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Antiguo 03-Sep-2017  
Usuario Novato
Avatar de Cuervo88
 
Registrado el: 03-September-2017
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Buenas tardes,

Aquí vengo a contar mi experiencia personal en pareja con la que fue mi ex-mujer y, así mismo, sus indifelidades.

Mi ex y yo estuvimos juntos 3 años (2 como pareja y 1 como matrimonio).

Desde el principio de estar juntos observé en ella unos signos alarmantes en cuanto a su forma de ser o, mejor dicho, de concebirse a sí misma. Desde bien temprano observé que fue una chica falta de autoestima, que se valoraba muy poco, que apenas se quería, y que tenía un concepto pobre y negativo de sí misma. Estos hechos, si bien los descubrí por mí mismo, también fueron aspectos que ella misma me llegó a referir en muchísimas ocasiones durante el tiempo que estuvimos juntos.

Se definía como una persona con muchos miedos, inseguridades, complejos, rencillas familiares y personales de hacía años, etc. Y yo, desde el principio de descubrir eso y saber qué tipo de problemas le puede acarrear eso a una persona si no decide atajarlo, le recomendé que se pusiera en manos de un terapeuta (psicólogo) para poder trabajarlo y superarlo.

En todas y cada una de las veces que yo le propuse aquello, respondió siempre con lo mismo: "No, yo no necesito ayuda de nadie. Yo sola puedo con esto". La realidad, mucho tiempo después y cuando todo tocó a su fin, fue diametralmente opuesta.

Durante nuestro noviazgo todo fue bastante bie, y sólo hubo indicios de cosas "extrañas" o preocupantes casi al tiempo de pedirla matrimonio.

En un inicio me dijo que sí sin pensárselo. Dijo que quería casarse conmigo e incluso se mostró tan ilusionada como yo. No obstante... y a agua pasada ahora lo veo, hubo indicios de que aquello no era cierto (me ocupé yo solo de los preparativos de toda la boda, ella apenas mostró inquietud o nervios por ocuparse ni tan siquiera de su vestido, etc.). Pero como digo, por aquel momento lo tomé como la inseguridad o nervios propios a un acontecimiento tan importante.

El día de la boda llegó, y todo salió estupendo. Fue maravilloso, algo mágico (al menos para mí, pues era ver un sueño hecho realidad: casarme con la persona que más amaba y que consideraba la mujer de mi vida).

Una semana después de la boda... llegó el mayor estacazo que he vivido jamás (y eso que ya sufrí de infidelidad en otra relación anterior a esta).

Una semana tras la boda, descubrí que me estaba siendo infiel con otro hombre. Es decir, en el momento de casarnos ya estaba liada con otro.

Como podréis imaginar, eso me destrozó por dentro al completo. Tuve la sensación de no saber qué ocurría, y que todo debía de ser un mal sueño, una pesadilla. Pero nada más lejos de la realidad.

Al prinicipio hubo intentos por su parte de negarlo todo. Pero ante las evidencias... al final tuvo que reconocerlo. Llegó a decirme que no sabía por qué lo había hecho. Que en verdad me quería a mí, que yo era el hombre de su vida, etc. Pero la realidad era otra: éramos dos tíos en su vida.

Pusimos algo de espacio entre ambos. Y espacio LITERAL. Ya que ella proviene de una Comunidad Autónoma distinta a Madrid y, entonces, se fue con la familia unos días (ya que conmigo llevaba viviendo desde hacía ya 2 años).

A los pocos días de ocurrir aquello, ella se puso en contacto conmigo para hacerme saber que estaba sumamente arrepentida, que sentía muchísimo haberme traicionado así, y que le gustaría volver a Madrid para hablar conmigo y ver si era posible otorgarla otra oportunidad. Accedí. Accedí a que viniera a hablar. Y lo hice sin saber realmente qué iba a ocurrir con respecto a esa oprtunidad que ella me solicitaba. Tenía en mente que viniera para aclararme qué narices ocurrió y por qué. A día de hoy sigo sin saberlo, ya que ella dijo que no sabía qué se le había pasado por la cabeza para hacerme algo así, pero que se arrepentía profundamente porque yo no merecía ese trato después de todo lo que la había dado a ella (tanto materialmente hablando como, especialmente, a nivel humano).

Ella salió de su provincia para mudarse a Madrid conmigo muy pronto. Y lo hizo a gastos pagados al 100%. Ella estudiaba, yo trabajaba. Y aún no sé por qué, eso nunca me importó en el momento en que se lo dí. Le dí esa posibilidad de vivir a cuerpo de reina sin tener que preocuparse por buscar un trabajo hasta que terminara de estudiar el FP que tenía empezado. Así que... estuvo 3 años viviendo a la sopa boba, sin más compromiso que tener que estudiar y, así mismo, mantener una relación honesta conmigo. Ninguna de las dos cosas fue capaz de hacer, especialmente la segunda.

El caso es que tras regresar y pedirme perdón, demostrarme que estaba arrepentida, y tal... yo accedí. Llegué a creerme que de verdad había sido un maldito desliz, un error absurdo, y que en verdad me quería y eso no se volvería a producir. Así pues... retomamos la relación. Ella procurando restaurar la confianza perdida, y yo haciendo por volver a poder creer en ella.

Todo parecía normal, que iba viento en popa, hasta que... hace menos de un mes volvió a jugármela de la "misma" manera.

La vez anterior llegó a consumar la infidelidad porque llegó a enrollarse con el tío (sexo no, pero rollo sí). Y esta vez, aunque no hubo consumación per se de la infidelidad, sí que me estaba engañando de nuevo con otro hombre a través de Facebook.

Lo sé. La primera vez que te la dan no es tu culpa. La segunda... sí.

