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Hoy estaba viendo un vídeo interesante y creo es un tema que afecta a multitud de hombres y sería interesante debatir.
Hay una creencia inconsciente que dirige la vida de muchos hombres:
“Si soy siempre bueno, si complazco, si no genero conflicto, entonces me amarán, no me abandonarán y mis necesidades estarán cubiertas.”
Esta estrategia no nace de la maldad ni de la manipulación. Nace de la supervivencia.
Muchos hombres aprendieron en la infancia que el amor se gana. Que para mantener el vínculo había que adaptarse, ayudar, no molestar, no expresar demasiado, no generar conflicto. En muchos casos hubo un padre ausente (físico o emocionalmente), pasivo o con una expresión rígida o agresiva de la masculinidad. Y el niño, sin darse cuenta, empezó a convertirse en el apoyo emocional de la madre, en el hijo perfecto, en el que sostiene.
Así se construye la máscara del “buen chico”:
El que ayuda a todos.
El que evita el conflicto.
El que nunca expresa del todo lo que necesita.
El que anticipa lo que otros quieren antes de que lo pidan.
Y esto en su momento funcionó. Dio vínculo, dio aprobación, dio sensación de seguridad.
El problema es que, de adulto, esa misma estrategia empieza a tener un coste enorme.
El coste personal
Cuando un hombre vive obsesionado con no ser abandonado o rechazado, entra en modo control. Hipervigilancia. Necesita que todo esté bien. Necesita reafirmación constante. Necesita certeza.
Empieza a anticipar necesidades, a sacrificarse, a dar más de lo que recibe. Y aunque por fuera parezca fortaleza o generosidad, por dentro muchas veces hay miedo.
Con el tiempo esto genera:
Desconexión de uno mismo.
Falta de energía vital.
Burnout emocional.
Pérdida de propósito.
Sensación de no saber quién eres cuando nadie te necesita.
Te conviertes en una batería que empieza cada relación al 100%… y termina apagándose.
El impacto en la pareja
En la relación de pareja, este patrón se nota.
Si un hombre:
No sabe poner límites.
No sabe decir que no.
Tiene miedo constante a que lo cambien o lo abandonen.
Hace de su pareja el centro absoluto de su vida.
=> Pierde sus metas, su dirección, sus hábitos.
La dinámica se descompensa.
La mujer empieza a percibir que la parte más necesitada de apego está en él. Empieza a ver que es fácilmente manipulable porque no tiene eje. Y sin eje, sin dirección y sin liderazgo personal, se erosiona el respeto.
Y sin respeto sostenido, la atracción cae.
Sin atracción, el deseo desaparece.
No porque ser bueno esté mal.
Sino porque la complacencia constante neutraliza la polaridad.
Cuando él rechaza su energía masculina (dirección, iniciativa, límites), ella compensa conectando más con la suya. Y la relación entra en neutralidad. Y en esa neutralidad aparecen el resentimiento, la apatía y la falta de sexo.
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Ahora bien: no toda ayuda nace del miedo
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Aquí quiero añadir algo importante, porque no todo encaja en el mismo saco.
Hay personas que ayudan porque realmente les llena. Porque les gusta. Porque se sienten bien siendo generosas.
Por ejemplo, en mi caso, en el trabajo tengo dos compañeras: una mujer de 65 años nada agraciada y otra mucho más joven y atractiva. A ambas las ayudo, les hago el café en ocasiones, colaboro en todo lo que puedo. No lo hago como estrategia para conseguir algo. Me nace. Me gusta. Me siento bien haciéndolo y les ayudo, me gusta y siento me llena.
Ayudar no es automáticamente un trauma ni una carencia.
La diferencia está en esto:
¿Podría dejar de hacerlo sin culpa?
¿Podría decir “hoy no” sin ansiedad?
¿Seguiría sintiéndome valioso aunque nadie me necesitara?
¿Me frustro si no recibo nada a cambio?
Si ayudas desde plenitud, eso te da energía.
Si ayudas desde miedo al rechazo, eso te la quita.
El vídeo apunta al segundo caso: cuando la bondad es una estrategia inconsciente para garantizar apego y evitar abandono.
El verdadero punto:
No se trata de dejar de ser buena persona.
Se trata de dejar de traicionarte por miedo.
Ser bueno con eje es fortaleza.
Ser bueno sin límites es autoabandono.
La clave no es volverte frío o egoísta.
La clave es recuperar tu centro, tu dirección y tu identidad propia, de forma que tu bondad sea una elección consciente y no una estrategia de supervivencia de tu niño interior.
Abro debate:
¿Creéis que el problema es ser bueno… o es haber convertido la complacencia en el único modo de relacionarnos? ¿qué opináis de cómo lo plantea el vídeo? Gracias
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