|
En la universidad conocí a un chico con quien entablé una buena amistad. Él me contaba muchas cosas personales, mientras que yo era más reservada con mis asuntos, ya que no me gusta compartir demasiado mis problemas.
Con el tiempo, me confesó que se sentía atraído por mí y me propuso tener nuestra primera experiencia sexual juntos, basándose en la confianza que nos teníamos. Yo no sentía lo mismo por él, solo lo estimaba como amigo. Aun así, accedí, pensando que al menos sería con alguien en quien confiaba, sin involucrar sentimientos.
La verdad es que no se concretó nada. Él terminó el acto antes de comenzar. A pesar de eso, decidimos tener una relación de “amigos con derechos”, sin compromiso ni sentimientos románticos, simplemente como una forma de explorar. Pero nunca se dio realmente. Hubo varios intentos y por una u otra razón, no funcionaba. Al tratar de hacerlo, no lo lograba o se le quitaban las ganas, y así quedó.
Después de eso, él se fue alejando del grupo de amigos y comenzó una relación a distancia con otra chica. Yo lo vi como algo positivo: si ya tenía una relación formal, lo que había entre nosotros debía terminar. De pronto desapareció por un año y luego volvió, diciéndome que me extrañaba. Pero para ese entonces, yo ya no sentía esa "química" ni veía sentido en retomar ese tipo de vínculo.
Así estuvo durante años: aparecía, luego desaparecía por meses, y volvía con comentarios de “te extraño”, como si nada hubiera cambiado. Hace unos 8 años, comencé una relación seria con mi actual pareja. Estoy estable, tranquila y feliz. Pero él volvió de nuevo, diciéndome que aún sentía atracción por mí, que quería que estuviéramos juntos.
Le dejé muy claro que no se podía. Él sabe que tengo una relación de años y que estoy plenamente bien con mi pareja. Incluso me comentó que está en un proceso espiritual, que sintió el llamado de Dios y quiere ser pastor, llevar una vida sin pecado, etc. Sin embargo, mientras conversamos de forma aparentemente tranquila, de pronto me sale con cosas como: “mándame una foto”, “te traigo ganas”... y eso me desconcierta.
No es que esté pidiendo un consejo, porque ya tomé la decisión de bloquearlo y mantener contacto cero. Pero lo que me deja pensando es que, más allá de cualquier cariño, aprecio o nostalgia, lo que él siente parece más una obsesión que otra cosa. Después de casi 10 años, me parece poco normal que aún insista, sabiendo todo lo que ha pasado.
¿Qué opinan ustedes sobre este tipo de situaciones?
|