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Son más bien atractivo, aún tengo edad de gustar, si es que para eso hay edad. Bueno, soy hombre.
Aunque me encuentro reacio a tener pareja, a tener algo serio al menos, estaría dispuesto a intentarlo, a darle una oportunidad a esta o esa otra mujer que parece tener interés. A no ser "demasiado exigente". A oir a esas personas que me dicen que una relación nunca es perfecta pero vale la pena, o todo eso de que las relaciones hay que cuidarlas para que florezcan y tal.
Con todo, he llegado a decir a mis familiares, con meridiano convencimiento, que quizás tenga pareja, que eso es más o menos cosa de voluntad, pero que nunca me casaría y que no se me pasa por la cabeza tener hijos.
Y con esta idea llevo algún tiempo, y sin embargo sin decidirme. Y sin embargo hoy he tenido una revelación: puedo desear, puedo hacer el amor, puedo tener una especie de amiga porque tal vez al fin y al cabo eso es una pareja, incluso lo que llaman amor. Y sin embargo no creo que pueda querer.
Sí, querer como se quiere a los amigos y los familiares si, pero ese amor, ese querer, que se supone en una pareja, más en un matrimonio, ya no creo que pueda sentirlo. Sinceramente.
Yo ya me siento incapaz de ver a una persona y cegarme a todas las cosas que vienen con el ser humano. Todas esos "defectos" o "pequeñas miserias". En mi convivencia con mis familiares, amigos o compañeros de trabajo, estoy harto que todo sea siempre una negociación de tolerancias y renuncias, o incluso simplemente reproches. Que si este viene con un comentario racista, que si el otro se siente dolido si no le das la razón... bueno, muchas cosas, todas muy humanas. Y es que dicen que para amar hay que ser practicamente ciego a los defectos del amado.
Y es que llega a un punto que no consigo entender a la gente. Y sí, yo no soy perfecto, pero eso no me sirve de ayuda.
Y que sí, que puedo tolerar, que puedo incluso tratar de entender, o ponerme en la piel del otro, incluso pasar de todo e ir a lo mío, tan fresco. Pero querer, eso de querer, querer de verdad, de sentir ilusión y bienestar por estar con alguien... no.
Si me pongo a pensar en la infancia, esa dónde salvo excepciones se es feliz, si lo miro con detenimiento la verdad es que había que estar muy ciego, normal en un niño, porque mi padre sigue haciendo las mismas cosas, y mi madre, que ahora me parecen inaceptables. De niño me parecían, como mucho, las cosas raras que a veces tienen los mayores y que se promete no ser así cuando uno crezca.
El otro día mi padre nos dijo a los hijos que a ver si le ayudáramos para que mi madre no siga machacándolo para que deje la copa de whisky de todos los días y el tabaco. Y yo le dije: desde que tengo uso de razón mamá ha estado diciéndote cada día que dejes la copa de Whisky y el tabaco, cada día, toda una vida exactamente igual. Y ninguno de los dos ha cambiado, y los dos siempre han pensado que un día el otro cedería.
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