Soy un cuellófilo confeso, pero nunca le he dicho a alguien un halago relacionado, tal vez porque lo considero inapropiado ya que para mi es una zona altamente erotizante, más relacionado con lo sexual que con la simple atracción visual (como pasa con el pelo, los ojos, manos, etc.).
La visión de un cuello con el pelo tomado (como la charlize) es una de mis debilidades, más aún si es visto por detrás. Recuerdo haber divagado durante horas admirando a mis compañeras en el cole y la universidad, o aguantándome las ganas de morder a la chica sentada adelante en el transporte público.
Incluso me he sorprendido sintiendo una fuerte atracción animal por chicas que no me parecían atractivas, únicamente gracias a ese simple gesto de tomarse el cabello y exponer el cuello. Es sensual y natural, y lo mejor es que lo hacen inconcientemente. Un momento sublime.
Una de las grandes sorpresas que me he llevado en la vida fue con las geishas. Siempre pensé en ellas como una forma de seducción completamente ajena a mi tiempo y cultura, por lo que nunca las he asociado con pensamientos eróticos. Eso hasta que observando a una con curiosidad me di cuenta de una particularidad en su traje tradicional: el cuello expuesto.
A diferencia de otros trajes tradicionales orientales de cuello cerrado y alto, el de las geishas deja al descubierto una importante zona del cuello posterior, lo que para un fetichista del esplenio como yo, significó una revolución. En ese momento esa chica que, aunque joven y bonita, por su traje y maquillaje no me atraía demasiado, pasó directamente a engrosar mi lista de fantasías diurnas.
Tal vez por eso siempre me he identificado con el Nosferatu.