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A esta gente cobarde, que se escuda en la intimidad del hogar, en unos litros alcohol, y en su propia bajeza repugnante como personas, para perpetrar el crimen más horrendo que es maltratar a una mujer indefensa, que además, casi siempre es la madre de sus propios hijos, la que se los ha regalado, un bien que es el más... preciado para cualquier hombre que se precie de calificarse así, a esos, habría que encerrarlos y tirar la llave. Desgraciados.
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