Visto ahora desde fuera es cuando empiezo a hilar muchas cosas. Y es cuando empiezo a darme cuenta de que ella siempre fue una persona muy enganchada a las redes sociales y a los juegos de tonteo con otros hombres. Juegos que me aseguraba que no eran más que tonterías, que no iban en serio, pero que a mí... me hacían sentir como el culo. Me parecían faltas de respeto contínuo, y así se lo expresé. De modo que ella dejaba, o hacía que dejaba, el tema (pero no por iniciativa propia, sino porque yo le expresaba mi parecer).

Entonces... como podéis ver... he estado con la típica persona que juega a las carreras de relevo: antes de soltar un testigo, ya tiene el siguiente cogido.

No ha hecho ni un mes de este nuevo descubrimiento de infidelidad, pero ella se ha mostrado tan fría, tan distante, tan altiva, tan sin escrúpulos... que lo que me ha venido a demostrar es que todo esto le importa una mierda (y con perdón). No le importa lo que hemos compartido, lo que hemos sido. Nada. A día de hoy no soy más que un desconocido.

Ella, esta segunda vez, intentó escudarse en que no sabe lo que quiere. Pero ya no sólo es que no sepa lo que quiere de una pareja (si es una relación seria o esporádica), no. No sabe ni lo que quiere ella de sí misma, a nivel individual como persona. Y entonces... si uno no sabe lo que quiere, o quién demonios es... ¿cómo va a saberlo con respecto a los demás?

Este hecho, por descontado, no justifica sus actos. Porque hacer lo que ella hace no es más que poner parches a problemas de base que tiene. Sin darse cuenta que catapultarse de forma cíclica a los brazos de un hombre, de otro y de otro, no va a solucionar sus problemas. Es alguien que miente por sisema, es mentirosa compulsiva (hasta para lo más nímio). Por lo que... toda su vida es una farsa en conjunto. Vive una vida virtual, tonteando con unos y con otros, creándose arquetipos de vida falsos y acondicionados a lo que a ella le conviene en el momento. Es, por muy duro que suene, una persona con afán parasitario. Chupa materialmente todo lo que puede de alguien, y luego lo tira y abandona sin el más mínimo remordimiento o escrúpulo. Es alguien que no sabe lo que son los valores y principios ético-morales. Es alguien que, tristemente, no sabe ser persona. No sabe querer, así como tampoco se deja querer. Establece relaciones utilitaristas con todos los que la rodean (sean amigos, familiares o parejas), y nunca es capaz de asumir un mínimo de compromiso con NADA ni NADIE.

Dicho lo cual... y en un intento más de echarla un cable hasta el final del final (que eso por un lado me convierte en buena persona, pero por otro me relega a la posición de imbécil de libro), le dije que iba a pedir el divorcio. Y le dije que lo tomara como una herramienta más para su sanación (ya que dijo que se había dado cuenta, tras esta última infidelidad, de que tiene problemas serios que debe de tratar y que va a ponerse en manos de lo que nunca quiso: un psicólogo). Le dije que ya que supuestamente iba a iniciar una nueva vida, debía hacerlo sin ningún tipo de atadura (ni siquiera aquella que especifica un papel donde pone que estamos casados). Así que... más que por rencor o venganza, le dije de pedir el divorcio para que ella afrontara esta nueva etapa sin sentir que está atada a nada o a nadie. Porque, además... cuando yo la pregunto que por qué demonios se casó conmigo, me dice que porque me hacía ilusión a mí. Que ella no era algo que le ilusionara mucho, pero que lo hizo por mí. En fin... sin comentarios...

Al principio tomó lo del divorcio como algo positivo. Pero... la realidad llegó a los dos días después. De pronto, de la noche a la mañana, se mostró rabiosa conmigo, marcando esa distancia que especifico y que ahora me relega a la posición de completo desonocido para ella. ¿Y era ella la que hablaba de amistad?

La teoría que mis amigos y familiares, asi como yo mismo, mantenemos es sencilla: está rabiosa porque sabe que conmigo se le ha acabado el chollo, y que si lo que tiene ahora con quien sea que chatea no le sale bien... se queda sola. O al menos no tiene al imbécil de Madrid para que le de todo lo que hasta ahora le venía dando encantado.

Es curioso... su propia familia me ha escrito, me ha hablado, y me han dicho todos lo mismo: "Lo sentimos mucho, no te mereces esto. Pero vete con la conciencia tranquila, porque nada de esto es culpa tuya. Tu siempre te has desvivido y has dado todo por ella, y más no se te puede pedir. Lo has dado todo, aunque ahora no haya sido más que para que recibas este trato injusto".

Por lo tanto... la conciencia la tengo MUY tranquila. Pero como es de entender... el orgullo y la autoestima están muy dañados.

Y doy gracias a que en menos de un mes ella se haya desmarcado con este nuevo trato de indiferencia hacía mí donde, además, está adoptando la postura de víctima. La típica postura de quien ha sufrido una marranada como la que ella misma ha hecho. Es decir, parece que es ella la ofendida, a la que la han hecho lo peor del mundo, y a la que le han arrancado de cuajo del pecho el corazón y sus sentimientos. En fin... qué paradoja y cuánta hipocresía...

A pesar de lo duro que es, al menos ella me está dejando claro algo: nunca me quiso ni nunca le importé (salvo para lo material). Y es evidente que nada de lo que ha pasado o de lo que me ha hecho le importa, porque ya anda detrás de otro que le caliente en breves la cama.

No entiendo cómo puede haber gente con tan poca nobleza... No lo entiendo.

En fin... gracias al que haya llegado hasta el final de esta parrafada. Y, no sé... si alguien tiene algún consejo u opnión, será agradecida de corazón.

Gracias y un saludo.
 
 


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