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Usuario Intermedio
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Buenos días a todo el mundo.
Hola, soy Ghost82, de Valencia. Hace poco ingresé en el foro, después de haber estado leyéndoos algún tiempo. La cuestión es que hoy me he decidido a compartiros mi situación, porque estoy en un punto en el que no sé muy bien hacia dónde tirar.
Veréis, llevo 10 meses saliendo con una chica. Ella es 4 años y medio mayor que yo, está divorciada y tiene un niño de 9 años en custodia compartida. Yo no he estado casado (ni quiero), ni tengo niños. Al principio las cosas estaban bastante bien, y a día de hoy siguen razonablemente bien, pero ha habido algunos detalles que, de algún modo, no me encajan y han ido haciendo mella en mí. Estos detalles hacen referencia, principalmente, a enfados que han venido dados por expectativas suyas hacia mí generadas en base a ideas preconcebidas y/o costumbres en las que diferimos. Hasta ahora, las hemos resuelto hablando, pero siempre que lo hemos hecho, he tenido que comerme reproches que no tienen sentido ni razó nde ser, y por los que jamás ha pedido perdón o se ha retractado. Antes de entrar en detalle quisiera comentar algunas cosas que me llamaron la atención desde el principio.
Apenas un par de meses después de empezar a salir, yo ya conocía a su hijo, a aprte de su familia y tenía un juego de llaves de su piso. Es algo con lo que me mostré algo incómodo desde el principio, pero acabé accediendo a todo ello. Sin embargo, los problemas con ella han venido, como decía, a partir de cosas que, en muchas ocasiones son absurdas. Pondré algún ejemplo:
- Un fin de semana que estuve con ella, decidimos acercarnos el domingo por la mañana a una feria medieval. Ella es muy de salir y tomar algo, sí o sí, y yo soy más bien lo contrario. Pero no hay problema, accedo y empezamos a buscar sitio para tomar una cerveza. ¿Qué ocurrió? Que como buena feria medieval en domingo, aquello estaba abarrotado. Estaoms hablando de octubre, en Valencia, casi a medio dia. El único sitio que vemos es una mesa con dos sillas en terraza, pero al sol. Yo le dije que no quería sentarme al sol con el calor que hacía. Y ella dijo “pues nada, me deshidrataré”. A continuación vinieron morros, enfado y una sarta de reproches que empezaron por “es que estoy cansada de escuchar quejas” y acabaron con nostros dos de vuelta a casa, sentados y tratando de solucionar una discusión que había saltado por una bobada de ese calibre. Esto me hizo pensar que hay algo que debe haber detrás, porque si no, no encuentro razón de ser a una reacción tan ‘infantil’.
Esta es una situación casi anecdótica en comparación a otras. La más reciente, y que, sinceramente, me ha molestado bastante, es que diera por hecho que yo tenía que ayudarle económicamente en la reparación de su coche, que le ha supuesto un desembolso de 1300 euros. En un principio, y antes de saber el monto total de la reparación, lo primero que hice fue ofrecerme para llevarle en mi coche donde necesitase cuando necesitase. Pues bien, al día siguiente su respuesta fue que ya le había quedado claro, que yo había dejado claro que la ayuda se limitaba a eso. Como si eso, per se, no fuese ayuda, porque ella esperaba que yo le ofreciese dinero (antes, incluso, de preguntar a sus familiares).
Por otro lado, ella ya me ha planteado ir a vivir juntos –siendo que en un principio me comentaba que ella no quería volver a vivir con nadie, cosa que a mí me parece bien y con la que estoy de acuerdo-. La cuestión es que la motivación viene dada, o eso entendí yo, porque ahora mismo, va algo ajustada con el dinero, y está planteándose cambiar de piso a otro alquiler más barato (se llegó a plantear comprar un piso, cosa que no comprendí siendo que está apurada). La cuestión es que si ese es el motivo por el que me dijo lo de irnos a vivir juntos, es algo que no estoy dispuesto a hacer, ya no por el dinero, sino porque además, a mí me parece muy pronto.
A todo esto hay que sumarle situaciones que a veces, como la de la feria medieval, me dejan perplejo. Al principio me afectaban, pero en seguida supe no prestarles mayor atención. Eso sí, lo que no puedo evitar es que vayan haciendo mella, porque al final son detalles que van colmando el vaso.
Me consta que ella, porque así me lo ha contado, era una persona muy orgullosa. Ha estado en terapia –de hecho, aún sigue yendo cada tres meses o así-, pero yo, desde fuera, y sin saber cómo era antes de la terapia, percibo orgullo y, sobre todo, con tendencia a crearse películas que no van a ningún lado. Digo lo del orgullo porque he escuchado (y he sufrido en mis carnes) su modo de reaccionar ante determinadas situaciones: busca el ‘castigo’. Esto lo viví otro fin de semana. Imaginaos la situación: el sábado quedamos con su prima y su pareja para ir a un evento de estos de comida. Perfecto, todo bien, pero de camino a casa le comento que al día siguiente me gustaría salir en bicicleta un rato después de desayunar –practico ciclismo-, y que luego podríamos vernos para comer y por la tarde, siendo, además, que muchos domingos de salir los he sacrificado para pasarlos con ella. Bien, pues el rebote fue monumental, diciendo cosas como que “prefieres la bici antes que yo”, y ese tipo de frases, siendo que lo que le había propeusto era salir, pero volver a quedar. Entonces vino lo de que nos vemos ‘a ratos’ o que no pasamos 24 horas jutnos, y percibí que, de algún modo, cuantifica el tiempo que pasamos. Bien, esta situación le llevó a no querer verme hasta el viernes siguiente. De domingo a viernes. Tuvimos una charla, pero, de nuevo, no reconoció nada.
En fín, podría seguir describiendo situaciones, pero creo que podéis haceros una idea. La cuestión es que lleva días rondándome la cabeza la idea de romper con ella. De algún modo me da ‘pereza’ pensar en que si le planteo algo que no le encaja, va a derivar en una discusión o en una mala cara. Y pienso que no merece la pena seguir de esa manera. Sus circunstancias personales tampoco ayudan –se encuentra renegociando el convenio regulador de la custodia del pequeño con su exmarido- y salpican demasiado, afectando a su estado de ánimo, que repercute en nosotros.
Yo la quiero, pero siento como que ya he ofrecido y soportado un margen razonable de situaciones que, en muchos casos, no deberían haberse producido.
Gracias a los que hayáis llegado hasta aquí.
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