La Evolución del Ser en el Amor: una aproximación
Vemos fracasar, cada día, numerosas parejas a nuestro alrededor.
Pensamos que se trata de azar, de las exigencias de la vida cotidiana o incluso de una manifestación más de la libertad que —pretendidamente—pensamos tener. Ahora ya no tenemos instituciones coactivas que coarten nuestras uniones y desuniones, ni estamos reprimidos por tabúes, ni tenemos que dar cuentas a nadie por nuestra vida sexual, afectiva o sentimental. Ya no se conciertan matrimonios, ni se considera
morganático que se emparejen miembros de distintas clases sociales.
Y sin embargo, y con todo, seguimos siendo igual de esclavos que antes.
Lo somos porque aún no hemos comprendido nuestros estados evolutivos a la hora de buscar pareja. Y de encontrarla y mantenerla. Seguimos dominados por lo material, y eso se refleja en nuestras relaciones personales, en lo que esperamos de ellas, y en cómo las iniciamos, desarrollamos y terminamos.
Se puede dividir en tres niveles:
Primer Nivel
Nivel Animal. Complejo reptiliano. Instinto
Es el grado de evolución de aquellos que, aun dotados de Consciencia (esa extraña virtud que no es un epígono del cerebro, sino lo que nos hace seres destinados a perdurar más allá de la materia)
no se han diferenciado demasiado aún del comportamiento animal. Viven las relaciones basándose únicamente en criterios físicos de selección, y comportamientos recuerdo de nuestro pasado como primates.
Estudiar esta categoría de personas es un desarrollo más de cualquier tratado de zoología. La teoría de Dawkins del “
gen egoísta” (por lo demás bastante absurda si pensamos en que somos seres racionales), la del “
macho alfa”, la de la “
hembra receptiva”, la del “
cortejo”,… todas obedecen a lo mismo. Seres que apenas se han desperezado de su condición animal y se mueven por instintos, depredando en los caladeros a los que puedan acceder. Cultivando de forma obsesiva el físico, y valorándolo en los demás. No son capaces de mantener relaciones estables porque no las desean. Versados en la infidelidad, en las
amistades con derecho a roce y en la “filosofía” del
Carpe Diem. Con numerosas víctimas en su alimentación cotidiana.
Segundo Nivel
Nivel Material. Complejos límbico y neocórtex. Razón
En este nivel, aunque esté por encima del animal, todo se mueve en base a intereses y necesidades. Se sustituye el dominio de los sentidos por el
imperio de la razón. El cálculo de las funcionalidades es lo verdaderamente importante en personas de este tipo. Aspirarán siempre a mantener relaciones basadas en el éxito profesional, la pertenencia a un grupo, religión o modo de pensamiento organizados, la capacidad de proveer y el bienestar material. También a consumir recursos del otro. Aquí entran todas las dependencias emocionales, la teoría del
macho proveedor, el miedo a la soledad y la superficialidad. Se pondera a la futura pareja por la plusvalía que de ella se puede obtener. No sólo en cuanto a viviendas, coches o elementos fungibles, sino también por su capacidad de paliar estados carenciales, fungir de
enfermero o colchón emocional, sustituir figuras paternas y, en general, tener una serie de elementos que la hagan deseable con vistas al futuro.
Tercer Nivel
Nivel emocional/ transmaterial. Espíritu. Intuición y proyección evolutiva
Es el último grado al que un ser humano puede llegar en su evolución personal. Las personas que en él se encuentran suelen guiarse por sus sentimientos y no por elementos físicos o materiales. Tratan de establecer relaciones duraderas, aportan más que reciben y saben controlar sus instintos, la necesidad de atacar o el camino basado en
flashes fugaces. Como contras tienen la dificultad de integrarse en grupos, la tendencia a la introspección o simplemente el hándicap de no ser aceptados por no poseer características de los dos grupos anteriores.
El problema actual de las parejas es que los niveles que predominan son el primero y el segundo, y que ambos son hábilmente promocionados por la Sociedad actual, más interesada en la individualidad que en el colectivo. Se tiende a formar un sistema de castas en el cual se agrupan los pares, y en las escasas ocasiones en las que se produce una mezcla todo juega en contra de la durabilidad de la relación. Cuando las cosas vienen mal, se vuelve a buscar un candidato que reúna los requisitos del paradigma de pensamiento en el que uno se encuentre.
El Amor nunca es cuestión ni animal ni racional. Trasciende ambas categorías y conecta a quien lo experimenta verdaderamente con su dimensión espiritual. Viéndolo de esa forma, es fácil comprender por qué
tres de cada cuatro parejas actualmente conformadas son un sucedáneo: en ellas no está presente el Amor, sino el Instinto o el Interés.
¿Queremos seguir manteniéndonos en el fondo, viviendo relaciones insulsas, de servicios mínimos, viciadas en su base y destinadas a desaparecer, o por el contrario queremos una relación plena que nos llene, que llene a la persona con la que la compartimos y que nos ayude a los dos a crecer?
En esa pregunta se resume casi toda la problemática sobre la pareja que tratamos de desentrañar. Y no es pregunta fácil…