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Seamos serios. Es difícil perdonar esas cosas. Digo: perdonar. Perdonar es un proceso ciertamente laborioso, y que el agravio se tolere es solo la primera parte.
Ahora mismo las relaciones tienden a perder su valor. Las personas, todo lo que nos rodea, tendemos a ser menos. Si toleramos la infidelidad, seremos aún menos de lo que éramos ayer, menos de lo que somos hoy.
Perdonar es solo un residuo de la antigua moral católica, que se aplicabla en parejas y familias, como garantía de estabilidad social y progreso económico.
Aún siendo criticable el modelo autoritario descrito, ahora nos prefieren divididos. Juntos, pero en conflicto. Parte de la disgregación es tener que asumir que somos prescindibles para las personas que se supone que nos tendrían que querer. Me parece que ahí hay algo muy equivocado.
Por cierto, que si una mujer me liara algo así, me importaría tres pepinos si al amante le llama 'amigo' o 'Perico el de los Palotes' porque ya no podría estar con alguien así, por lo que adiós muy buenas. Sea en la juventud, o en la vejez.
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