> Foros de Temas de Amor > Mi novia/Mi novio me ha dejado
 
 
 
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Antiguo 02-Sep-2011  
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Soy español. Empecé a salir con una colombiana el verano pasado. Por aquel entonces estaba harto de otra relación que tenía que hacía tiempo que se había enquistado y no hacíamos más que romper y volver.

Esta chica, la colombiana, tras 6 días muy intensos, y después de un mes de asistir a un curso juntos, se volvió a su país. Seguimos hablando por Skype. Yo, la verdad, estaba con ella un poco para quitarme el mono de la anterior. Y también porque era muy cariñosa. Ella lo había dejado con su ex de hacía 4 años. Lo había pasado fatal, le había dejado con un montón de deudas. Desde el primer momento me dijo que soñaba conmigo todos los días, que no paraba de pensar en mí, que me quería, etc. Yo le correspondía, aunque me asombraba su entusiasmo (incluso me regaló un crucifijo de oro el día que se despidió del avión -luego supe que era un recuerdo muy, muy especial para ella). La cosa es que volvió un mes en Navidades. Y después en Semana Santa intentó también venir ella (yo le pagué el billete porque ella había pagado el anterior y ya no tenía dinero -seguía pagando las deudas de su ex-). Pero no le concedieron el visado (por dos veces lo pidió) así que fui yo para allá (a pesar de tener menos días de vacaciones). Como el tema de los visados parecía estar complicándose, y puesto que la relación parecía ir bien (ella seguía entusiasmada), le propuse casarnos. Tras algunas reticencias en plan "yo esperaba una petición más romántica" aceptó muy ilusionada. Nos casamos ante notario en Colombia en Semana Santa. Delante de toda su familia. Después yo me volví a España, no sin antes pedir cita en el consulado. Ya contando los días para volver a ir a Colombia a hacer la entrevista para legalizar el matrimonio, a una semana de que pasase, y ya con el billete comprado, hablamos y me dice que se ha encontrado con el ex-novio, por casualidad, y que no quiere que vaya. El día anterior había estado comprando los vestidos de las pajecitas, las niñas que iban a llevar el ramo de la boda religiosa que ella también quería hacer en agosto.

Yo cancelo el billete. Dos días después se me ocurre que igual simplemente el shock de ver a su ex-novio ha sido muy fuerte. Al mismo tiempo me escribe su hermana y me dice que qué ha pasado, que no consigue hablar con ella y que sólo les ha dicho que yo ya no voy a ir a Colombia. Me decido a intentar hablar con ella. Lo consigo y parece que entra en razón. Me dice que ya no tiene dudas y que quiere que vaya. Compro otro billete. Voy. Hacemos la entrevista del consulado. A los dos días me dice de nuevo que no quiere seguir. Estoy solo a 8000km de casa, durmiendo en su casa. Me lo tomo de la peor manera posible. Me derrumbo. No entiendo nada. No puedo irme de su casa porque no tengo a dónde ir. La tía me dice que no me ama, que sólo me quiere, que al otro lo ama. Que lo de las deudas fue culpa de ella porque insistió en hacer una cuenta común. Si le pregunto sobre lo mal que lo pasó con su ex me dice que en las relaciones, para que funcionen, tiene que haber crisis y que nosotros no hemos tenido. Que no discutimos. Yo alucino... Al final consigo cabrearme cuando ella, ni corta ni perezosa, me pide firmar inmediatamente los papeles del divorcio. Le digo que, de momento, voy a ir al consulado a anular los trámites del matrimonio en España. Ella me dice que de acuerdo. Cuando vamos al día siguiente no entra conmigo y yo, una vez dentro, escribo un papel donde solicito la anulación. Y lo firmo. La secretaria me dice: ¿sabes que esto no tiene vuelta atrás, no? Y yo... "a quién le importa". Después, todavía cabreado, le digo que no le voy a firmar los papeles del divorcio en Colombia. Y empiezo a ignorarla mientras busco billete para irme de allí lo antes posible. Al principio me grita como una poseída. Nunca me había gritado. Me insulta sin parar como si fuese una niña enrabietada a la que le han quitado el juguete. Yo le dejo gritar ignorándola. Se cansa. Más calmada intenta convencerme. Yo le sigo diciendo que no e intento reconquistarla diciéndole que por qué no quiere estar con alguien que la quiere en lugar de con alguien que le hace sufrir. Ella parece ceder. Nos abrazamos y me empieza a contar cosas muy íntímas y bastante graves de su vida. Yo le digo que no le voy a firmar los papeles. Se enfada. Mientras tanto yo he conseguido contactar con unos españoles y quedo con ellos para salir esa noche. Ella, enfadada y celosa porque voy a ir a una discoteca, dice que se va con unas amigas. Se marcha. Yo, después de dos días en los que no había conseguido dormir, llamo a estos españoles y les digo que no salgo, que estoy derrotado y que voy a dormir porque mi ex no va a volver esa noche. Me echo a dormir. Me llama mi ex. Me dice que no me vaya, que va enseguida. Cuando llega nos besamos, nos acostamos. Y me dice que se quiere venir conmigo a España. Que no tiene dudas. Que volvamos al día siguiente al consulado. Al día siguiente vamos al consulado. Y me dicen que de eso de anular la anulación nada de nada. Que eso es un sitio serio, no una telecomedia. Y que yo ya soy mayorcito. Lo más gracioso es que, cuando salimos del consulado, mi ex me echa la bronca a mí ¡¡¡por haber firmado la anulación!!! dos días antes. Después me doy cuenta de que ella nunca lo hubiera hecho, nunca tira sus triunfos. Hasta ese momento había mantenido todos los eventos de la boda (y había pasado más de 20 días desde el primer "no vengas"): seguía teniendo reservado el sitio, las invitaciones a punto de enviarse, el vestido... todo. Esa noche me dice que no por tercera vez. Al día siguiente me voy, después de haber firmado, eso sí, los papeles del divorcio. No por hacerle un favor, sino para no tener que hablar con ella más.

Por lo demás estoy jodido, jodido, jodido. Ha pasado más de un mes de eso y sigo dándole vueltas. Lo mejor. Que en realidad me aburría con ella cuando estábamos juntos. Que nos separa un océano y que yo borré todos sus recuerdos (fotos de la boda y anillo incluídos). Lo peor... que, a pesar de aburrirme con ella no quería romper pues no quería estar solo. Así que acabé formándome una imagen idealizada. Ahora es esa imagen la que me hace recordar. Eso y el no haber cortado yo antes. Eso y la pasta que me gasté en billetes, cancelaciones y vuelta a comprar billetes. Eso y pensar si pude haber hecho algo más mientras estuve allí. El haber comprendido antes, en medio de toda aquella vorágine, que igual quería que yo me mostrase imperturbable y que le gritase, que le imprecase, que la ignorase el resto del tiempo. Que, al fin y al cabo, me comportase como lo que ella buscaba en un hombre: un cabrón que se lo hiciese pasar mal.
 
 


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