He tenido osos de peluche, siempre me gustaron.
Un nenuco, su carricoche y su maletín cambiador.
Un pony lila de olor y otro rosa pero ese no olía.
Un perrito marrón que iba a pilas y ladraba y daba volteretas.
Y una muñeca medio grande y blandita que, con pilas, se le encendía la cara y sonaba una canción para dormir.
También recuerdo aquel cuento de Teo.
Me han criado bien y me han mimado un poco.