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Iniciado por Standby
tengo una teoría sobre los hombres (ni idea si se puede aplicar a las mujeres porque como no me van los rollos lésbicos no he pensando en ello), y es que hay dos tipo de tíos, los que se fijan en la cara y los que se fijan en el cuerpo. y según eso es de un modo u otro. que no es ni que uno sea maravilloso ni el otro un gilipollas.
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Pienso que cualquier persona que tiene una teoría va por el buen camino... no conozco otro modo de que la vida sea algo más, que hagamos lo que hagamos, las experiencias cobren significado.
Además tras una teoría suele surgir otra, o también puede que haya teorías anteriores.
En el caso concreto que mencionás, me cuesta entender que exista otro modo de fijarse en una mujer que no empiece por su rostro; al margen que después un tío sea un fervoroso entusiasta de su cuerpo, o incluso de algunas partes en especial.
Y lo digo porque la cara no sólo es un conjunto de facciones, que de acuerdo a su armonía de conjunto conforman un paisaje más o menos afortunado. Lo digo porque a través de sus expresiones se manifiestan sus estados interiores, toda la belleza de su vida emocional: sus alegrías y tristezas, su ternura, su sensualidad… y todos los entrecruzamientos imaginables que configuran la sublime complejidad del alma femenina.
No niego que me deleite y mucho, las delicadas turgencias de sus senos, las curvas y contracurvas de sus caderas, las concavidades y protuberancias de su vientre, de sus nalgas, el tacto suave con que la piel anuncia las zonas más erógenas, la gracia leve de sus pies, la tersura apacible de sus hombros y su espalda… todo el cuerpo de una mujer es un fetiche, un exquisito fetiche. Pero…
En el principio fue el rostro…
Y es que el rostro es el verbo. El verbo interno… El lenguaje secreto del alma.
Te saludo desde el otro lado del charco: Roberto