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Permitidme que, después de la introducción, continúe con mi relato.
Mi atracción por Carme no pasó desapercibida, ni por ella, ni por mis amigos. De camino al instituto no dejé de consultar a Nando buscando obtener la máxima información acerca de Carme. Tan solo supe que vivía a pocos metros y que, como compañera de clase de Isa, su hermana, iban muy a menudo juntas a su instituto. Atisbando mi interés me emplazó a consultar a Isa, como así ocurrió.
La cuestión es que Isa, haciendo alarde de su condición de Cupido, consiguió despertar el interés de Carme hacia mi.
Durante la siguiente semana, Carme asistió diariamente a casa de Nando e Isa, por lo cual me sentí muy ilusionado. Sabía que la atracción era mutua y yo, que me consideraba tan poca cosa, sentía un bienestar interior que seguro que a vista de los demás incluso modificaba mi comportamiento.
Por fin llegó el 21 de Noviembre de 1985, fecha de nuestra primera cita. Debían ser cerca de las siete de la tarde cuando fui a recogerla a la salida de su instituto, desde donde nos dirigimos a una especie de Pub (antes se llamaban así). El local se llamaba "KOALA" y debo reconocer que se trataba de un cuchitril sin ningún encanto pero que nos ofreció la oportunidad de estar a solas.
A las 20:30 llegó nuestro primer beso. A esta hora se iniciaba una nueva etapa de mi vida, la que después he catalogado como el único periodo feliz de mi vida.
Dejadme que os hable de mi; Soy el menor de una familia escandalosamente numerosa, lo que obligó a mis progenitores a dedicar demasiadas horas al día a ganar el sostén. En casa nunca faltó nada pues por fortuna las cosas iban bastante bien (eran otras épocas). Ser el pequeño no significa ser el mimado, sino "otro mas". Quizá mis padres erraron, porque eche de menos un poco del calor paterno que mis hermanos habían recibido. Unos padres permanentemente atareados se cuidaron de que jamás me faltara nada, pero me faltaron ellos.
Y esta fue (creo yo), la razón por la cual nunca me sentí tan importante como mis amigos y compañeros, los cuales solían hacer actividades acompañados por sus padres.
Llevarme a una escuela del Opus Dei, en la cual nunca me integré, solo enfatizó mi baja autoestima.
Por el contrario, Carme era hermosa, cualquier chico de mi edad se pelearía para ganar su amor. Y, aunque extraño, se fijó en mi.
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