11-Aug-2011
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Usuario Experto
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11/8/2011, siesta del carnero
Me encuentro en u coche camino de Galicia; conduce mi amigo Alex, y delante va su novia Sara. A mi lado, en el asiento de atrás viajan tres personas; una de ellas es un chico al que no conozco, con rastas, pendientes, nariz como de llama. Las otras son dos chicas; son iguales en todos sur ragos, morenas de ojos negros, expresión inteligente, vestidas un poco como perroflautas. Una de ellas es monstruosamente gorda, la otra tiene una complexión noral. Hablan, bromean, y me ignoran, aunque vamos muy apretados en el asiento de atrás. Huele mucho a personas; a sudor, a pies, a requesón y a coño, pero no me parece desagradable. Voy a gusto.
Llegamos a mi cas a en Galicia, nos bajamos del coche. Charlamos; hacemos cosas que no puedo recordar. No se que hacemos, pero recuerdo una escena de la madrugada; he salido del salón a hacer alguna cosa; cuando vuelvo, Alex y Sara están con la “gemela gorda” en el salón, tapados con una manta, viendo una peli en el sofá. Mientras, el chico de las rastas se folla a cuatro patas a la gemela delgada en el suelo; los dos está vestidos de cintura para arriba. Los que están debajo de las mantas, ven una película porno. Muy dura, muy violenta. Se que la prota es Audrey Hollander. Muchos tíos la sodomizan; no se cuantas pollas caben a la vez en su culo. Me quedo dormido viendo la peli con los otros tres.
Por la mañana me despierto; no se porque me quedo con la gemela delgada, de charleta “Oye” le pregunto “Puede ser que lo hayáis hecho de verdad o que lo haya soñado, pero ¿Estábais follando anoche mientras nosotros veíamos una peli porno? Ella se ríe “No, lo has soñado, aunque no sería mala idea... ojalá hubiese venido tu amigo Teo”; siento un punto de celos; Teo está en Madrid, yo estoy aquí ¿Porque no vamos a ****** nosotros dos? Pero no pasa nada; no puedo enfadarme, ni sentir mucho, parece. Me levanto, y voy a abrir el ventanal; le quiero enseñar a mis nuevos inquilinos el jardín. Cuando me doy la vuelta, han desaparecido. En ese momento recibo una llamada de móvil. Es Alex.
“Hey tío, soy el (no me acuerdo del nombre que se daba a sí mismo), estoy con Alex en Alicante.” “¿En Alicante?” “Si, acaba de venir a buscarnos” “Se acaba de ir hasta Alicante a buscaros?” “Bueno, yo he salido de Alicante pero quedado con él en Toledo ¿Llevamos birra?” “Si, traed birra”. No entiendo una mierda; van a llenar mi casa de desconocidos que traen birra. O me gusta la idea, pero por otro lado, no quiero estar aquí solo. Me paseo por la casa. En el piso de arriba la gemela gorda y la gemela delgada están durmiendo juntas, desnudas; sigo sin entender una mierda ¿Toda esa gente en mi casa? ¿Quien es toda esa gente? Me bajo al pueblo. El sueño cambia por completo; creo que en ese momento algo me despertó un poco.
Estoy abajo, en el pueblo; la forma de las casas es la misma, la estructura de las calles no lo es; incluso a ratos creo que estoy en Madrid, porque insertados en medio de un pueblo gallego marinero, están la Plaza Mayor, la Puerta del Sol... recibo una llamada. Es mi madre. “Hijo, Justo está en cariño y quiere invitarte a comer; está en (no recuerdo el nombre del sitio; de hecho, no lo volvía recordar en todo el sueño)”. Justo es un amigo de mis padres. Es millonario. Voy al restaurante, me cuesta encontrarlo, pero resulta que está justo al lado de la Puerta del Sol; Justo me saluda. Van todos con traje y corbata, muy elegantes; yo llevo las mas harapientas de entre mis harapientas ropas. De hecho tiene enormes agujeros, por lo que estoy casi desnudo con unos harapos. No me he duchado en días y huelo que apesto; me da igual, porque tengo mucha hambre. Los camareros me miran como si fuese una presencia extraña y desagradable. El restaurante es un sitio muy raro; tienen peceras, el cliente escoge lo que se quiere comer y lo cocinan y se lo ponen en el plato. Hay peceras de peces y de marisco, pero también peceras de pan, o de pollo asado.
