Ha llegado la hora de intentarlo. De dar un pequeño paso al frente e ir a por ella. No merece la pena seguir con esta quemazón, con esta obsesión. ¿Le gustaré, no la gustaré? En realidad poco importa. Sólo importa lo que yo quiero ahora mismo. ¿Me arriesgo invitandola un día a salir?
No. Sí dice que no, es su problema, sí dice que si, será una gran alegría. Pero bajo ningún concepto eso debe condicionar mi bienestar.
No puedo ir por la vida constantemente preguntandome que siente ella, que piensa ella... ¿Por qué esa tendencia a imponer la imagen que los demás tienen de nosotros antes que nuestra propia felicidad? Y es que se puede ser feliz sólo, es algo que ya tengo comprobadísimo.
Una vez te liberas y empiezas a centrarte en cómo te sientes tú contigo mismo, los miedos y las inseguridad empiezan a desaparecer. El resultado empieza a dar igual, porque puedes ser feliz independientemente de lo que pase. Uno tiene que hacer lo que quiere hacer, lo que le apetece hacer.
Y hoy me apetece invitarla a salir. Algo que hace unos días me provocaría una vergüenza terríble, un miedo casi paralizante. Hoy es una idea que me hace feliz. Porque no temo la respuesta. Pase lo que pase yo seguire siendo feliz, mirando al futuro.