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La historia nos cuenta....que a lo largo del periplo de la existencia humana, existio casos en los que un monton de gente famosa, tuvo un final bastante tragico.....muchos otros, lo han tenido normal.....muchos otros han tenido una muerte memorable y heroica......pero tambien hay verdaderos casos de muertes estupidas......
Es el caso de Tycho Brahe un importante astronomo danés del siglo XVI. Su trabajo permitió a Isaac Newton llegar a la teoría de la gravedad.
Cómo murió: No llegó al baño a tiempo.
En el siglo XVI, levantarse de la mesa antes de acabar de comer era considerado un insulto. Brahe, conocido por sus excesos con la bebida, tenía problemas de vejiga y en cierta ocasión se olvidó de pasar por el baño antes de sentarse en un banquete. Además, empeoró las cosas bebiendo demasiado, y fue demasiado educado para disculparse. Su vejiga finalmente explotó, matandolo lenta y dolorosamente durante 11 días.
Esquilo:
Escritor griego del 500 A.C. Muchos historiadores lo consideran el padre de las tragedias griegas.
Cómo murió: Un aguila dejó caer una tortuga en su cabeza.
Según la leyenda, las aguilas cogían las tortugas y las abrían tirandolas contra las rocas. Una aguila confundió la cabeza de Esquilo con una piedra (era calvo) y le lanzó una tortuga. Curiosamente....el Oráculo le habia dicho que encontraria la muerte prematura si se quedaba en la polis y que por tanto si queria vivir, tendria que alejarse a la periferia......
Antoni Gaudí:
Máximo exponente de la arquitectura modernista catalana.
Cómo murió: Murió trágicamente, a los 74 años de edad, por las graves heridas que sufrió al ser arrollado por un tranvía cuando cruzaba la calle.Tranvía que por cierto, no iba precisamente a la velocidad del sonido que digamos.....me recuerda a cierta escena de Austin Powers.....en fin....
El austríaco Hans Steininger supo ser famoso por tener la barba más larga del mundo (de casi un metro y medio) y por morir a causa de ella. Un día de 1567 hubo un incendio en su ciudad y en la huida Hans se olvidó de enrollar su barba, la pisó, perdió el equilibrio, tropezó y se rompió el cuello.
El rey Adolfo Federico de Suecia amaba comer y murió por ello. Conocido como “El rey que comió hasta morir”, falleció en 1771 a la edad de 61 años a causa de un problema digestivo luego de comer una cena gigantesca consistente de langosta, caviar, chucrut, sopa de repollo, ciervo ahumado, champaña y catorce platos de su postre preferido: semia, relleno de mazapán y leche.
El famoso destilador de whisky Jack Daniel decidió ir temprano a trabajar una mañana de 1911. Quiso abrir su caja fuerte pero no recordaba la combinación. Enfurecido, Daniel pateó la caja fuerte y se lastimó el dedo gordo, que terminó desarrollando una infección por la que murió.
Bobby Leach no temía cortejar a la muerte: en 1911 fue la segunda persona en el mundo en sobrevivir a una caída en barril por las cataratas del Niágara. Realizó muchas proezas de ese tipo, por lo que su muerte es especialmente irónica. Caminando por una calle de Nueva Zelanda, Leach tropezó con un pedazo de cáscara de naranja. Se rompió la pierna tan mal que debió serle amputada. Murió debido a complicaciones de la cirugía.
La madre de la danza moderna, Isadora Duncan, murió a causa de una bufanda que le encantaba usar. Escribió el New York Times en su obituario del 15 de septiembre de 1927: “El automóvil estaba yendo a toda velocidad cuando la bufanda de seda se enganchó en la rueda y arrastró con terrible fuerza a la señorita Duncan, precipitándola con violencia contra la calle. Fue arrastrada durante varios metros hasta que el chofer se detuvo, a causa de los gritos que venían de la calle. Se reclamó ayuda médica, pero quedó probado que se estranguló y murió instantáneamente”.
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