Nos hacen pasar a una especie de sala privada; es grande, de forma irregular, por todas partes hay anaqueles con peces y con marisco; Justo es un hombre muy sociable; tiene muchos amigos. Yo querría hablar con ellos, pero el hambre no me deja pensar; intercambio con ellos algunas frases poco ingeniosas mientras llegan los entrantes: Un bote de aceitunas rellenas de pimiento que se va pasando de persona a persona para comerse con cuchillo y tenedor.; los amigos de Justo se sientan y se levantan en la mesa, y de alguna manera, está todos antes que yo para llegar a las aceitunas; les llegan a ellos, se levantan, se ponen mas adelante y comen otra vez antes de que me llegue le bote; al final, me quedan solo unas cuantas en el fondo del bote; tengo que meter los dedos hasta el fondo; con el resto de los platos es igual. Consigo comer un poco de pescado y un poco de pan, además de copa y media de vino. Todo está delicioso, pero las raciones son muy exiguas y somos demasiados a repartir. Entonces me llaman.
Estoy en las calles de Cariño; he salido a hablar algo con Alex, que me pregunta porque no estoy en la casa, que están todos esperando en la puerta y no tienen llave; le digo que ahora mismo voy, pero que primero tengo que volver a despedirme de Justo; y además, sin darme cuenta, le he robado el portátil; tengo que devolvérselo. Lo que pasa es que estaba andando y hablando por teléfono, de manera que no se donde está el jodido restaurante. Tengo un ataque de pánico; empiezo a andar por la zona industrial del publo; almacenes pesqueros, separados por amplias extensiones de hierba; se está haciendo de noche. Es importante no estar de noche solo en la calle, pero no se porque. Al final abro el portátil, y hay una flecha en la pantalla que indica siempre donde está su dueño, como en los GPSs; hay que seguir la dirección. Lo intento, pero tardo un poco de tiempo en darme cuenta de que la flecha del GPS va justo al revés. Cuando dice izquierda hay que girar a la derecha. Además, la copa y media de vino era tan fuerte como el aguardiente, y estoy algo borracho. Al final, consigo encontrar el restuarante. Tiene el cierre medio echado, pero me meto dentro “Oye no se puede...” dice un camarero clavo y gordo; en ese momento aparece Justo “Bienvenido, señor”, me dice entonces el camarero. Su expresión me aterroriza; parece prometer venganza; una venganza horrible, muy pronto.
Me encuentro muy mal, estoy rayado y muerto de hambre. Justo me hace pasar al extraño salón por otra puerta. Pasamos por una habitación en la que hay tirados por el suelo colchones sucios y llenos de meados. Junto a cada uno hay una lamparilla de noche encendida. “¿Para que es todo esto?” le pregunto “¿Para que va a ser? Cuando acabes de comer, escoge a la que mas te guste de esas pijas de mierda y tráetela aquí”. Me sonríe; tengo la impresión de que es un guiñol; o bien no es Justo, o bien alguien le está manejando desde lejos. Me siento desconcertado. Vuelvo al salón; estoy jodidamente desesperado de hambre, pero consigo fijarme en que la mayor parte de los comensales son mujeres muy atractivas, de entre treinta y cinco y cincuenta años, que discuten con sus semejantes acerca de cosas muy cultas que no entiendo porque me estoy muriendo de **** hambre.
