> Foros sobre otros temas > Off-Topic - Otros temas > Foro sobre Actualidad
 
 
 
Prev Mensaje Previo   Próximo Mensaje Next
Antiguo 16-Sep-2025  
Usuario Experto
Avatar de Sisu
 
Registrado el: 14-February-2025
Mensajes: 531
Agradecimientos recibidos: 146
La pregunta en el título se conoce como la paradoja de la tolerancia de Karl Popper. Charlie Kirk era un intolerante y representaba casi todo con lo que no estoy de acuerdo. No se trata de una simple diferencia de puntos de vista, ni de un desacuerdo rotundo, absoluto o irreconciliable. Desde mi punto de vista, CK era intolerante y perjudicial para la democracia.

¿Merecía lo que le sucedió? Absolutamente no. La violencia siempre debe ser el último y más desesperado recurso. Pensemos en un ejemplo por antonomasia: el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, que solo pudo ser frenado con violencia. Para cientos de millones de personas, era una cuestión de vida o muerte. Sin embargo, este ejemplo extremo no aplica a cada situación de polarización política que vivimos hoy en día, por mucho que las ideas de CK nos recuerden a algunas de esa infame época.

A continuación, mencionaré otros argumentos para explicar por qué, quienes diferimos de sus ideas, deberíamos condenar sin paliativos lo ocurrido con CK. A pesar de esto, muchas personas en las redes están justificando su desenlace, precisamente por la intolerancia que exhibió durante años y por el terrible uso que hacía de ellas para captar jóvenes seguidores para las filas de Donald Trump.

¿Por qué ser empático con alguien que no mostraba empatía en sus entrevistas, debates y presentaciones? ¿Por qué lamentar la muerte de alguien que soñaba con un mundo donde la tolerancia y los derechos de quienes pensaran distinto a él no tuvieran cabida? ¿Por qué lamentar el deceso de un influencer de ultraderecha con discursos llenos de veneno, que cada día contribuía a hacer más profunda la brecha que desgarra a la sociedad estadounidense?

Si algo nos enseña la historia es que la violencia política solo trae más violencia. Dado que este cruel crimen ocurrió en el país más influyente del mundo y que las redes sociales magnifican la convulsión de noticias ya de por sí estremecedoras, solo podemos esperar que lo sucedido a CK cause un grave aumento en la crispación de un debate político que a nivel mundial parece no soportar más tensión. El maltratado tejido social, al menos en Estados Unidos, parece cada día más cerca de una ruptura total.

Además, ante este tipo de eventos, antes de justificar eliminar a alguien que no piensa como nosotros, hay que detenerse a pensar que si esto es justicia, también lo sería eliminar a los activistas de izquierda. De hecho, el propio Trump ha dado muestras de que justifica cuando alguien de ultraderecha sale con un rifle a tomarse la justicia por su propia mano.

No debemos deshumanizar a quienes piensan distinto de nosotros. Hacer este ejercicio no equivale a empatizar con los argumentos de Charlie Kirk ni a justificarlos de alguna manera. Se trata, simplemente, de reconocer que detrás de su discurso y de su cuestionable faceta política, existía un ser humano a quien otras personas, como su familia, querían.

No hay que dar pie a justificar la eliminación de personas por pensar diferente. De hecho, algunos miembros de la ultraderecha están llamando a guerras civiles, a la "cacería de wokes" y a poner balas en las cabezas de los "zurdos". Muchos medios de comunicación no ayudan, y los políticos, menos. Como se sospecha, es necesario hablar de Donald Trump.

Desde mi punto de vista, Trump es uno de los principales responsables de la turbulenta polarización que vive su país. Es él quien lleva más de una década crispando el ambiente político mundial, dando oxígeno a teorías de conspiración, difundiendo fake news y contribuyendo a la radicalización tanto de la derecha como de la izquierda. Es una persona profundamente divisiva, incapaz de crear un clima en el que el acuerdo sea posible. En el mundo de Trump, "estás con él o estás en su contra".

Lejos de lidiar con lo sucedido a Kirk, si bien llamó a una respuesta no violenta, lo que hizo fue ahondar aún más en la brecha en lugar de calmar las aguas. En una entrevista en el programa "Fox & Friends" de Fox, se dedicó a fustigar a los "lunáticos" de la izquierda radical. Cuando la periodista Ainsley Earhardt le preguntó qué hacer para solucionar el problema, en vista de que hay radicales tanto de izquierda como de derecha que recurren a la violencia, Trump se dedicó a justificar las razones por las que, de vez en cuando, un radical de derecha comete uno o varios crímenes contra personas por motivos políticos. Según él, cuando lo hace alguien de derecha es porque quieren detener el crimen o están hartos de los "pésimos inmigrantes" que entran al país. Incluso se atrevió a lanzar una estadística criminal, asegurando que el 80% de los inmigrantes en Estados Unidos son "locos o delincuentes".

Con sus palabras divisivas, Trump olvida los crímenes cometidos por personas de derecha, como el de la congresista demócrata de Minnesota, Melissa Hortman, y su esposo. O el intento de crimen contra el senador demócrata John Hoffman y su esposa a manos de B. Luther Butler. También olvida el ataque que sufrió Paul Pelosi, esposo de la congresista Nancy Pelosi, por parte de David Wayne DePape. Si bien ninguno de estos atacantes fue identificado oficialmente como miembro del partido republicano, sí tenían posiciones conservadoras y de ultraderecha. No pretendo justificar el ataque de Tyler Robinson, quien eliminó a Charlie Kirk. Lo que quiero es desmantelar el argumento de Trump, según el cual la violencia política proviene exclusivamente de la izquierda radical, y cuando un atacante es de derecha, su acción resulta de alguna manera comprensible y menos reprobable.

El relativismo que se aplica desde la derecha para juzgar este tipo de crímenes también tiene que ver con los inmigrantes. El gobernador de Utah, Spencer Cox, compartió que cuando se enteró del crimen, esperaba que el culpable fuera de otro estado o de otro país, porque la gente de su estado "no hace ese tipo de cosas".

Volviendo a la pregunta inicial, ¿debemos ser tolerantes con los intolerantes? Karl Popper planteó esta paradoja en los tumultuosos años cuarenta. Él explicaba que una sociedad genuinamente tolerante debe reservarse el derecho de no tolerar a los intolerantes, porque, de lo contrario, estos podrían aprovecharse de esa tolerancia para destruir la sociedad en la que viven. La respuesta a este dilema, al menos hoy en día, no es sencilla.

Desde un punto de vista discursivo, la respuesta es un rotundo NO. Una sociedad democrática nunca debe tolerar discursos de figuras como DT o CK.

El proyecto político de DT está utilizando la democracia de su país para desmantelarla e imponer un sistema autocrático e intolerante. En este sistema, las minorías y las personas más vulnerables no tendrían voz, y el derecho a la protesta contra esta imposición sería criminalizado. Es un patrón que también vemos en muchos países de Europa y Latinoamérica.

Debemos luchar contra esto, y nuestra lucha debe ser con todos los recursos que nos ofrecen la democracia y el debate cívico, no con la violencia ni las balas.
 
 


-