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Guest
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Hola a todos. Quisiera compartir mi historia y si es posible recibir algún consejo, por si acaso las cosas se ven distintas desde el exterior.
Cuando era adolescente, tuve la desgracia de sufrir una enfermedad grave, de una variedad poco conocida. Yo, que ya era depresiva y había sufrido bullying mucho tiempo, me hundí por completo. A pesar de los deseos de mis padres, los médicos fueron honestos conmigo, porque lo pedí, y mi mundo se vino abajo.
No me iba a poder vengar de quienes me estaban haciendo daño en esa etapa de mi vida con una trabajo mejor, ni un marido mejor, ni a tener hijos, ni a ser feliz. No iba a haber cuento del patito feo, porque el horizonte acababa de reducirse drástricamente.
Hay gente que lo lleva mejor que otra. La tv está llena de casos "ejemplares" en los que la persona enferma piensa primero en los demás, se resigna, les desea lo mejor... Yo no era así. Estaba llena de odio, de rabia, de miedo a que mis padres decidieran tener otro hijo para sustituirme, como alguien a quien se le muere un perro. No era justo que me pasase a mí, en lugar de a los que me habían atormentado durante años, no estaba bien y me resistía como podía. En las fases en que no estaba tirada en la cama como una cosa muerta, encadenaba berrinche tras berrinche, gritos y mal humor.
Esta racha continuó cuando marchamos al extranjero a seguir con el tratamiento, claro. La idea no me gustaba nada, porque no era el tipo de viaje con el que una persona joven sueña, con mochila y libertad, no, era viajar para sufrir lejos de mi propia casa. Pero es que tampoco quedaba otro remedio.
Y... esta es la parte de la que quería hablar. Allí, además de amargarle la vida al resto de internos los primeros días, conocí a la persona que me iba a llevar en adelante. Y me enamoré como la cría que era.
Me gustó porque tenía unos ojos bonitos y saltones que no parpadeaban casi nunca, y eso incomodaba a la demás gente, y un sentido muy negro del humor, que no te esperabas en un médico de esa especialidad. De vez en cuando tenía accesos de mal genio y un par de tics que me hacían gracia cuando se ponía nervioso. Tuvo mucha paciencia con el mal inglés que yo hablaba por aquel entonces, y procuraba hacerme compañía cuando mis padres tenían que volver a España a trabajar, que eran muchos y largos días. Tenía una voz muy tranquilizadora.
El caso es que cuando yo estaba peor y las perspectivas no eran las mejores, "me declaré". Le dije "si salgo, me caso contigo". El pobre hombre no salió corriendo, pero casi jaja.
Y salí, por eso estoy escribiendo ¿no? jaja
Hace casi dos años que volvimos a vernos en la barra de la cafetería de una estación de otro país. Me reconoció él, a pesar de que he cambiado... bastante. Y es que según él, ha tenido muchos pacientes, pero soy la única mujer que le ha pedido matrimonio. Así que si no una boda, le debía un café XD Fue bastante mortificante al principio, porque uno se avergüenza de las tonterías que hace y dice en su juventud, y que te recuerden por ellas es incomodísimo.
Al final nos sentamos juntos y seguimos hablando mucho tiempo. Resumiendo mucho: no le habían ido bien las cosas, ni sentimentalmente ni en el terreno laboral. Se terminó quemando de todo aquello, y no hay vida familiar que soporte a alguien permanentemente amargado por el trabajo. Yo le conté mi vida (porque gracias en parte a él he tenido una) y cómo tampoco había tenido suerte.
Es raro encontrarte con alguien a quien tienes siempre joven en la memoria, y descubrir que ha envejecido. Un golpe bastante fuerte, porque tienes que superponer las dos imágenes en la cabeza. Lo más extraño de todo es que al pasar unas horas me di cuenta que tampoco importaba tanto, porque seguía siendo la misma persona, con la misma sonrisa, los mismos tics, los mismos ojos... con la enorme diferencia de que en ese momento sí teníamos edad para poder ser amigos.
Pasamos unos días juntos, visitando la ciudad, y cuando tocó despedirse fue muy duro. Tanto, que me arrepentí de no haberlos pasado revueltos jaja. Seguimos hablando por Skype, y nos hemos visto siempre que ha sido posible, hasta que la cosa ha ido por los cauces imaginables.
La última vez, me ha pedido que vivamos en la misma casa.
Mis padres están poco menos que aterrorizados por la perspectiva. He salido antes con hombres mayores que yo, y ha acabado como el rosario de la aurora, tienen miedo de que vuelva a suceder. Pero sobre todo, tienen miedo de que funcione, y me ate a una persona de su edad, con todo lo que conlleva.
Creen que lo que siento es gratitud, admiración y cariño, y hasta cierto punto es verdad, pero también lo es que él me atrae y en ese sentido no nos va mal.
Hoy en día la gente vive mucho tiempo, y aunque no fuera así, más vale tener 10 años felices que 30 malos ¿no?
¿Qué pensáis? ¿Me estoy precipitando? ¿tiene lógica lo que digo...?
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