Me dirijo a uno de los anaqueles de la habitación; dentro hay un montón de diminutos pepinos de mar. Estan vivos. Me los quiero comer, y valen 1'59€. Pero están metidos en una esfera de cristal, no en un bote; son totalmente inaccesibles. En el bote, mirándolo atentamente, nadan pececitos, y en la arena del fondo, los poliquetos excavan sus galerías; por todas partes hay algas. En realidad, el bote amplifica los objetos que tiene dentro, por lo que cuando uno lo mira de cerca, parece que está realmente en el fondo del mar. Me desespero; el hambre me está matando. Me siento a la mesa y con cuidado de que no se me veo, comienzo a reunir restos del banquete; migajas, algún trozo de guarnición caído fuera del plato, lo que haya. Lo hago con mucho cuidado para que toda esa gente fina no se de cuenta. Sonrio, hablo un poco, reúno restos. Sonrío, hablo un poco, reúno restos. Pero el hambre me está afectando ya al cerebro.
Una de las señoras guapas me habla, y me habla, y no calla la boca; yo solo quiero que se calle y deje de mirarme para comerme a gusto las migajas del mantel. El dolor de cabeza por el hambre es tan fuerte que amplias zonas de mi visión se tornan amarillas. Descubro horrorizado que me estoy quedando ciego “Perdona, estoy un poco aturdido”. “Mira, vá de ácido” Un par de niños, deben ser hermanos e hijos de alguna de las señoras guapas, mencionan mi estado con tono de burla. “Vuestra **** madre si que iba de ácido el día que os parió, subnormales”, les espeto. Nadie se fija en mis palabras. Ahora me podría comer las migajas, pero estoy ciego y no puedo verlas.
En ese momento, se terminó el sueño y me despertó un teléfono; y la cosa ha sido tan rara que no se si estaba despierto o estaba soñando todavía. El teléfono era un voz de loquendo (la voz metálica e inexpresiva que convierte los textos en palabras) diciendo “Buenas man; necesito ideas para crear las estancias de un palacio de vampiros burgueses trasnochados”. No era un sueño; un colega mío diseña videojuegos, y se le había ocurrido mandarme esa mierda para que cooperase con él. Pero ahora estoy enormemente confuso.
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11-Aug-2011
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Qué paranoia, no he entendido si lo has soñado, lo has leído o qué te ha pasado. Como sea, la historia está bien para una peli futurista o algo así.
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11-Aug-2011
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Lo he soñado. Casi cada vez que duermo sueño algo, así que lo voy a ir colgando en este foro para no olvidarlo jamás conforme vaya haciéndolo. Por ejemplo, ahora viene el de la siesta de la tarde  .
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11-Aug-2011
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Usuario Experto
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11/08/2011, siesta
El suelo es muy largo, pero fragmentario, confuso y poco claro. Recuerdo los siguientes elementos: Mi casa de Madrid se encuentra en el campo, en un entorno parecido a un brezal. El interior es igual, pero el exterior es de piedra. Mi abuelo Ángel está vivo, y hablamos con frecuencia. Desde la puerta se ve una enorme montaña; siempre está envuelta en niebla, pero cinco monstruosas canteras forman un pentáculo. Las canteras son perfectamente circulares; de alguna manera, es posible ver eso incluso desde abajo. Hay vampiros en el mundo. En Europa y en Estados Unidos están perseguidos, y la sensación es de terror omnipresente. En Portugal, no lo están; son los amos allí, y cobran peajes de sangre en los caminos y son los dueños de las ciudades. Allí la gente es feliz.
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24-Aug-2011
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24/08/2011, siesta del carnero
Voy con uno de mis mejores amigos, Teo se llama, a un campamento de verano. Este campamento es un poco especial; cuando estábamos en edad de hacerlo, íbamos todos los años, a un campamento o a un campo de trabajo. Por algun motivo, este, o acepta a gente mas mayor, o somos algo mas pequeños. Yo estoy muy cansado, he tenido que currar por la noche antes de venir. No recuerdo de que, pero es un curro matador. El autobús está lleno de gente; hasta arriba por completo. Este año los campamentos de verano se han vuelto muy populares, y todo el mundo ha querido apuntarse. El ambiente en el autobús es ya el de una fiesta sobre ruedas. La gente chilla, se tira papeles, bebe dentro. Hay un jipi tocando la guitarra, y una rubia de tetas enormes bebe de uno de esos embudos con manguera que salen en las pelis americanas mientras la gente la jalea.
