito ordenar mis pensamientos... Así que aquí estoy, escribiéndote en vez de mirarte a los ojos... Llámame cobarde si quieres, pero siempre me ha ayudado escribir para aclararme, y en cierta forma, siempre he sido más sincera, incluso conmigo misma, sobre el papel...
No voy a repetir los errores del pasado, pese a que ellos son una parte decisiva de nuestra historia. Hoy solo voy a hablar de lo que llevo sintiendo desde la última vez que rompimos, cuando incluso llegaste a preparar todas tus cosas para marcharte. Tal y como te dije entonces, puede que tú estés acostumbrado a romper y volver una y otra vez, como si nada, pero yo no soy así. Yo sólo rompo una vez, cuando estoy segura al 100% de que no queda otra salida, cuando ya lo he intentado todo o no me quedan fuerzas. Puede que a pesar de habértelo dicho, no te dieses cuenta de que aquel día, rompiste algo que desde entonces no consigo arreglar...
Como te dije hace tiempo, siempre creí que si dos personas se amaban de verdad, podrían solucionar cualquier problema. Hoy, después de tanto tiempo juntos, amándote como nunca he amado, y tu amándome de la misma forma, me doy cuenta de que la vida es mucho más complicada y cruel que eso... Llevamos años luchando, tu por ser feliz y yo por que lo seas. Llevamos años intentando lograrlo de mil maneras, y pese a que hayas mejorado, en el tiempo que te ha llevado conseguirlo yo he ido perdiendo las fuerzas poco a poco, hasta encontrarme en éste punto. Ya no sé ni lo que está bien o mal, ya no sé lo que es correcto... ¿Debería seguir intentándolo? Si saliese bien, lo cuál, siento decirlo pero ya ni creo, entonces seríamos los más felices del mundo. ¿Pero, y si sale mal? Desde aquella noche en la que rompimos, no paro de darle vueltas, intento ser positiva y creer en nosotros, pero como dije antes, aquél día algo se rompió... y creo que fuí yo...
Me pediste una última oportunidad, una que aprovecharas de verdad, para que si aunque saliese todo mal, al menos pudieras saber que lo intentaste de verdad, aunque sólo fuera una vez... y yo acepté. ¿Como no iba a aceptar? Sabes que siempre he antepuesto tu felicidad a
todo... Pero en cuanto acepté, sentí que volvía a tirarme al vacío, ese del que me tiré mil veces, encontrándome siempre conmigo misma destrozada por el impacto... Lloré, tu lo viste, pero había aceptado tu petición. Al día siguiente, en el trabajo me dió un ataque de ansiedad, así, de la nada. Intenté ignorarlo, pues había tomado una decisión, la decisión de darte la última oportunidad, y quería dártela de verdad, así que reuní las pocas fuerzas que me quedaban, e intenté ser positiva. Entonces me llegaron los nervios al estómago, y se quedaron allí varios días, no dejándome comer ni dormir... Me dí cuenta de que el daño y el agotamiento psicológico que sufría era mucho mayor de lo que creía...
Y tú te esforzaste de verdad, como nunca antes lo habías hecho. Vi el tremendo cambio desde el primer día, y eso me dió fuerzas. Pero no duró mucho. Cuando ví que nuestro mayor problema se estaba solucionando, de repente recordé... Recordé todos los otros problemas en los que había dejado de pensar para poder centrarme en el más gordo. Y entonces me sentí horriblemente culpable. Tú estabas tan ilusionado de nuevo, haciendo grandes progresos y seguro de que nuestra victoria era al fin nuestra... Dime amor, ¿Cómo podía yo decirte que no te esforzaras, que nunca sería suficiente? Nuestras diferencias nos impiden hacernos feliz el uno al otro. Tú necesitas una chica diferente, menos complicada, más casera, alguien que quiera la vida que tú quieres. Y yo necesito alguien más desastre, que piense menos las cosas, que quiera la vida que yo quiero...
Tú me dices que no, que nos necesitamos el uno al otro, que solo debemos cambiar los dos, y también aceptar del otro. Yo también lo creía, ¿recuerdas? ¿A cuántos acuerdos hemos llegado? ¿Cuántas veces hemos aceptado y cambiado por el otro? Al principio funciona, hasta que, o bien volvemos a ser nosotros mismos, o bien morimos lentamente por dentro por traicionar nuestros deseos...
¿Acaso es éso justo? Sabes que siempre antepongo tu felicidad a la mía, y no quiero que vivas siempre deseando algo diferente, sin nunca sentirte lleno ni auténtico. No quiero que traiciones tus valores, ni tus sueños, por mi. No quiero que tras años de felicidad disfrazada descubras que me guardas rencor por no haber sabido elegir otro camino... Y tampoco quiero que pase viceversa. No quiero amarte necesitando más, no quiero que veas en mi mirada que nunca soy del todo feliz..
No te mereces eso...
Tú mereces un amor que te llene y al que tú le llenes, merecer mirar a los ojos de tu mujer y saber que no necesitáis nada más que el uno al otro. Mereces lo mejor de este mundo porque tú también lo eres...
Así que aquí me tienes, sabiendo ésta verdad y sin embargo sin poder articular palabra, sabiendo que te debo la verdad y al mismo tiempo muerta de miedo por perder al amor más grande que he sentido jamás...
Mi raciocinio me dice que te aleje de mí, y mi corazón me suplica que te quedes...
 
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