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Hablando con una amiga que ahora por fin parece que ha conocido al hombre de su vida, ella me comenta que se ha embarcado en la complicada tarea de "domesticar" a su novio.
Eso me ha hecho pensar en que por una parte yo no querría que nadie pretendiese cambiar aquellos elementos de mi manera de ser que no le gustasen en una relación, pero por otra parte me ha hecho ver lo triste que es saber que nadie jamás se tomará la molestia no ya de querer cambiarme, sino de conocerme. No sé, quizás porque pienso que más allá de ese detalle de querer cambiarte, "domesticarte", lo que se esconde es la firme determinación de una persona, en este caso esta chica en querer apostar fuerte por esa relación, por ese chico, hasta el extremo de querer cambiarle, cuando en el fondo, sabe que es nunca lo conseguirá, pues las personas no cambiamos, cuando nos hacemos adultos ya tenemos todo el equipaje puesto y si bien nos adaptamos a las circunstancias pudiendo modificar en algo nuestro comportamiento, la esencia de quienes somos y lo que somos, para lo bueno y para lo malo, se mantiene.
Ella sabe que él no va a cambiar y en el fondo no quiere que cambie. Esa lucha que sostiene con él es parte del alimento de su relación, es parte de su dinámica como pareja y la verdad es que me alegro mucho. Me alegro por ella, porque sea feliz, porque esté viviendo ese amor que tanto ansiaba y espero de verdad que le dure, que su batalla le dure toda la vida.
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