Yo me he pedido ventana, como siempre hago en los autocares; estoy callado fumando y viendo el paisaje, llanos de trigo infinitos con casas pequeñas de aspecto muy pobre. De pronto, empiezan a aparecer edificios entre los trigales; parecen edificios muy antiguos, son muchos y están todos conectados, formando un solo edificio gigante. En medio del metaedificio hay patios. Algunos son huecos ruinosos entre las casas de aspecto ancestral donde la gente guardaba herramientas. Hace años, que se han oxidado por el viento y la lluvia. Otros sin embargo, tienen en medio piscinas grandes, explanadas con cesped y pistas de tenis; el autobús aparca en un uno de estos espacios.
Nos dan la bienvenida unos monitores; no recuerdo mas de ellos porque nos dicen que busquemos habitación y nos instalemos. Este es el último contacto que tenemos con algo parecido a la organización. Mi colega y yo vamos como todo el mundo, por los pasillos. La gente se tiran como locos a escoger sus literas; no hay problema, son miles y miles de ellas. Hay muchos edificios, y lo curioso es que tenemos acceso libre a todos, y, como he dicho antes, están todos conectados, de modo (eso lo se, pero el complejo es demasiado grande como para intentarlo) que puede uno ir de una punta a otra del mismo, bien saliendo a la calle, bien de edificio en edificio, sin andar mucho bajo el cielo.
La gente parece desfasada y fiestera. Los primeros que han entrado corriendo, ya han pillado las literas, mientras los demás buscamos nuestros cuartos con los macutos a la espalda; las conversaciones a gritos y el humo de los porrros lo inundan todo. El ambiente es parecido al de un Gatzexe, pero sin música. Teo y yo escogemos una habitación en un tercer piso; decir habitación es decir mucho. No tiene puerta, de hecho, no tiene pared, da directamente al pasillo. Sigo reventado, pero quiero explorar la zona, y Teo y yo nos vamos juntos. Atrás dejamos a nuestros compañeros. Son varios, todos tíos, pero al lado hay una habitación llena de pijas; de hecho, se podria decir que es la misma, porque hay un enorme hueco en la pared que limita con la suya. De mis compañeros de cuarto, solo recuerdo a Vito. Cruzo algunas palabras con él, es de la mafia, y se parece mucho a Vito Corleone, pero con muchos años menos. Está muy acojonado, no se porque. En fin, nos vamos a recorrer el complejo.
Teo y yo vamos juntos, y vemos como están las cosas. Eso es una **** fiesta enorme. Miles de personas se han llevado cada uno su música, se oye a tíos persiguiendo a las tías por los pasillos, y todo el mundo está sacando priva y porros para un regimiento. Se que mucha gente se está poniendo tibia a farlopa, pero lo hacen en las literas, de modo que son solo huecos en los que hay figuras anónimas esnifando. Yo solo llevo mi tabaco, y estoy como de mal humor, cansado y poco sociable. Al pasar por un patio, Teo ve a un grupo de punkis y me dice que les conoce, que si vamos a verles. Yo le digo que se quede él, que nos vemos luego.
Recorro el complejo. Recuerdo que por una ventana se ve un patio en el que un montón de peña ha montado una rave; suena tecno y bailan como descosidos. A la venida me he fijado en un grupo de tías bastante buenorras; en la pared que linda con la litera de abajo, hay un hueco que da a una especie de cueva; las literas son retrotraíbles, y se pueden cruzar por los pasillos. Eso han hecho ellas, quien quiera pasar por ese pasillo, debe pisotear su colchón. Al pasar, miro a la "cueva" y veo que la mayoría están durmiendo en pelota viva, borrachas como cubas. Un par de ellas, todavía vestidas y compartiendo un litro caliente me dicen que entre; digo que luego, y sigo explorando el complejo.
