Hay que ser prudente y tratar de aprender una importante lección vital. Es fundamental saber distinguir entre un conocido, un colega, una amistad superficial que nace del trabajo, del estudio o de la pandilla de fiesta de lo que es un verdadero amigo.
Cuando se confunden esos conceptos, acabamos hablando con quien no debemos. Una buena táctica es confiar a según quien ciertos detalles, no demasiado importantes, pero un poco suculentos y ver si sabe o no gestionar su silencio. Tampoco se puede ir por la vida desconfiando de todo y de todos, es tan perjudicial como confiar en el primero que se cruza en tu camino.
Incluso entre esos verdaderos amigos hay que escoger solo a quien tenga la suficiente discreción y cabeza para confiarle según que temas, no todo el mundo sirve para ser un confidente y aún menos para ser un confesor

, a veces las indiscreciones no vienen necesariamente por querer hacerte daňo, vienen porque no saben guardar nunca un secreto, ni aunque ese secreto sea suyo.
Es muy probable que te sientas frustrada porque sospechas que no tienes verdaderos amigos y la prueba está en que un amigo puede hacerte daňo sin quererlo, pero nunca de forma intencionada, si lo hace, de amigo tiene poco.