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Antiguo 14-Nov-2021  
Usuario Novato
 
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Nos conocimos en marzo, durante el confinamiento, a través de Instagram. Estuvimos chateando durante meses, enganchadísimos, conversando horas y horas. Muy pronto ella empezó a pedir que pasásemos a la siguiente pantalla: quedar y vernos. Traté de convencerla de que esa no era buena idea porque, le expliqué, yo tenía pareja, ella también, y tras unos meses charlando estaba claro que nos atraíamos demasiado. Ella insistía ("mi relación es abierta, no hay problema!", decía) así que al final, me armé de valor y quedamos una noche.

La chica, guapísima. La noche, perfecta. Y a mí me tembló el piso pero no hicimos nada de lo que pudiésemos arrepentirnos. No podíamos dejar de quedar y charlar. Nunca había congeniado tan bien con alguien, y a ella parecía sucederle lo mismo. Hasta que un día ocurrió lo inevitable, terminamos liándonos. Eso abrió una nueva etapa en la que el sexo estaba muy presente. Nos veíamos a escondidas para poder devorarnos. Estábamos en una nube, flotábamos. Al principio quedábamos par de veces por semana, después pasamos a vernos siempre que era posible. Y no solo quedábamos para acostarnos, sino también lo hacíamos para hacer cosas más "típicas de parejas" como salir a cenar, de fin de semana, al cine, ir a la playa, ...

Pero, lamentablemente, siempre no era posible quedar porque ella debía atender a su pareja los días que él no trabajaba. Al principio, los días que estaba con su pareja seguíamos hablando por Instagram o Whatsapp de manera que nos seguíamos acompañando. Al cabo de un tiempo, empezó a decirme que estaba temiendo por su relación y desaparecía - incluso de los chats - durante los días que él tenía libre. Esto me generaba mucho conflicto porque me sentía el segundo plato pese a que ella me aseguraba que no, que no era así.

Con el paso de las semanas, aceptó el que nos siguiésemos viendo aunque su pareja no trabajase. Era poco rato, pero al menos quedábamos algo. Notaba que los dos nos esforzábamos por mantenernos juntos y seguíamos haciendo un montón de cosas.

Sin embargo, hace ya un tiempo que, pese a reconocerme que se siente muy enganchada a mí, me dijo que no podía seguir ignorando a su pareja pero que tampoco la quería dejar, así que ha reducido el número de veces que nos vemos. Yo lo paso fatal porque estoy muy enganchado a ella y he intentado dejarla ya hasta en tres ocasiones. Pero siempre sucede lo mismo, que al día siguiente de romper volvemos, desesperados, a buscarnos y se vuelve a comenzar el ciclo: cinco días viéndonos, dos días en los que yo parezco no existir.


Lo hemos hablado ya varias veces pero ella insiste en que no puede dejar a su pareja, dice que le debe demasiado y que quiere estar con los dos. Y yo no me siento bien, nada, pero intento poner en orden mi vida, aparece ella y volvemos a ser engullidos por el remolino.

No sé qué hacer.
 
 


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