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Soy de las personas que consideran que no existen tales cosas como los «celos normales» ya que, por definición, los celos son una anomalía y perturbación mental que prescinden de apegarse a la realidad, tal como lo ejemplifico e ilustro Shakespeare en Otelo.
Ahora, puede que haya una normalización en la socialización de los celos, dando pie a precisamente considerarlos «normales», pero, ¿cómo decirlo?, en mi opinión eso no los normaliza en absoluto.
Puede que haya gente que los quiera normalizar para justificarlos y justificarse como un celópata, esto es, una patología.
Cuando una persona te está dando motivos reales de desconfianza por actos de infidelidad o traición, según yo, esos no son celos, no son figuraciones mentales, sino actos y hechos consumados reales.
Una falta real versus una irreal a causa de cualquier cosa como un chisme, un rumor, una calumnia, una confusión, una malinterpretación, una tergiversación, propia o extraña, etcétera es lo que diferencia una falta y agravio de los simples celos.
No está demás decir que la gente celosa a menudo es infiel y, aunque parezca irónico, básicamente sus celos los motiva el miedo a que le hagan lo mismo que él o ella hace o piensa.
Y los celos como arma de control, sometimiento, chantaje, es todo un tema.
En fin, se pueden decir muchas cosas pero definitivamente son nocivos porque alteran y perturban la mente de quien los padece, no son motivo de cosas buenas, positivas y sanas, no constituyen una virtud moral ni de carácter, sino todo lo contrario.
Las relaciones amorosas parten del compromiso basadas en la confianza en donde se asumen de forma voluntaria mutuas vulnerabilidades, razón por la que la responsabilidad y lealtad hacen de garantes.
¿En dónde quedan cualquiera de estas cosas con los celos?
Una relación así, con «celos normales», quién sabe en qué está basada.
Y el que te va a poner los cuernos, igual lo hace con o sin escenitas de celos, incluso hasta para un cínico les vale de justificación.
Es mejor no vivir con miedo por perder alguien que, de hecho, no valía la pena.
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