|
Recibí un whatsapp y sonreí nerviosa ya que sabía que sería él y le socorrí, ¡¡Aunque no me pidió ayuda desde el móvil!!!!
Me bajé los grandes éxitos de El Fary, y casi se muere leyendo a Amor42. Me reí muchísimo. Lo mejor fue sus preguntas cachondas.
La princesa con la que sueño todas las noches, le huelen los pies a queso frito. Pero usé desinfectante para sus piececitos, fríos y suaves, porque la quiero, pero bien lejos. O más bien cerca de mi para lavárselos diariamente por la noche. Durante media hora luché contra monstruos pero por suerte, aunque eran mil, no padecían bromhidrosis porque me amaban.
Desenvainé mi espada de noble madera y con semblante de hacerme pis y algo dubitativo resolví aguantarme, pero no aguanté; meé la espada y la envainé. Nadie me vio. Tuve suerte, pero me quedó marca con forma de terrones de azúcar. Esto me recordó al verano pasado cuando estaba en la boda de mi prima Rupecia con una lavadora parlante y gruñona; "joroña que joroña" repetía sin cesar mientras daba vueltas en una minimoto con lacitos rosas pero tropezó con una mierda petrificada que gritaba enfadada:¡Ya no huelo! Y para remediarlo pisé un césped y me deshice de ella, pero fue insuficiente y decidí matarla a base de polvos de talco, lentamente; pero no murió...los pies se hicieron más grandes. Entonces apareció Rupecia con una crema a base de terrones de azúcar, recomendada por Torreiglesias para volverse invisible. Me sentí poderoso y con ganas de comerme un bizcocho pero primero debía llamar a Bárcenas. Nos conocimos en risoterapia robando en las taquillas y pagando en "b" la inscripción.
De pronto, un unicornio loco, que venía de hacer gestiones en Hacienda, iracundo porque no le salía a devolver y seguía con el cuerno desnudo, pero era un rinoceronte y decidí correr, correr y correr y volver a correr pero un hombre que también corría por ahí y me dijo con voz profunda: ¿Tienes fuego, Don Rinoceronte? No tengo fuego. No deberías...¿cómo se te ocurre pedir fuego si haces vida atlética y supuestamente sana con tanto correr? ¿por cierto, sabes quien era Forrest Gump?
El Rinoceronte me miró extrañado, quizá fuese por mi lavadora parlante, con lacitos rosas, la cosa es que después de tal respuesta, un gallifante apareció del cielo, le dijo algo a Don Rinoceronte, y se fueron juntos, pezuña con pezuña, bajo el sol del poniente.
Entonces ocurrió que apareció la princesa y... ¡era verde!. Era un melón pero no un melón cualquiera. Era el melón más rico del mundo. Y como era tan sabroso lo quise probar. Saqué mi espada de madera y al hacerlo me clavé una astilla pero esto no me impidió llorar sin parar, ya que estaba enamorado de mi princesita-melón, y tanto la quería que tuvimos meloncitos con patas y tardé en aprender a olvidarla 19 días y 499 noches, con sus consecuentes cafés. Tras ese tiempo resolví que 500 noches después, cuando nadie recordaba a nuestros melonhijitos, darme de alta en Foroamor por mis melonhijitos, cuyos nombres eran Charlie, Jonatan, Yoni, Yoni, Rafael, Migué, Jose Antonio, Raimundo y Telésforo y el pequeño Meloncio el cual tenía pesadillas con el enorme monstruo de las galletas chiquilín que aparecía jugando al teto con una gallina, reventándole el prolapso. Por suerte solo estaba soñando. Entonces, los melonhijitos viajaron a Marte a chupar jugo de ciruelas pasas y se intoxicaron de muchisimo amor por volverse melonhijitos.
7:00 AM. Suena el despertador. Se levantan los melonhijitos y se van a buscar marcianitos (recordad que están en Marte) porque creen que así los melonhijitos que eran sandías fueron todos devorados por una culebrilla.
Resucitaron los melonhijitos y se fueron a buscar...
|