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Por supuesto que ambos géneros tienen su "pared" y sus "inconveniencias", Esadero. Cierto que la mujer suele descartar como pareja a un hombre "pobre" o desempleado y a un hombre con "taras" tipo autismo, apego excesivo a la madre o cualquier otro detalle que, a juicio de la mujer, pueda suponer "anomalía" o "recorte de independencia".
La independencia del hombre, así como su salud mental completa, es importantísima para una mujer, al igual que para ella es imprescindible que el hombre respete la independencia de ella. Cualquier "tara" del hombre, puede hacer sospechar a la mujer que el hombre es machista o que él vaya a contemplarla como una prolongación de su madre; algo de lo que las mujeres actuales huyen a la velocidad de la luz.
Curiosamente, los que llamamos despectivamente "malotes", suelen gozar de muchas oportunidades por parte de varias mujeres. Pero es por una razón muy simple. Los "malotes", en realidad son ególatras. Y, los ególatras, cuentan con una gran ventaja por encima de los autistas y demás tipos de "taras"; son muy astutos, calculadores y estrategas. Y, sobre todo, saben ligar y convencer; muestran ante la mujer una personalidad atractiva para ella, aunque más falsa que Judas. Y luego vienen los problemas, una vez que la mujer lo conoce bien conocido. Algo así como lo que ocurría en el cuento de la Ratita Presumida; se muestran como pretendientes un burro, un gallo, un perro y un gato y ella rechaza a todos menos precisamente al gato, es decir, el "malote". Y es porque el gato es mucho más astuto y mostrando detalles atractivos para ella, pero todo ello falso de toda falsedad. A los otros pretendientes se les ve venir "con todos sus defectos". Y por ello, los que tienen "taras" visibles, como es el autismo, quedan descartados desde el primer momento.
Sobre la "pared" masculina, por supuesto que el hombre suele descartar a una mujer que no le parezca guapa, por muy buena persona que ella sea, Pero además yo añadiría otra cualidad muy importante a los ojos del hombre, la juventud de la mujer. Cuando, por ejemplo, a un hombre de 50 años se le presentan dos mujeres solteras que le dan oportunidad, una de 45 años y otra de 30, si la de 30 le parece fea y la otra muy guapa, por supuesto que se decantará por la cuarentona sin dudarlo. Pero, como las dos le parezcan atractivas, seguro que se inclinará por la más joven.
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