No sé, hay veces que me rayo pensando en esto de los grupos de amigos. O sea, de verdad,
cuántos lo son de verdad?. Y cuántos simplemente están ahí porque nadie quiere quedarse fuera?.
Porque sí, se hacen bromas, hay risas, hay fotos juntos, alguna que otra conversación disfrazada de profunda de vez en cuando… pero también hay mucho silencio incómodo, muchas cosas que no se dicen, muchos, como por ejemplo; "yo también pienso eso" que en realidad son "voy a asentir para no quedar mal". Y eso... cansa.
He visto gente mantenerse en grupos solo por no quedarse solos. Y lo entiendo, eh.?.
A veces es más fácil fingir que estás bien acompañado, que asumir que estás solo entre gente. Porque lo otro, lo de salirse, también da miedo. Y si
no hay nada más ahí fuera?, Y si nadie más te elige?.
Y claro, dentro del grupo, se van haciendo mini grupos. Bandos, alianzas. Gente que conecta más con unos que con otros. Que se apoyan, sí… pero también se usan un poco como salvavidas. Como:
"tú y yo, mientras tanto, hasta que nos toque a nosotros estar fuera". Porque en el fondo, todos sabemos que si un día haces algo que no gusta al núcleo duro, igual te dejan de lado
. Nadie lo dice así, pero se siente.
Y eso te va moldeando. Te cambia. Te callas cosas que antes habrías dicho. Te ríes por educación. Te tragas momentos incómodos como si no pasara nada. Te vuelves versión editada de ti mismo.
Porque encajar cansa, pero quedarse fuera asusta más.
Y qué curioso que muchos de esos que parecen superseguros, que lo tienen todo bajo control dentro del grupo… son los que
más miedo tienen a quedarse sin él. Por eso
marcan territorio, por eso lideran sin que nadie los nombre. Porque lo que más les asusta es que el grupo siga sin ellos.
Y mientras tanto, tú ahí, sintiéndote un poco fuera de lugar, pero sin decirlo. Porque "bueno, son mis amigos", te repites!?. Aunque algo en ti se apague cada vez que sales con ellos.
¿Y sabes qué?, que eso no es amistad. Eso es necesidad. Compañía por miedo, no por cariño.
Y eso no llena. Solo ocupa.
A veces, cuando por fin te alejas, entiendes muchas cosas. Que hay grupos que no te querían, solo te necesitaban para mantener su equilibrio. Que tú no eras realmente tú cuando estabas ahí. Que la incomodidad era tu forma de decirte: "esto no es para ti".
Y sí, al principio da vértigo. Pero después… uff. Respirar sin tener que actuar, sin tener que caer bien, sin tener que explicar lo que sientes como si fuera una negociación… eso vale mucho. Y te das cuenta de que no necesitas un grupo. Necesitas un par de personas (o incluso una) con las que
puedas ser tú sin miedo. Y si no hay ninguna todavía, mejor estar solo que mal acompañado.
Y para quien se lo esté preguntando… sí, ya lo sé. Pero no te molestes en escribir, esta vez no estoy dejando espacio para respuestas.
Lo dejo a vuestra reflexión !.