|
Usuario Experto
Registrado el: 11-September-2014
Mensajes: 5.103
Agradecimientos recibidos: 2353
|
Todos nos hemos visto sorprendidos por la reciente noticia de la dimisión de Iñigo Errejón, tan inesperada como impactante, una dimisión que, por otro lado, el dimisionario comunica a través de una carta de contenido tan ambiguo y equívoco que resulta prácticamente imposible de entender, al menos yo confieso que apenas la entendí, tan rimbombante y confuso era el lenguaje empleado.
Ahora bien, tras esta dimisión, las redes sociales y los medios de comunicación se han visto inundados de un sinfín de comentarios, revelaciones y testimonios que nos descubren a un Iñigo Errejón que, de dar pábulo a su contenido, era un crápula que había engañado, seducido e incluso agredido a toda una plétora de mujeres de todas las edades y condiciones. Vamos, una especie de Barba Azul, salvando obviamente las distancias, del siglo XXI.
Desde luego, todo lo que está saliendo resulta de lo más impresionante y sobrecogedor. Ahora bien, ¿serán ciertas esas elucubraciones? Lo pregunto porque de momento, más allá de su ambigua carta de dimisión, el señor Errejón no ha dicho nada al respecto, ni para consentir ni para desmentir, con lo que jurídicamente al menos le ampara el principio de presunción de inocencia. Y, pese a ello, está siendo criminalizado en todos los medios como un pervertido y una especie de psicópata monstruoso, tal y como dese algunos púlpitos ya le han calificado. No digo que lo sea ni que lo deje de ser, que cualquiera sabe, lo único que digo es que, teniendo en cuenta lo publicado hasta ahora, me resultan unas conjeturas de lo más exageradas, en cuanto a que no existe base sólida alguna para sostenerlas. Es posible que en los próximos días comiencen a surgir pruebas fehacientes que avalen este encarnizamiento, pero por lo que se ha publicado hasta ahora, insisto en que me parece desproporcionado, propio de una sociedad que parece ser que siempre está buscando a alguien a quien poder apalear y colgar de una encina.
Digo todo esto porque todo parece provenir:
a) de una serie de comentarios vertidos a través de la red social de una periodista, comentarios en los que se alude a la conducta reprochable de cierto político, pero sin dar nombre alguno ni mucho menos aportar pruebas fehacientes, más allá de los testimonios de las presuntas víctimas.
b) De la denuncia de una actriz que refiere unos hechos sucedidos hace ya tres años y que, a mi juicio, cojean por todas partes. Digo que cojean porque la única prueba que he leído al respecto es un wasap donde la víctima dice que Errejón la entró a saco. Eso no prueba nada, máxime cuando ella misma, después del presunto comportamiento indecoroso del agresor en una discoteca, decide voluntariamente ir a casa de él (pese, además, a recibir un aviso de que su bebé estaba con 40 de fiebre), y menos aun cuando en los días, semanas y meses posteriores víctima y agresor siguieron, como parece ser, mostrándose la mar de amigables e incluso coqueteando en diferentes redes sociales.
No sé, quizá se podrá tildar a Errejón de mujeriego, perdulario, mentiroso, hipócrita y muchas otras cosas de similar jaez, pero de momento no de agresor sexual ni de delincuente como ya hay quien quiere hacer ver.
Y que conste que a mí personalmente Iñigo Errejón siempre me ha parecido, por su aspecto físico, un individuo un tanto inquietante. En cierto modo me recordaba al personaje de la película Doctor Zhivago que hace de novio y posterior marido de Lara, un tipo que al principio se presenta como un idealista con cara de niño bueno, de los que nunca han roto ni un plato, pero que cuando llega al poder tras la Revolución Rusa se revela como un sádico brutal y despiadado.
|