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Cuando ocurre algo así, es bueno recordar tres reglas básicas:
1) Pararles los pies a los criminales sin la más mínima contemplación. Si la mejor forma de que no maten más es fusilarlos como a perros, a mí desde luego no me temblaría la mano.
2) Diferenciar muy bien a este hatajo de psicópatas de otros que pueden compartir con ellos la religión pero no por eso van a aplaudir sus crímenes. Del mismo modo que no todos los vascos, ni de lejos, aplauden los crímenes de ETA, al contrario.
3) No dedicar ni una décima de segundo a valorar los argumentos que dan para hacer lo que han hecho. En el momento en el que se lanzan a la violencia, pierden de golpe el derecho a que se debata su punto de vista.
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