Mas adelante un grupo de negros ha incendiado un colchón en su cuarto; me meto, hablo un poco con ellos y comparto un porro, pero la música, una especie de regueton, me cansa. Decido volver al cuarto. Me toca los huevos porque es un fiestón el que se ha montado espontáneamente, y quiero conocer a la gente. Pero recuerdo las experiencias de otros campos de trabajo; por bien que te lo pases, y por mucho que te apetezca seguir con la gente, hay veces que tienes que pasar de todo el mundo, en plan autista, e irte a dormir si estás cansado. Un campo de trabajo es una carrera de fondo. Eso es lo que hago.
Al subir las escaleras, me cruzo con tres negros enormes, gordísimos, que bajan corriendo.
"¿Que ha pasado?" Le pregunto al último.
"Tío, alguien ha tirado una nevera por el hueco de la escalera y ha matado a una chica". El tío está enormemente gordo, la piel de debajo de los brazos le cuelga como las alas de un murciélago. Instintivamente se que todo el mundo le llama batman.
A nuestro lado, alguien ha tirado una piedra desde la calle y ha roto la ventana, haciéndonos dar un respingo. Me encojo de hombros. Me la suda.
"Por cierto, el Vito este me está tocando los cojones, le voy a romper la cara".
"Nah, déjale, que es un tío majo; nos vemos". Y me voy.
Cuando vuelvo al cuarto, Vito está durmendo de espaldas a todo el mundo. Se que está despierto, pero que tiene miedo de hablar con la gente. En la habitación de al lado, las pijas han montado un desfile de lencería, con una pasarela y todo. Sonríen muy peripuestas, desfilando con corsés y ligueros, mientras un montón de garrulos le aúllan obscenidades, bebiendo alcoholazo de alta graduación. El ambiente está caliente y la temperatura está subiendo. "Estas gilipollas se están buscando que las violen"; paso de verlo, y de meterme en jardines. Ya volveré luego.
Estoy reventadísimo; me bajo a hacer tiempo a la piscina. Allí, hay un grupo grande de gente, veinte o veniticinco tíos y tías, que parecen extras de CSI Miami, con botellas en la mano, dando voces y animando a la peña que está en la piscina. "Yi-had!, Yi-had!, Yi,-had!" aclaman. En el agua, que se empieza a teñir de sangre por la pelea que hay dentro, hay un moro enorme zurrándoles la badana a tres tíos; intentan pegarle y hacerle aguadillas, pero Yihad, que se parece mucho a Said, el de perdidos, pero de dos metros de altura, les derrota sin dificultad "¿Queréis Yihad? ¿Queréis Yihad?" le pregunta a su público. Las masas enloquecen. Y Yihad empieza a cebarse con los perdedores, que siguen intentando darle. A uno le rompe el brazo, a otro le pone los dientes contra el borde de la piscina y se los parte. Yo miro fumando.
"Eh, tío" dice Yihad desde la piscina "¿Me das una calada?"
"Claro" Tiene la cara rota por un montón de sitios, pero sonríe.
"Hostia, pensaba que era un porro"
"Nos vemos luego, voy a dormir".
Mientras vuelvo al cuarto, medito y fumo "No se porque estará asustado Vito" pienso "Este sitio tiene un ambiente cojonudo; creo que le ayudaré a integrarse (decido)". De pronto caigo en porque está asustado. No es la gente chunga, no es la violencia, no es el sexo ominpresente, no son las drogas. Vito es de la mafia, y eso no le asusta, está mas que acostumbrado a ello, aunque seguro que en un ambiente mas ordenado. Lo que pasa es que esto no es un campamento de verano, y Vito lo sabe. Es un campo de exterminio. Entonces me despierto.
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