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Usuario Experto
Avatar de Danteojos
 
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Tuve conocimiento no hace mucho de la triste historia de Sylvia Likens, acaecida a mediados de los años sesenta en Estados Unidas. Esta tal Sylvia era una muchacha de poco más de 15 años de edad, hija de unos feriantes que, por motivos de trabajo, debían ausentarse a menudo de su domicilio. En una de estas ausencias, los padres dejaron a Sylvia y a su hermana pequeña, Jennie, al cuidado de una vecina que tenía, a su vez, siete u ocho hijos de diferentes padres. Vamos, una mujer completamente desarraigada y al parecer con serios trastornos psicológicos. Pues eso, que los padres dejaron a sus hijas a cargo de esta mujer, llamada Gertrude Baniszewski, a cambio de pagarle 20 dólares a la semana por su manutención. El caso fue que al cabo de algunas semanas, esta tal Gertrude empezó a maltratar a Sylvia, al principio de forma más o menos ligera, luego cada vez más brutalmente. Sus torturas abarcaban latigazos, golpes de todo tipo, quemaduras con cigarrillos, excoriaciones, mantenerla aislada en un sótano a oscuras…., vamos, una carnicería salvaje.

Y lo peor era que no solo participaba ella, sino que hacía participar a sus hijos y a otros niños amigos de estos, niños que iban desde los 10 años de edad hasta otros de 18 o más años. Todos ellos participaban en la tortura de la pobre Sylvia, sin que nadie dijese nada. Algunos vecinos dijeron escuchar sus gritos, pero nadie acudió a la policía ni por supuesto hizo nada por socorrer a Sylvia. Finalmente, la chica murió. La tal Gertrude trató de hacer creer a la policía que ella misma se había suicidado, pero claro, las marcas de la tortura eran tan evidentes que no la creyeron. Hubo finalmente un juicio y tanto Gertrude como algunos de sus hijos fueron condenados a largas penas de prisión. Incluso uno de los niños de 10 años fue condenado, convirtiéndose en el preso más joven de la historia carcelaria de Estados Unidos.

Hay una película que recoge esta macabra historia. Se titula “An american crime”. Yo comencé a verla, pero fui incapaz de terminarla del mal cuerpo que se me puso.

A lo que voy con todo esto es a elucubrar por qué y cómo el ser humano puede llegar a tanta maldad, por qué unos niños accedieron a cometer semejante salvajada. En el juicio les preguntaban esto precisamente, pero nadie supo responder. Todos decían “no lo sé” o simplemente alegaban que cómo así lo disponía la madre, pensaban que debían obedecer sin más.

Por cierto, esto de la “obediencia debida” me trae a la memoria otro caso que también pone los pelos de punta. Imagino que, quien más, quien menos, la mayoría de vosotros habréis oído hablar de Adolf Eichmann, un nazi sanguinario que fue considerado uno de los responsables de la llamada “solución final”, mediante la que se buscaba el modo más contundente de exterminar a la población judía.

Eichmann consiguió escapar en un primer momento de quienes reclamaban su sometimiento a la justicia, hasta que en los años 60 fue localizado por el Mossad (el servicio de inteligencia israelí), secuestrado y trasladado a Israel, donde fue juzgado y condenado a muerte, condena que se cumplió con todo su rigor.

Durante el juicio Eichmann alegó en su defensa que él sólo cumplía órdenes, nada más.

Hasta aquí todo normal, digamos que es la típica defensa que suele esgrimirse en este tipo de casos. Ahora bien, dicho juicio fue cubierto como reportera por una escritora judía muy reputada, Hannah Arendt, quien sorprendentemente manifestó que el alegato de Eichmann le parecía correcto y que él no era en definitiva un criminal asqueroso por sí mismo, sino que cualquier hombre podía en circunstancias excepcionales extraer de dentro suyo una ingente cantidad de maldad que en condiciones normales quizá nunca se manifestaran, amparándose para ello en los mandatos de una autoridad superior, en este caso Hitler y sus edecanes.

Como imaginareis, estas afirmaciones de la Arendt le valieron multitud de críticas y reproches entre la comunidad judía… Y, sin embargo, ciertos experimentos sociológicos llevados a cabo con posterioridad parecieron refrendarlas, en el sentido de demostrar que hasta los seres humanos más bondadosos son capaces de desplegar grandes dosis de maldad si se les coloca en la situación adecuada para ello.

Concretamente, uno de estos experimentos lo llevó a cabo Stanley Milgram poco después del ajusticiamiento de Eichmann y lo hizo, entre otras razones, para poder validar o derogar los comentarios de Hannah Arendt. No me voy a detener en explicar de cabo a rabo la índole de dicho experimento (quien lo desee puede mirar en internet y enterarse de todos los pormenores); sólo diré que se trataba más o menos de que había un reclutador, llamémosle “el jefe”, que se hacía pasar por un eminente científico y ofrecía dinero a otras personas para que apretasen un interruptor que provocaba descargas eléctricas a otra que estaba atada una silla cada vez que fallaba una determinada pregunta que le hacía “el jefe”. La persona atada era en realidad un gancho que sólo simulaba recibir la descarga, pero los otros no lo sabían. La mayoría de los reclutados, cuando el castigo se iba haciendo más intenso, eran reacios a seguir aplicándolo, pero entonces “el jefe” los presionaba convenciéndoles de que era necesario para el buen fin del experimento, pues éste redundaría en beneficio de la ciencia y de la humanidad en general. Parece de locos, ¿no? Pues bien, los resultados del experimento fueron demoledores: un gran porcentaje de los reclutados no dudó en seguir presionando el interruptor incluso cuando veían al “actor” retorciéndose de dolor y emitiendo lastimeros gritos.

Se han hecho otros experimentos similares, algunos de ellos llevados incluso posteriormente al cine con ligeras variaciones, como los que fueron recogidos en una película titulada precisamente “El experimento” y en otra fabulosa titulada “La ola”.

La idea final a la que quiero llegar con todo esto es que los seres humanos somos menos humanos de lo que pudiera parecer y que, bajo determinada presión y en determinadas circunstancias, somos en el fondo capaces de cualquier atrocidad. ¿Verdad que provoca inquietud?
 
 


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