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El miedo. Cuando te veo llegar, debe ser eso lo que me paraliza. Me lleva a comportarme de modo ilógico, idiota, irreal. Es un tipo de miedo que puede llegar a echarnos atrás en el momento de darte los buenos días.
Es la clase de miedo que me hace bajar la cabeza cuando te veo pasar. Pero claro, luego parece que me infundo de valor para mirarte mientras escribes. ¿Quién no se habrá dado cuenta?
Incluso tú sonries cuando te das cuenta. Y yo que hago? Te saco la lengua. Porque soy así, especial. No quito la mirada. No tengo porque. Porque si me sigues mirando me das tiempo a ver bien esa mirada tuya, tan noble. Llena de alegría.
Me gusta porque eres feliz. Vives en un mundo del que tal vez yo sea bastante desconocida, que no sepa mucho de nada de ello. Pero igualmente lo intento. Y lo he intentado. Pero ahora no es que quiera hacerlo por cualquier motivo, ni siquiera es por tí. Es porque quiero saber que se siente estando en el mismo Nirvana en el que entras tú cuando hablan de eso.
Antes me daba mucho miedo. Y aún me lo da, pero me voy a arriesgar. ¿Sabes porqué? Porque tengo que hacerlo. Primero afrontaré esos miedos para luego superar los que vendrán. Ya sean contigo o sin tí, el miedo no puede vencerme.
Porque el día que te mire a los ojos y te diga ¡Te he echado de menos! y me mires con cara confusa, solo sonreiré y me iré. Me daré la vuelta y me sonrojaré. Quedándome callada.
Porque quiero ser libre, porque no quiero tener nada más que perder. No puedo perder lo que no he tenido. Y no puedo echarte de menos si no te tengo. Porque sé que no te tendré pero no me voy a rendir. Aunque el miedo me paralize cuando te veo. Aunque el miedo me diga que tengo que darme la vuelta y olvidar todo el embrollo que se me forma en la cabeza. ¿Sabes qué pasa?
Que me he ido fijando en tí. Que no eres lo que pensé en un principio, eres incluso mejor.
Y no quiero que el miedo me impida perder eso. Aún a sabiendas de que no podré ganarlo.
Pero da igual, seguiré siendo la misma chica asustadiza de siempre.
¿Consejo?
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