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Lovele: Creo que muchas de las respuestas ya habrán despejado tus dudas.
De todos modos voy a dejarte mi punto de vista.
Hay muchas causas que inciden en la duración del acto, de todos modos cuando una pareja lleva un tiempo y esa pareja está bien complementada entre sí, una de las cosas que acostumbran a hacer, es brindarse amor sin pensar necesariamente si va a desembocar en una relación sexual hasta el fin o no.
Porque hacer el amor, es algo mucho más amplio, satisfactorio y trascendente que ******, coger, o como se le llame en esta infinita lengua que hablamos tantos países.
Hacer el amor no es una versión acaramelada del sexo, no, es algo más poderoso.
Comienza desde que se miran, desde que se rozan, desde que el aliento acaricia las pieles de ambos.
Comienza como un juego, porque es una manera relajada y cómplice de ir midiendo la temperatura del otro; y cuando más dure el juego, más posibilidades hay de que se encienda el fuego… aún dónde no parecían existir las condiciones.
El juego es el antídoto de todas las tensiones que conspiran contra un acto sexual amoroso, ardiente, y prolongado. El cúmulo de responsabilidades que nos abruman: La incertidumbre, la ansiedad, la competencia feroz…
Las primeras caricias son como el aviso que estamos por atravesar el umbral que nos llevará hacia otro lugar, el lugar que cada pareja de amantes va construyendo para si mismos.
El único lugar imaginario y real a un mismo tiempo que puede compartirse.
Quienes se empeñan en construir ese espacio íntimo, lo consiguen. Una premisa importante es el acuerdo tácito de que por más estresados o agotados que estén, no tiene porqué privarse de un momento de felicidad.
Y para eso es bueno haber transitado previamente, momentos similares sin que los dos tengan necesariamente que llegar al orgasmo o la eyaculación.
¿…?
Sí, El acto es un acto en sí mismo y muchas veces una mujer puede no haber llegado al orgasmo, o por lo menos, no a un orgasmo de máxima intensidad, y sin embargo haber pasado una muy buena y placentera experiencia.
Los hombres, lo sepan o no, también. Siglos de machismo recalcitrante han operado en nuestra contra… sí en nuestra contra, al privarnos de gozar una experiencia tan rica como hacer gozar y llegar al orgasmo a nuestra compañera, sin que exista la obligación de tener que eyacular.
Si alguno encuentra esto parecido al sexo tántrico, pues bien… llámalo como quieras.
Pero lo que deseo resaltar es que una pareja que tiene el compañerismo, la complicidad, la conexión necesaria; no se plantea antes de comenzar, en que va a terminar el juego previo (había escrito: el fuego previo) y realmente son términos intercambiables en este caso.
Cuando se escucha lo de dejarse fluir, se trata esto. No importa si es en un programa sobre tantra o cualquier otra cosa.
Hacer el amor como quienes aman navegar… sea en un mar calmo o en uno embravecido… porque cada uno tiene un encanto diferente.
Cuando se comienza sin por amar sin expectativas… el cielo es el único límite.
El tiempo transcurre sin que nos demos cuenta, porque se está más pendiente de los sentidos y de nuestra pareja.
Cuando el fuego previo fue avivado con el vigor de los juegos de niños, el tiempo se transforma en una dimensión distinta.
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