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He estado dándole vueltas a cómo entendemos el amor a medida que pasa el tiempo y los capítulos de la vida se cierra. Me gustaría compartir esta reflexión con ustedes y conocer sus opiniones sobre si es pereza o realmente es que vamos cambiando nuestra forma de valorar las cosas.
Hay etapas en la vida que se van cumplimentando. A veces, una persona acompaña en el camino; en otras, el amor o la convivencia termina. Y es ahí, cuando se han disuelto las responsabilidades familiares y patrimoniales (salvo el vínculo inquebrantable con los hijos), y es cuando surge la duda: ¿es realmente pereza lo que se sientes al no buscar pareja, o es algo más profundo ?.
Quizás sucede que el amor se entiende de una forma distinta. Para algunos, cuando se ha vivido con una flor una primavera, se ha vivido de forma plena; y cuando eso termina, sienten que esa misma flor no está hecha para durar otra primavera nueva. No se trata de falta de capacidad de amar, sino de entender que hay capítulos que al cerrarse, no se sustituyen ni se replican.
Por eso..., a medida que se madura (algun@s más que otr@s), el amor de película que busca completar carencias deja de ser el objetivo. El amor se transforma en un refugio. Esa "pereza" que muchos sienten al conocer gente nueva no es falta de interés, sino puro criterio: la vida ha costado demasiado esfuerzo como para permitir que alguien llegue a desordenar prioridades o a cuestionar una independencia ganada con los años.
Sin embargo, las relaciones siempre dejan aprendizajes. Se descubre que el amor real no se trata de pedir, sino de demostrar. Existe una forma de amar silenciosa, donde la otra persona ofrece respeto y afecto sin saber cómo verbalizarlo. A veces, es una cuestión de observar y ver a alguien que, a pesar de cargar con su propio sufrimiento, decide entregarlo todo sin reclamar nada a cambio.
Quizás el amor de verdad no sea alguien que "llene", sino alguien que respete lo que el otro ya ha construido, aportando serenidad compartida en lugar de exaltaciones de vivencias, viviendo en spring.... Aprender a mirar lo que tenemos delante, reconociendo esa entrega profunda incluso cuando no se expresa con palabras, es quizá el mayor acto de madurez.
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