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Antiguo 06-Oct-2014  
Usuario Experto
Avatar de Danteojos
 
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En el relato titulado “El collar”, el escritor francés Guy de Maupassant, discípulo de Flauvert, narra la experiencia de una mujer de escasos recursos que un día es invitada a un baile al que acudirá la más alta burguesía de la sociedad; ese día quiere lucir radiante, por lo que le pide prestado un collar a una vieja amiga suya de gran fortuna, collar con el que consigue incrementar su belleza y obtener un inusitado éxito en el baile. Sin embargo, a la salida del mismo extravía la joya, y no queriendo pasar apuro ante su amiga, decide pedir un crédito a unos usureros para poder reemplazar la joya comprando otra idéntica. Así lo hace, pero el esfuerzo económico resulta tan desmesurado que durante los diez años siguientes tiene que trabajar de limpiadora y someterse a todo tipo de privaciones para poder devolver el dinero. Al cabo de ese tiempo se reencuentra con su amiga y decide sincerarse con ella, contándole todo lo que sucedió. La amiga se queda perpleja y le dice que los brillantes de aquel collar eran falsos, que no valía apenas nada y que, por tanto, no hubiese sido necesario tamaño esfuerzo.

Triste, ¿verdad? Sólo queda el consuelo de que al menos la pobre mujer disfrutó de una noche memorable, una noche de éxito absoluto, tuvo en definitiva esos minutos de gloria que, si creemos a Andy Warhol, todos tenemos en un momento dado.

Así es a fin de cuentas la vida: nos esforzamos por cosas que en el fondo son tan inútiles, nos guiamos por estímulos tan bizantinos; somos, en fin, tan insignificantes, tan poca cosa
 
 


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